viernes, 22 de diciembre de 2023

"La vida cotidiana en el mundo rural de la Nueva Galicia (1776-1810)" Parte 2 de 3

Defensores y colonizadores de la frontera norte de Nueva Galicia

Las negociaciones entre el gobierno virreinal y los indios principales de Tlaxcala para el envío de 400 familias destinadas a establecer una serie de asentamientos en la zona chichimeca, iniciaron a finales de 1590 y no culminaron sino hasta tres meses después, cuando el Virrey Luis de Velasco hijo firmó, el 14 de marzo de 1591, las capitulaciones con los tlaxcaltecas, las cuales señalan:

[...] que todos los indios que fuesen de la ciudad de Tlaxcala a poblar de nuevo con los dichos chichimecas sean ellos y sus descendientes perpetuamente hidalgos [además, que sean] libres de tributo, y servicio personal [y que] las tierras, pastos, montes, ríos, pesquerías, molinos y otros géneros de hacienda estén señaladas a cada parte [además] que las tierras y estancias que se les diesen y repartiesen a los tlaxcaltecas así de particulares, como para comunidad no se les pueda quitar por despobladas [y] que los indios principales de la dicha ciudad [de Tlaxcala], que fueren a la población y sus descendientes puedan tener y traer armas, y andar a caballo ensillado sin incurrir en pena, y para hacer el viaje se les dé bastimento y ropa.

En la negociación para el otorgamiento de dichas prerrogativas cumplieron una notoria función mediadora los frailes franciscanos de la provincia de Tlaxcala, principalmente Fray Gerónimo de Mendieta, entonces guardián del convento de la ciudad de Tlaxcala. La intención era establecer ocho poblaciones de inmigrantes tlaxcaltecas en el camino de Tierra Adentro que se formarían a partir de una población mixta, tlaxcalteca y chichimeca; los tlaxcaltecas actuarían como "madrineros", es decir, como ejemplo de obediencia y cristiandad, según Cecilia Sheridan.

Eugene Sego subraya que las cualidades de los tlaxcaltecas eran por demás conocidas y apreciadas por los europeos, puesto que eran hábiles guerreros, de valentía indomable, de una lealtad comprobada, industriosos, sedentarios, agricultores, ahorrativos, regidos por estrictos códigos morales.

El Virrey sabía que los de Tlaxcala eran la solución para lograr finalmente la pacificación de la zona chichimeca y, por tanto, no escatimó las condiciones que éstos habían exigido para ir a la frontera, puesto que sin su ayuda no se lograría incorporar a los "indios bárbaros" al sistema español.

No obstante, hubo quienes se mostraron escépticos y desconfiados de dicho proyecto, tal fue el caso del propio Mendieta, quien tenía una relación estrecha con los tlaxcaltecas, por lo que "le desagradaba ver a sus amados tlaxcaltecas expuestos a los probables peligros de vivir entre pueblos tan bárbaros como los chichimecas", afirma Powell. El Fraile Mendieta no se equivocó del todo, pues ciertamente a la postre hubo noticias de que los chichimecas prácticamente habían acabado con una población tlaxcalteca en el norte novohispano.

Asimismo, intervino en dichas negociaciones el Capitán Miguel Caldera, un soldado mestizo hijo de padre español y madre guachichil. Sego destaca que Caldera puso todo su empeño en tal empresa, pues tenía la intención de ser nombrado alcalde mayor de una gran parte del territorio chichimeca, cargo que le fue concedido por el Virrey Velasco por la confianza que le tenía.

El Virrey Luis de Velasco sabía que Caldera gozaba de gran prestigio y respeto en la región chichimeca, por lo que decidió otorgarle el título de Capitán Protector y Justicia Mayor de las Fronteras de Colotlán y Sierra de Tepeque. Luis de Velasco llegó a la conclusión de que Caldera, siendo un individuo que tenía sangre mestiza, sería el indicado para tan importante cargo, puesto que conocía ambos mundos, el español y el chichimeca.

Por su parte, Juan Carlos Ruiz señala que Miguel Caldera no fue el puente hacia la paz con los nómadas, como han destacado los especialistas del tema, sino un soldado al servicio de la Corona interesado en crear las condiciones apropiadas de la dominación del territorio de frontera, situación necesaria para su aprovechamiento.

Coincidimos con la postura de Ruiz, en el sentido de que en el gobierno virreinal existía la urgencia de acceder a los metales preciosos localizados de la región norte, pues de ello dependía el sostenimiento del propio sistema colonial. Por tal razón, no importó quién o quiénes se vieran perjudicados con dicha medida.

Por ello, podemos decir que la negociación y firma de las capitulaciones da cuenta de la naturaleza jurídica y política del proceso de colonización emprendido hacia el septentrión novohispano a partir de 1591. Asimismo, debe tenerse en consideración que la presencia tlaxcalteca en el norte no se limitó a la fundación de las colonias originales de 1591, donde destacan casos exitosos como San Luis de Colotlán -en el actual norte de Jalisco-, el de San Esteban de la Nueva Tlaxcala -en Saltillo-, donde los tlaxcaltecas defendieron por mucho tiempo el estado noble que la Corona les otorgó por su apoyo vehemente para conquistar la región de Coahuila, -según lo traducido de Patricia Martínez-, o el pueblo de Santa María de las Parras -en La Laguna-; sino que fue un proceso de expansión que se prolongó a lo largo de los siglos XVII al XVIII y territorialmente abarcó los actuales estados de San Luis Potosí, Zacatecas, Durango, Jalisco, Nuevo León, Coahuila y en territorio estadunidense Texas y Nuevo México.

