viernes, 10 de abril de 2026

Sabrosa la cena de Colotlán

Por: José Alonso Serrano Campos

Desde que tengo recuerdos, la tradición de ir a cenar a algún lugar del pueblo ha sido parte de la agenda de muchos colotlenses que gustan de salir de casa para probar algo rico de la gastronomía local.

Uno de los mayores placeres de Colotlán, Jalisco es su comida y muy en especial la cena, en censos recientes se han contabilizado cerca de 80 lugares donde ofrecen antojitos mexicanos como las gorditas, tacos dorados, flautas, enchiladas, sopes, carne seca y curtido, entre otras exquisiteces.

¿Qué tienen de diferente las cenadurías si todas venden gordas y tacos dorados? Pues va más allá de una simple respuesta de técnica y sazón, todo el contexto sirve para dar una experiencia de gusto al paladar, convivir, platicar, pasar el rato y disfrutar de la cena entre mesas llenas de comensales.

Las cenadurías en Colotlán tienen más de 50 años de historia, son una tradición que destaca por la elaboración artesanal de tacos y gorditas, pozole en especial los fines de semana y la carne seca en la mayoría de los establecimientos. Estos locales son un pilar económico para muchas familias, en su mayoría ubicados dentro de sus casas, con frecuencia son sabores de la herencia de madres o abuelas.

Aspectos clave de las cenadurías en Colotlán:

Las cenadurías en Colotlán han funcionado tradicionalmente como negocios familiares, donde la consistencia en el sabor y el amor por la cocina local han forjado su reputación a lo largo de décadas, incluso hoy pasando de generación en generación.

Además de los famosos tacos y gorditas doradas, la gastronomía local incluye el uso de ingredientes locales como el orégano, la panela, el queso de rancho, la carne seca y el curtido de orejas, trompa o patitas de puerco, son elementos clave en la oferta de las cenadurías.

Cenadurías como la de Doña Tina, Carmela, Goreti o de Don Fernando han formado parte de la vida cotidiana del centro y barrios de Colotlán, siendo lugares de reunión populares, en el pasado fueron frecuentados por asistentes al cine, a los que paseaban por los portales o en algún barrio como la Normal, la piedra china, el barrio alto, todo esto después de sus actividades.

La cena en Colotlán es descrita como inigualable, y su preparación es considerada un arte que combina técnicas tradicionales de la región, aunque todas contienen carne, chile y maíz, cada una tiene sus propias cantidades, sazón, estilo y presentación, aunque han proliferado cenas como hamburguesas, alitas y pizzas, la tradición se sigue imponiendo.

La tradición culinaria de Colotlán se mantiene como un componente esencial de la identidad del municipio, atrayendo a locales y visitantes por su sazón, incluso ha trascendido sus fronteras a otros lugares de la región, incluso en la unión americana, reflejando la gastronomía de la región norte de Jalisco a todo el mundo.

Cuando exhumaron a Magallanes y Caloca para llevarlos a Totatiche

Les transcribo el acta que tuvo a bien redactar el presbítero José Pilar Quezada Valdés, sucesor de Cristobal Magallanes en Totatiche, cuando en 1933 exhumaron los restos de los mártires en Colotlán, para llevarlos a su destino final en la parroquia de Totatiche, ambos fueron asesinados en 1927, fue toda una odisea y lo que encontraron digno de contar:


ACTA DE EXHUMACIÓN de los restos de los siervos de Dios, Pbros. Don Cristóbal Magallanes y Don Agustín Caloca

En el panteón municipal de la ciudad de Colotlán, a las ocho horas del día veintitrés de agosto de mil novecientos treinta y tres, el que suscribe, cura párroco de Totatiche, habiendo recibido permiso de la Sagrada Mitra de Guadalajara, por rescripto del Excmo. Rvmo. Sr. Obispo Auxiliar y Vicario General Dr. D. José Garibi Rivera, con fecha veintiuno de julio próximo pasado, acompañado de los señores sacerdotes Julián Hernández C., vicario fijo de Temastián, J. Cruz Arellano, vicario cooperador de la parroquia de El Salitre de Guadalupe, procedió a la exhumación de los restos de los Sres. presbí¬teros Cristóbal Magallanes y Agustín Caloca, presentada que fue la orden del presidente municipal de Colotlán para el Sr. Salvador Ortega, encargado del panteón, a fin de permitir la excavación. Estuvieron, ade¬más, presentes los Sres. Gorgonio Magallanes, hermano del Sr. Cura Magallanes, y Miguel Valdés, vecinos de Totatiche, el Sr. J. Jesús Loera, sepulturero que fue por el año de mil novecientos veintisiete, y actualmente vecino en el rancho de El Zapote, don Celestino Miramontes, vecino de Acaponeta (estos dos últimos señores presenciaron y ayudaron a la sepultura de los Padres), los señores albañiles Felipe Martínez y Pedro Núñez, vecinos también de Totatiche, y otras muchas personas; algunas de las cuales decían haber tomado parte también en el sepelio de los dichos Padres.