María Isabel Monroy y Tomás Calvillo señalan que mientras los tlaxcaltecas estaban dispersándose rumbo a sus nuevos asentamientos en la frontera chichimeca, fueron incorporados al proceso de proveeduría del Rey. En la Caja Real de Zacatecas, el 16 de septiembre de 1591 el jefe Abastecedor de la Frontera, Antonio López de Zepeda, recibió mil pesos para comprar carretas, bueyes, arados y otras cosas para los nuevos colonos. Trompetas, chirimías y flautas les fueron enviadas para sus ceremonias y diversiones; también recibieron por lo menos 4.500 ovejas, miles de cuchillos de carnicero, agujas de zapatero y pagos de la tesorería real para la construcción de casas. Y aun después del tiempo estipulado en su carta de privilegios, contaron ayuda real siempre que tuvieron dificultades.

Empero, la tarea asignada a los tlaxcaltecas como "madrineros", según Sheridan, continuó siendo fortalecida con la presencia de los franciscanos, pues para el año de 1678 se reportó la existencia de una doctrina activa conformada de tres poblaciones de indios chichimecas llamadas Nuestra Señora de Guadalupe, Santa Rosa y San Ildefonso (Coahuila), y en la provincia de Zacatecas se documentaron tres doctrinas con dos pueblos de indios, muy probablemente de origen chichimeca. Además, que, cinco o seis años atrás se habían establecido las doctrinas llamadas Santa Teresa del Alamillo y Casas Grandes (Chihuahua), con pueblos de indios chichimecas, donde los frailes doctrineros vivían con mucha pobreza y sin estipendio alguno.

Así las cosas, una vez conformes ambas partes y no habiendo más qué organizar y negociar, en los primeros días junio de 1591, dio inicio el éxodo de los primeros colonos, quienes salieron del Ex Convento de Nuestra Señora de las Nieves de Totolac en Tlaxcala. Para el 6 de julio, la caravana tlaxcalteca había llegado al río San Juan, a mitad del camino entre Jilotepec y el centro otomí de Querétaro; mientras acampaban allí, se levantó un padrón, el cual arrojó que esta primera oleada de colonos estuvo conformada por 932 tlaxcaltecas, procedentes de los señoríos de Quiahuistlán, Ocotelolco, Tiztlán y Tepetícpac. Del total del grupo 690 eran casados, 187 niños, 55 solteros y viudos; se utilizaron para el viaje cerca de 100 carretas, según Carlos Casas y Renato Haro.

Uno de los grupos que se caracterizó por el éxito en dicha encomienda colonizadora fue el que pertenecía al señorío de Quiahuistlán, con un total de 205 migrantes, de acuerdo con Tomás Martínez; se distinguía, además, por sus famosos capitanes indios quienes eran muy diestros en las artes de la guerra, y fue con este grupo con el que, el 21 de agosto de 1591, se fundó el poblado de Colotlán con cien familias tlaxcaltecas.

"La vida cotidiana en el mundo rural de la Nueva Galicia (1776-1810)" Parte 1 de 3

Esta es una serie de narraciones, tomadas de distintas fuentes, que explican la vida de esta región al norte de Jalisco y alrededores, antes de la fundación del pueblo, espero sea de su agrado.

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Un territorio indómito: el norte de la Nueva Galicia (1540-1590)

En las diferentes crónicas que existen sobre la conquista de la ciudad de México Tenochtitlán, se destaca la celeridad con que Hernán Cortés logró llevarla a cabo (1519-1521). Una de las razones por la cual los estudiosos del período consideran que los españoles pudieron realizarla en tan poco tiempo es porque éstos se enfrentaron con un Imperio altamente centralizado, lo que provocó que los territorios que se encontraban bajo su control, sucumbieran de manera casi simultánea. Sin embargo, difícilmente se hubiera realizado sin el apoyo de los indios de Tlaxcala, quienes por mucho tiempo habían opuesto recia resistencia a la supremacía del imperio azteca. Ellos creyeron que al dar su apoyo a los recién llegados podían tener la oportunidad de terminar con el dominio del emperador Moctezuma. La alianza que establecieron los españoles y los tlaxcaltecas para terminar con el imperio azteca se prolongó durante mucho tiempo, lo que les permitió realizar de manera conjunta una serie de conquistas.

Una de ellas fue la que realizó a fines de 1529, el entonces presidente de la Real Audiencia de México y gobernador de la provincia del Pánuco Nuño Beltrán de Guzmán, -aprovechando la ausencia del conquistador Cortés- en el occidente de Nueva España, con la finalidad de crear una entidad que abarcara desde el Golfo de México hasta el oeste, en la Mar del Sur, donde Nuño de Guzmán sería el único e indiscutible gobernante. Para llevar a cabo dicha acción, el propio Nuño informó al monarca español que se valió de "siete u ocho mil indios amigos [para] descubrir la tierra y conquistar la provincia de los Tebles-Chichimecas", según lo informa José Luis Razo.

Las fuentes dan cuenta de que durante los diversos enfrentamientos que Nuño tuvo en su camino hacia el occidente novohispano, hubo pérdidas significativas en su bando, debido a la resistencia que pusieron los "indios de guerra" a ser sometidos. Incluso se lamentaba de la muerte de Diego Núñez, médico y cirujano de su ejército y de otros soldados españoles e indios aliados como fue el caso de Tapia "indio señor de México, quien murió flechado". Empero, la muerte no venía únicamente como consecuencia de las heridas ocasionadas al calor de la batalla sino también por enfermedades que padecían ciertos soldados de Nuño. Asimismo, podía ocurrir por equivocación, ya que algunos indios amigos murieron de manos de los españoles al ser confundidos con "indios bárbaros".

El proyecto de conformar una amplia jurisdicción nunca llegó a realizarse porque la Corona española se dio cuenta de lo peligroso que sería para sus intereses el que Nuño gobernase de costa a costa, pues ya se había tenido la experiencia con Hernán Cortés a quien se le limitó el poder al crearse la primera Audiencia de México; por tal motivo se ordenó al conquistador Nuño mediante la Real Cédula de 20 de abril de 1533 que no se nombrase gobernador de la provincia de Pánuco sino sólo del Reino de Nueva Galicia.

No obstante, consideramos que la Corona tomó tal decisión porque Nuño no pudo comprobar que en el occidente novohispano existían riquezas similares a las que el propio Cortés ofreció al monarca español de forma inmediata (oro, plata, artículos suntuarios de plumería, de turquesa, entre otros). Los testimonios de Nuño van en el sentido de la posibilidad de localizar ricas minas de oro y plata, y que los objetos elaborados con dichos metales -brazaletes, cintas, o "guanines"- que los indígenas sometidos le entregaban de forma voluntaria o les eran arrebatados, eran escasos y, algunos, de poco valor.

Sin embargo, la presencia de Nuño en la región novogalaica fue breve, puesto que el gobierno español lo depuso de su cargo de gobernador en 1537, por las noticias que recibió sobre abuso de autoridad, de acuerdo con Bernal Díaz del Castillo. Se le acusaba de haber herrado y vendido como esclavos a muchos indios "haciendo tal barata de ellos, que daba ochenta indios por una yegua, y uno solo por un queso", afirma Antonio Tello.

En lugar de Nuño quedó como gobernador interino el capitán Cristóbal de Oñate. Al igual que Nuño de Guzmán, Oñate vio la conquista de Nueva Galicia como un negocio, pues invirtió grandes cantidades de dinero en dicha empresa, al costear los gastos del mantenimiento de más de treinta soldados, criados y caballos por tres años, así lo manifestaba uno de los soldados que lo acompañó desde la ciudad de México al occidente. De tal manera que durante los primeros años del gobierno de Oñate fueron llegando nuevas oleadas de españoles en busca de riquezas, debido a que se había difundido la noticia del descubrimiento de ricas minas de plata en la zona norte.

Dicha noticia se difundió rápidamente debido a que un grupo de soldados que participaron junto al propio Oñate en la Guerra del Mixtón (1541-1542), se percataron de que indios de la zona de Zacatecas habían entregado a Oñate un objeto de plata, lo cual aumentó el deseo de los conquistadores por apropiarse del territorio. Ello tuvo un precio, el propio Oñate fue herido en la batalla del Mixtón, lo que lo puso al borde de la muerte. Para su recuperación debió hacer traer a Guadalajara, desde la ciudad de México, un médico de apellido Núñez a quien Oñate entregó "mucha cantidad de pesos oro" por sus servicios.

Para 1540, la gran mayoría de los pueblos de lo que hoy es el norte del Estado de Jalisco estaban pacificados y eran doctrinas franciscanas, pero hasta ellos llegaron noticias de indios mensajeros de la Sierra de Tepec (Sierra de Bolaños) del maltrato que recibían -al igual que ellos- sus hermanos de raza en otras regiones, por lo que decidieron alejarse de los religiosos y volver a ser libres, según Carlos Casas y Renato Haro.

Los indios sublevados comenzaron a atacar cuanto poblado pacífico se encontraban, incluida "la errante Guadalajara". En un principio, la balanza se inclinó a favor de los chichimecas, quienes vieron muy próxima su victoria sobre los españoles, puesto que conocían mejor el terreno. Sin embargo, la superioridad bélica de los españoles estaba muy por encima de los indios sublevados.

La Guerra del Mixtón, sin duda dejó una huella indeleble en la memoria de los grupos beligerantes, por lo que no se desvaneció el temor de que hubiera a la postre posibles enfrentamientos entre uno u otro bando, tal y como lo afirma Philippe Powell.

En el norte novogalaico se localizaba parte de la región que fue conocida durante el periodo colonial como La Gran Chichimeca, un vasto territorio donde habitaban grupos indios conocidos de forma general como chichimecas, quienes tenían una cultura distinta a la de los indios del centro del virreinato, pues se caracterizaban por ser cazadores-recolectores con un estilo de vida nómada o seminómada.

Estudiosos de dicha zona, como Andrés Fábregas, afirman que la complejidad de La Gran Chichimeca radica precisamente en dicho estilo de vida, con todas las implicaciones de la movilización constante. En ese sentido, se puede decir que el nomadismo chichimeca fue un vagabundeo errático, sin ruta preestablecida, ni la idea clara de buscar un lugar definitivo donde asentarse. Motivados por el hambre, la sed o el acoso de un grupo rival, los chichimecas se veían obligados a abandonar constantemente los sitios en que se asentaban. Inmersos en una subsistencia básica, habitaron las cuevas o los sitios rocosos que encontraban a su paso, donde podían protegerse mejor de las fieras y de los vientos helados. El enorme territorio en el que estas tribus se desplazaban era la tierra semidesértica y agreste de la meseta del norte de México que se extiende desde el sudoeste de Estados Unidos hasta alcanzar las regiones fértiles de la cuenca del Bajío mexicano.

Por tal razón, la vida de los chichimecas transcurría en condiciones precarias y en grupos muy restringidos pero sustentados en la existencia de una comunidad de la pareja. Las relaciones cotidianas cara a cara, los lazos de parentesco y la igualdad de los recursos de poder eran la base de sus interacciones sociales, según Laura Ibarra.

Ibarra señala que algunos cronistas del siglo XVI se refieren a estos grupos humanos como comunidades ágrafas, carentes de liderazgos significativos que les permitiera mantener el control de grandes extensiones de tierra y de individuos. Sociedades con una estructura igualitaria donde el potencial del poder era compartido entre los hombres integrantes de las tribus. Dicha distribución les permitió construir una estructura igualitaria. En la sociedad chichimeca todo varón tiene un acceso libre a los recursos económicos. Todos los hombres de dicho colectivo de cazadores y recolectores tienen un acceso igual a las fuentes de subsistencia.

Éstos fueron los grupos humanos con los que los españoles se encontraron al momento de arribar a la zona norte en busca de metales preciosos en la segunda mitad del XVI. Dicha búsqueda se vio recompensada ampliamente, pues se dieron cuenta que en las entrañas del subsuelo existían ricos yacimientos de oro y plata, por lo que expulsaron de dicho territorio a los indios chichimecas, quienes prestaron fuerte oposición.

El descubrimiento de las ricas minas argentíferas en 1546, en lo que sería la ciudad de Zacatecas, por parte de una expedición bajo el mando de Juan de Tolosa, originó un nuevo conflicto entre los chichimecas y los europeos a partir de 1550, la ya mencionada Guerra Chichimeca, por el despojo de tierras que de nueva cuenta realizaron los españoles en su avanzada.

A pesar de que Zacatecas formaba parte de la Gran Chichimeca y de los riesgos que esto implicaba para los españoles, la ambición por la riqueza fue mayor y no se detuvieron en su avance hacía dicha zona. El éxito de las minas fue espectacular y en un par de años Zacatecas presentaba el aspecto de un pueblo próspero y con gran actividad comercial, lo cual hizo que los problemas entre chichimecas y españoles se agudizaran más aún. Un buen número de mineros, rancheros y colonos se trasladaron a la región. Esta migración trajo como consecuencia que se fundaran una serie de poblados mineros y ranchos aislados que resultaron ser un blanco tentador para los chichimecas. El tránsito por los caminos que iban de Zacatecas a la ciudad de México fue muy peligroso por los constantes ataques de los indios norteños.

La cristianización fue la medida tomada por la Corona para terminar de apaciguar a "los indios bárbaros", labor que desempeñaron los frailes franciscanos en los escasos conventos fundados en las tierras que les habían arrebatado a los chichimecas como fue el caso del convento de Juchipila, Zacatecas. No obstante, de poco sirvieron las congregaciones de los franciscanos, pues los ataques de los chichimecas se intensificaron de manera considerable, aumentaron los robos y los asesinatos en varias zonas de la región.

Ante el poco éxito de estos frailes, el virrey Conde de Monterrey sugirió al Rey de España en 1572 comisionar a la Compañía de Jesús la conversión de los "bárbaros", porque estos padres, a su parecer, eran buenos en religión y letras, lo cual era una ventaja con respecto a los de San Francisco, principalmente en su habilidad para aprender lenguas tan complicadas como la de los "tepequa, guachichiles y de los pami". Empero, dicha propuesta por el momento quedó pendiente, pues los franciscanos continuaron por algún tiempo más como los encargados de la evangelización de los indios pacificados.

Por ello, Luis González y González afirma que la unificación cultural de la región en occidente fue hechura de clérigos: franciscanos, dominicos, jesuitas, carmelitas o mercedarios. Asimismo, los hombres de hábito y sotana fueron los principales difusores del idioma español, lo que ocasionó la pérdida paulatina de quince lenguas nativas originarias, entre las que se encontraban: el pame, el zacateco, el guachichil, entre otros. Las consecuencias de dicha pérdida son inconmensurables.

La historia de la dominación española sobre los distintos territorios novohispanos nos muestra que hubo destrucciones culturales irremediables, como en el caso de los grupos chichimecas que se perdió mucho de su cultura no tanto por la guerra, pues también perecieron muchos españoles, sino por las prácticas que la nueva religión les acabó por implantar (imposición de la cruz y la adoración de un nuevo Dios).

Desde el momento de la llegada de los franciscanos a estas tierras, se percataron de la capacidad e inteligencia que poseían los indígenas. Por tanto, decidieron que la evangelización de los naturales podría ser llevada a cabo mediante el auxilio de símbolos gráficos a los cuales los frailes les atribuyeron efectos sobrenaturales, es decir capaces de obrar milagros. Pero que, además, por sí solos expresaban el significado y contenido de la nueva religión. Es decir, la imagen vista como el vehículo de todos los poderes y de todas las vivencias, afirma Serge Gruzinski.

La idolatría no cristiana es lo que los españoles y, principalmente, los clérigos se propusieron combatir mediante la evangelización de los indios chichimecas pacificados y congregados en pueblos. Tal fue el caso de fray Andrés Olmos, quien en el año de 1556 informaba al monarca español del proceso de evangelización de un grupo de chichimecas de la región de Tamaulipas.

De tal manera, el desacoplamiento de lo que Jürgen Habermas denomina mundo de la vida originario -chichimeca- se debió a la introducción de un nuevo mecanismo integral, que para quedar anclado debió ser institucionalizado a través de estatus dominantes como son los funcionarios, los terratenientes, los clérigos y los militares.

Este tipo de métodos y tácticas que tan insistentemente se propusieron llevar a la práctica tanto las autoridades civiles como eclesiásticas, no tenía otro fin más que el de proteger y acceder a las zonas mineras, y asegurar su abasto mediante el resguardo de sus caminos y de su gente. Para tal efecto, era necesario crear un clima de estabilidad en la frontera.

Por lo tanto, dicha estabilidad se convirtió en una necesidad que fue cubierta por el gobierno español a base del diseño de una política de pacificación y colonización. Dentro de estas estrategias estaba la participación de los indios tlaxcaltecas como difusores de la agricultura y la vida sedentaria.

El objetivo principal era lograr que los de Tlaxcala sirvieran de ejemplo a los llamados "indios indómitos", para que aceptaran la religión católica, aprendieran a vivir de forma sedentaria y en paz, adquirieran la costumbre de sembrar la tierra mediante el uso de las técnicas y las herramientas, las cuales los españoles habían proporcionado a los tlaxcaltecas; tal es el caso del arado y el azadón. En pocas palabras, que adoptaran valores y rasgos culturales que los europeos habían trasmitido a los indios aliados y sus familias.

sábado, 16 de diciembre de 2023

Fundación de la hacienda de Tochopa y el Fraile de Santa María de los Ángeles

Foto: Jaime Dávila
Por el año de 1580, D. Lucas Téllez que acompañó a D. Juan de Tolosa en sus expediciones que hizo por estos puntos, formó una hacienda de campo que la llamó Tochopa, ubicada en el barrio que hoy lleva este mismo nombre. 

Aunque los tlaxcaltecas a su venida a Colotlán formaron su asiento en la meseta que se halla donde hoy está la calle de las Pilas, donde pensaron fundar la población, pero mirando que el agua la agarraban muy lejos no permanecieron mucho tiempo, entre tanto Téllez era frecuentemente molestado por los indios, por no tener ningún auxilio que lo protegiera, se fue al pueblo de Santiago, recién fundado por los españoles, quienes trajeron los padres de la orden de San Francisco, para que doctrinaran y bautizaran a los indios que iban conquistando.

Tochopa se convertiría en hacienda y posteriormente en el barrio de los españoles, lo que hoy es la zona norte de la población, todo el territorio alrededor del este y sur de lo que entonces era geografía silvestre, cohabitando con el barrio de Tlaxcala, de los tlaxcaltecas venidos de aquel lugar entre centenario y el rio y los indios locales del barrio de Soyatitán, hoy conocido como Soyatitlán, la hoy Nicolás Bravo hacia el poniente y el margen del rio que se cree anteriormente pasaba entre ambas iglesias de San Nicolás y San Luis Obispo.

Deseaban los padres y conquistadores tener una junta con el jefe de la tribu llamado Ixtláhuatl, a quien lograron hablar por medio de los indios conquistados; y le hablaron los padres de la religión católica, de los deberes que tienen los hombres para con Dios, exhortándolo para que abandonara la creencia de los ídolos, a lo que manifestó Ixtláhuatl buena disposición.

Terminó la entrevista dándole muchos regalos para él y para la tribu, invitándolo para que viniera él y los demás a oír misa que celebrarían en Santiago. Los chichimecas se habían remontado al cerro que se hallaba al norte desde que aparecieron los primeros españoles por estas tierras, desde entonces se le ha llamado a este cerro "El Chichimeco" (Hoy Cerro de Santiago).

Cumplió su palabra Ixtláhuatl, pues a los pocos días vino a conocer lo que era la misa, lo acompañaron ciento y tantos indios de ambos sexos a quienes se les sirvió abundante comida, se celebró la misa en un altar que se puso en el llano y durante la misa hicieron sonar la campanilla para el Santus, se asustaron tanto que unos corrieron para el cerro.

Al poco tiempo Ixtláhuatl murió y le sucedió en el mando Colcollazin hombre belicoso y dado a la guerra, que no veía a los españoles ni a sus aliados bien, y comenzó a hostilizarlos y a hacer reuniones con muchos indios, por lo que los españoles pusieron muchas tropas en el frente para contener las incursiones de los indios. 

En una ocasión bajaron los indios en gran número resueltos a acabar con los españoles y sus aliados, sitiaron el Fuerte y otra parte se vino para Santiago a matar a los indios conquistados. Los padres huyeron para Zacatecas, pero fueron perseguidos y alcanzados en un pequeño rancho que hoy le nombran El Fraile, donde les dieron muerte.

Libros de registros históricos con lamentable deterioro

Por: José Alonso Serrano Campos

Patrimonio es un conjunto de bienes que nos llegan de nuestros antepasados, que nosotros utilizamos y que han de pasar a nuestros sucesores, de ser posible, enriquecidos. Dentro del patrimonio cultural, y junto con el patrimonio arquitectónico y folklórico con el que cuenta nuestro pueblo colotlense, encontramos aquél constituido por libros y publicaciones periódicas, así como documentos de archivo, que tienen algún valor histórico para su conservación permanente por el alto grado de importancia que presentan como fuentes de información para la investigación y para la difusión cultural, y que constituyen lo que se ha dado en denominar patrimonio bibliográfico y documental.

La conservación de esos libros en el siglo pasado (XX) implicaba una intervención continua e integral en tres campos de actuación, a saber: el edificio, la guarda de los documentos y el acceso a los mismos. En Colotlán hemos padecido la nula, a veces mala pero lamentablemente la ignorante puesta en marcha de protocolos que hayan permitido preservar, ya no se diga adecuadamente, al menos conservar libros en el archivo municipal, la mayoría nadaba en el sótano del Auditorio Municipal, cuando anteriormente se encontraba atrás del mural de “la conquista”, en un amplio salón.

Muchas de las veces, se desconoce la importancia de los documentos históricos que se resguardan en los archivos civiles, eclesiásticos y privados que hay en nuestro pueblo, pues se les ha conceptualizado como un montón de papeles viejos inservibles, a los que solo los investigadores pueden acceder, porque solo ellos pueden leer e interpretar la información que contienen.

Por una parte, los documentos históricos no son inservibles, al contrario, resguardan muchos datos del pasado del municipio. En la cuestión archivística los documentos históricos resguardan valores secundarios: evidenciales, testimoniales e informativos. 

Por lo cual invitamos a la comunidad e instituciones a que resguarden, organicen, conserven y difundan, los documentos que producen día a día, este escenario es para ustedes...

A continuación un ejemplo de la degradación hecha a un libro en especial, el primero con que cuenta el registro civil de Colotlán, los nacidos en el año de 1874, fechado en enero de ese año, mostramos las páginas más significativas:


Su portada, en perfecto estado, a pesar de 125 años de existir, en su interior la primera hoja muestra un impecable estado de conservación, ambas imágenes fueron tomadas por la sociedad genealógica de México, participó el fotógrafo Juan C Castillejos el 9 de noviembre de 1999.



Actualmente así se encuentra el libro, en la misma hoja, destruida por la manipulación de los últimos 24 años.
Queda entonces esta publicación para la reflexión y que ojalá los gobernantes apuesten más a la conservación de estos documentos.

Breve biografía de Agustín Rivera Márquez


Presidente Municipal de Colotlán de 1928 al 21 de octubre de 1929.

En una de las tantas criptas del panteón de “Guadalupe” en Colotlán, destaca una de las más icónicas donde se lee a detalle: “Aquí yacen los restos del mártir del agrarismo regional: Sr. Agustín Rivera. Los agraristas de la región dedican esta lápida al compañero asesinado por la reacción.”

La autoría de dicho epitafio se cree que fue de la maestra Hermelinda Huizar Gálvez, maestra y directora de la escuela secundaria mixta por cooperación a mediados del siglo pasado, esposa del pastor don Evelio Márquez, una mujer cultivada y comprometida con la causa del agrarismo; hija de Daniel Huizar, un revolucionario villista muerto durante la revolución.

Don Agustín Rivera Márquez nació en septiembre de 1893 en el Carrizal, hijo de Juan Rivera y María Márquez Medina. Creció Agustín a lomo de caballo manejando con gran habilidad el ganado y con destreza las armas de fuego, entre una nutrida parentela de hermanos, tíos, primos y vecinos, todos ellos gente bronca y de muchas agallas.

Su formación educativa fue muy raquítica, apenas suficiente para aprender a leer, contar y escribir. Desde joven tuvo gran liderazgo entre los nuevos de su edad e incluso gente mayor; tenía un gran don de gentes, inteligencia despierta y sentido del humor. Era un joven muy alto, delgado, moreno y bien plantado, con gran aceptación entre las muchachas y muy estimado de sus amigos.

Al estallido de la revolución tenía 16 años y le tocó ver a gente de su comunidad lanzarse a la lucha armada para mejorar las condiciones de vida de la peonada de las haciendas cercanas como la de la Encarnación de don Panchito Moncada y algunas otras; por un salario miserable, que apenas alcanzaba para medio comer. 

Así como Agustín, muchos otros jóvenes, familiares y amigos entre los que estaban los primos Diego, Paco y Primitivo Huizar y los hermanos Medina Pedro y Maximiano, comenzaron a incubar sueños de un mundo más justo y mejor. 

En las rancherías de la región lo mismo que en el Carrizal se propagó la influencia de los pastores protestantes que durante el Porfiriato habían iniciado sus misiones evangélicas, arraigando sus creencias y también muchas de sus ideas económicas y educativas; esta influencia no solo alcanzó a Agustín y sus amigos Paco y Primitivo, sino también a personajes tales como Eusebio Joaquín González, quien se creó entre ellos y también participaría en la revolución, más tarde convirtiéndose en el fundador de la secta religiosa la Luz del Mundo. 

Sin olvidar tampoco a Don Evelio Márquez, uno de los hombres más respetados en nuestra comunidad y quién fuera también un resuelto propugnador del reparto de tierras, la religión evangélica y la educación.

"Don Agustín Rivera era un hombre completamente analfabeto, pero tenía un porte de señor que había de ver. Tenía sus trajes bien hechos y siempre andaba con su texana. Claro que lo mangoneaba el agrarismo, que andaba todo levantado. Por eso lo mataron, lo mató un carcelero que dizque se quería fugar, puras mentiras, lo mataron porque lo querían matar. 

Firma de Agustín Rivera en 1928

A él se le ocurrió levantar el edificio de la presidencia que estaba en ruinas, cogió todas las lápidas de San Nicolás para construirlo. Dicen que la cara de las lápidas con los nombres de los muertos quedó para adentro. A Agustín Rivera lo mataron en la presidencia, así como mataron también a los sacerdotes, él fue el que desbarató el panteón allá arriba en el Seguro para hacer la presidencia. Eran puras estatuas de cantera las que tenían los viejos aquellos ricos. En cuanto acabó la presidencia ahí lo mataron. (en declaraciones de testigos de la época se contradicen entre las lápidas de San Nicolás y las del panteón donde actualmente se encuentra la escuela secundaria foránea, ambos fuera de funciones para esa época, pues el actual panteón funciona desde 1899).

Don Agustín a sus 40 años de edad fue asesinado en las escaleras de la antigua Presidencia Municipal, mismo sitio donde se encuentra el actual edificio por la calle Hidalgo, esquina con Independencia, una construcción vieja que fue demolida en los años 70, fue a las 11:30 AM del día 21 de septiembre de 1933 a consecuencia de lesiones producidas por arma de fuego. Hombres lo emboscaron y le tiraron por la espalda en pleno trayecto. Sus restos descansan en el panteón de Guadalupe.

Con información de: Colotlán en llamas.

domingo, 3 de diciembre de 2023

Sellos antiguos de Colotlán

Por: José Alonso Serrano Campos

Los sellos han sido utilizados desde tiempos inmemoriales como una forma de autenticar documentos y garantizar su seguridad. Sin embargo, en Colotlán no siempre se han utilizado, los libros más antiguos carecen de sellos, solamente están hechos a mano con letras preciosas y firmas muy bien trazadas.

A los sellos los estudia la "Filatelia" y es una disciplina fascinante que abarca desde la historia y la cultura hasta la tecnología y la ciencia forense, los primeros sellos conocidos en Colotlán datan de 1873 y a la fecha cada administración municipal ha plasmado sus propios diseños.

Esta herramienta es esencial en muchas áreas de la vida, desde el correo postal hasta la autenticación de documentos importantes, su diseño y fabricación es un proceso minucioso que involucra una variedad de factores, desde la elección de los materiales hasta la impresión y la seguridad. 

Los sellos pueden ser creados en una amplia gama de formas y tamaños, que pueden incluir detalles intrincados como imágenes, textos y los más modernos hasta hologramas o elementos extras de seguridad en su tinta.

Los sellos de Colotlán son importantes, pues quedaron plasmados en los documentos oficiales de su época, garantizandon con ello la autenticidad y validez de los mismos; hoy dia son utilizados por las autoridades competentes para indicar que han revisado y aprobado el documento. Sin un sello, el documento no tendría ningún valor legal... demos pues un recorrido por la historia de los sellos de Colotlán nunca antes contada:


En enero de 1858 el Gobierno del Estado de Jalisco promulgó la Ley Orgánica del Registro Civil, que es reglamentada y ejecutada por el gobernador Jesús Camarena el 2 de marzo de 1858. Sin embargo, en Colotlán no habían libros del Registro Civil, el primero comenzó a registrar hechos en el año de 1873, el primer sello colocado en aquel libro fue a finales del año 1874 con la leyenda "Gobierno público de Colotlán" y la Jefatura Política de la época que utilizó este sello hasta 1878.

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En el año de 1900 en un libro del registro civil de Santa María de los Ángeles aparece este sello que dice "Administración Subal-a del Timbre Colotlán" es el mismo sello que se utlizó desde 1874 el gobierno de Colotlán.
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En 1879 hasta 1886 se utilizó este sello en libros del registro civil y en las actas oficiales de aquella época, aún llenadas a mano y firmas de las autoridades en turno.

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Hermoso el sello de la Jefatura Política del Octavo Cantón en el año 1887.

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En el año 1901, la oficina de Administración de Rentas del Octavo Cantón con cede en Colotlán utilizaba este hermoso sello.

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La Delegación de El Carrizal en 1907 tenía su propio sello para el registro de sus actas del registro civil y de su documentación oficial.

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Sello único para toda la presidencia  de 1921, dice Octavo Cantón de Jalisco.

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En 1922, una vez terminadas las jefaturas políticas, comenzaron los ayuntamientos y asi como ahora tenemos la CONAGO (Confederación Nacional de Gobernadores), en aquellos días había la UNIÓN DE AYUNTAMIENTOS DE TODA LA REPÚBLICA MEXICANA y en lugar del escudo nacional que ahora tenemos, había éste, que obra en el sello motivo de la foto, conocido como el "ÁGUILA JUARISTA".

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Sello de 1924, agregaron una distinción a este sello por pertenecer al Registro Civil.

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En 1925 fue utilizado este sello hasta 1927 para los asuntos oficiales de la época.

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Sello del año 1928 perteneciente a la oficina del Registro Civil.

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La iglesia de San Luis de Colotlán también implementó sellos, este lo plasmaron en un libro parroquial de 1930.

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Seguiremos investigando y recabando testimonios de algunos sellos antiguos y próximamente presentaremos sellos oficiales más recientes de nuestro querido pueblo. Los estamos juntando.


TEMPLO DE SAN NICOLÁS

Por: José Alonso Serrano Campos

Hace tiempo tomé fotos a las reinas de la FENAPI en el atrio de San Nicolás, tras varias tomas me fui a Guadalajara para imprimir en gran formato una de ellas, en el laboratorio de fotografía la chica que me atendió me dijo: Qué bonito lugar ¿Es en Medio Oriente? - No, es en mi pueblo… una foto que tenía de fondo el pórtico de entrada al templo de San Nicolás con un diseño muy peculiar que nunca me había percatado.

Este es el templo de San Nicolás, no es la parroquia, pero ha sido por tradición el más concurrido durante las fiestas patronales que se celebran en Colotlán. Probablemente esto obedezca a los mitos que rodean a la imagen, que se conservan en la respectiva leyenda, refrán y anécdotas populares que aquí daremos cuenta. 

Con respecto a su arquitectura, es un templo de dimensiones medianas, podemos expresar que es discretamente sobria. De entrada, aparece un pórtico de cantera sin labrados, inmediatos a éste, delimitando el espacio, aparecen catorce pilares cuadrados, también de cantera, aunque sin labrar.

En el atrio subsisten dos tumbas antiguas del antiguo panteón ubicado en el atrio, según datos grabados una de ellas la dedica un viudo a la esposa y la otra sólo dice "Familia del Real". Elaboradas ambas de cantera, aún conservan visibles las figuras trabajadas con más belleza y cuidado que el pórtico y entrada al templo. A pesar del deterioro, se puede afirmar que son parte de la riqueza arquitectónica de este lugar.

La fachada del templo es bastante rústica, tiene dos niveles enmarcados en cantera sobrepuesta. En la parte central un vitral colocado a manera de puerta que luce espectacular a la altura del coro. En la parte más alta está la imagen de San Nicolás que se ve muy deteriorada. Sobre el techo aparece el campanario en tres niveles, tiene dos campanas de diferente tamaño. Un poco más atrás está la cúpula de poca altura y dimensión.

Por dentro es muy sencilla, de una nave y dos cruceros de mediana altura. Sólo destacan en la parte más alta de los muros unas guías de vid. Recientemente se pintaron unos murales en las esquinas que forma el espacio entre la cúpula y los arcos que la sostienen. La cúpula de poca altura está rodeada por ventanas medianas. El altar está hecho de cantera y en dos niveles. A decir verdad, lo que enriquece a este sitio es más la tradición religiosa que la propia arquitectura.

En los costados del templo hay dos casas habitación, una muy bonita y amplia donde vive el Señor Cura en turno, en el otro extremo está la casa del padre, el que también en turno le hace las veces de apoyo en la iglesia.

A la orilla del atrio existe una serie de salones y baños, actualmente utilizados para múltiples reuniones de los grupos de la iglesia como Jornadas, Arcoíris, pláticas matrimoniales, bautizos y de catecismo, sirve para distintas charlas a los diferentes grupos, el salón más grande tiene un pequeño foro para muestras en escena. Estos locales fueron el antiguo jardín de niños del Colegio “Jalisco” a mediados del siglo pasado.

Es el que mayor asistencia registra durante el novenario y fiesta, se realizan misas afuera del templo y cada jueves se adora al santísimo en su interior, recientemente se le ha dado mantenimiento, en ocasiones especiales luce con gran cantidad de flores.

La concurrencia incluye a gente de distintos barrios del lugar, principalmente Soyatitlán y el centro, mucha de los ranchos cercanos y a diferencia de otros novenarios, ahí se hacen presentes los hijos ausentes, que se organizan con suficiente tiempo y presentan ofrendas, es una de las dos ocasiones que se colocan los puestos ambulantes por la calle Basilio Terán, la otra ocasión es durante la Feria en mayo.


FIESTA PATRONAL DE SAN NICOLÁS

La fiesta de San Nicolás se ha distinguido de otras por varias razones. una de ellas es la concurrencia que a través de los años ha tenido para el 10 de septiembre. Años atrás se llenaban los mesones con bastante anticipación. Las concentraciones de gente de ranchos se hacían notar más los días 9, 10 y 11 de septiembre.

Entre las tradiciones que han desaparecido está la de bajar la imagen principal el día 9. La intención era que los devotos frotaran la espalda del santo con un manojo de hierbas. Éstas se usaban después como "té curativo para cualquier enfermedad". Se dice que se juntaba en tumulto todo el santuario. Si alguien no lograba llegar con su manojo antes que suban la imagen, le ofrecía una propina al sacristán para que él lo hiciera y garantizar así el remedio infalible.

Otra tradición que hace muchos años se extinguió fue la venta de panecillos, que pretendían representar la imagen del santo, hoy lo hacen con el pan tradicional de chiquihuite. Éstos se daban al dejar la limosna, luego eran guardados como reliquia, hoy solo se bendicen al final de la misa solemne. En algunas ocasiones también se usaban con fines curativos.

Otra de las tradiciones ya desaparecidas y que eran parte de la fiesta consistía en la forma de pagar "la manda". Hoy solo algunas personas mayores lo hacen, bailan con movimientos laterales alternados a ritmo de la tonada propia para tal ocasión:

San Nicolás Tolentino;

del pueblo de Colotlán

ya me hiciste el milagro

ahora te vengo a pagar.

Tantas veces fuera necesario se repetía, para bailar desde la puerta de entrada hasta el pie del altar, en la actualidad le rezan y mueven los pies hacia adelante, pero en el mismo lugar donde adoran al Santo.

Se dice que por muchos años las danzas de pago de mandas eran acompañadas por el golpeo del toncontín (instrumento rústico formado con un tronco hueco que al ser golpeado con dos palitos dejaba escuchar rítmicos sonidos). A finales del siglo pasado una de las danzas lo hacían con Violín. El origen de éste se relaciona directamente con la leyenda popular de San Nicolás, que dice fue traído bailando. Han quedado como recuerdo, entre algunas personas que tuvieron la oportunidad de verlo, algunos versos que, se dice, inspiraron el ritmo:

Desde el tiempo antiguo 

desde el tiempo antiguo

Nomás yo he quedado

nomás yo he quedado

Hasta nuestros días es la fiesta religiosa más sonada, pues logra reunir mucha gente que habiendo nacido aquí, radica afuera. Se organizan año con año y se hacen presentes desde la víspera de la fiesta, de hecho, son los que tienen mayor parte activa en todo el decenario. Suelen también presentar ofrenda económica recolectada entre otros coterráneos, a quienes no es posible asistir.

Algo más que se ha distinguido a esta fecha, es la venta de coyautes, fruto silvestre cocido en hornos de tierra. Ningún otro día del año se puede saborear dicho fruto, cuya preparación también forma parte de una tradición heredada de padres a hijos. Los actuales vendedores señalan que la recolección, cocción y venta les ha sido enseñada del siglo pasado y que el único lugar donde se hallan buenos coyautes es en lo alto de Totatiche. municipio vecino de Colotlán.

Cerillos de la tienda de Pascual Rodríguez

 Por: José Alonso Serrano Campos Pascual Rodríguez Leaños nació el 9 de diciembre de 1875 en el rancho del Carrizal, municipio de Colotlán, ...