Por las excavaciones hechas el día anterior, se comprobó lo que ya, desde el principio, había dicho el Sr. J. Jesús Loera, que las lápidas habían sido erróneamente colocadas en otros sepulcros; pero habiendo indicado el lugar preciso, se empezó por excavar en el sepulcro del Sr. Cura, y pronto se encontró su cadáver y se identificó perfectamente bien: a poca profundidad de la fosa, la caja chica que no se pudo cerrar por los zapatos; y sobre todo, plenamente convencía y no daba lugar a duda el calendario arquidiocesano, registrado en la página correspondiente a la fiesta de la Ascensión del Señor, en cuyas primeras vísperas murieron los Padres.

Juntamente con el directorio eclesiástico estaba un número de «El Rosario», periodiquito que editaba el mismo Sr. Cura. Cuando salió el cráneo, luego fue reconocido por todos los presentes: la mandíbula inferior con los dientes un poco entrados. El cráneo estaba perforado por el tiro de gracia, que penetró por la órbita del ojo izquierdo y salió por el occipital. Dentro se encontraron dos fragmentos del blindado de las balas explosivas. Nada de ropa interior, sólo se conservó lo que era de lana o seda, como el chaleco y el saco. Dos crucifijos y un rosario engarzado en seda. Tanto los huesos como la ropa que salió dentro del lodo fueron lavados y secados; se colocaron dentro de una caja de lámina, y ésta dentro de otra de cedro, llevadas para el objeto.

A las once y media, se dio por terminada la exhumación de los restos del Sr. Cura MagalIanes, y acto continuo se abrió el sepulcro del Padre Caloca. Como lo había indicado uno de los que presenciaron la sepultura, el Padre Caloca estaba colocado al revés de como es costumbre sepultar en esa mitad del cementerio, con la cabeza para el sur. Igualmente, primero aparecieron los zapatos, en posición forzada, por la estrechez de la caja. El cráneo casi deshecho por el tiro de gracia que entró por la parte posterior y salió por la cara. Esta fosa tenía agua, y nada se conservó de ropa fuera de un escapulario grande, con cuatro punturas con fragmentos como de las mismas balas explosivas. Bien conservados el cinto y los zapatos de cuero, los broches y elásticos de los tirantes y ligas de los calcetines; una imagencita de papel del Buen Pastor, conservada entre dos vidrios de un espejo de su bolsillo. Un crucifijo de metal muy oxidado y separado de la cruz. Ya entonces, el Padre Hernández, notó que había un pedazo de carne sin corromper, que parecía ser el corazón. Todo se colocó en una urna respectiva. El barro, donde se ponían huesos u objetos pequeños, se depositó en cajas distintas, lo mismo que la madera de las cajas. Los sepulcros se volvieron a llenar, dando por terminado el acto a las dos de la tarde, en los momentos que llegaba un fuerte aguacero.

Del cementerio fueron conducidas las cajas a la casa de don Celestino Miramontes, allá mismo en Acaponeta, vigiladas por los señores presbíteros Julián Hernández y J. Cruz Arellano; y entre tres y cuatro de la tarde, a bordo de un coche, gentilmente ofrecido por el Sr. D. Manuel Jara, hijo de la parroquia de Totatiche, fueron llevadas las urnas a Cartagena, a donde llegaron como a las seis de la tarde, debido al mal camino, por una tormenta que acababa de pasar. Sin pérdida de tiempo, por temor a que el río creciese de un momento a otro, dos de los vecinos de este rancho pasaron las urnas de los Padres, escoltados por otros muchos de los más expertos nadadores mientras que los señores sacerdotes y demás acompañantes éramos pasados en una balsa.

Con cohetes, repiques y procesionalmente con velas en la mano, casi todos los vecinos del rancho acompañaron las urnas a la capilla de San Antonio de Padua, adornada de luto. Después del rosario cantado, las señoras velaron hasta las diez de la noche, y, de esa hora en adelante, los señores, bajo la dirección de don Domingo Hernández y Cecilia Díaz, hicieron guardia toda la noche. Al día siguiente, veinticuatro de agosto, fecha en que estaban citados los fieles de la parroquia, para acompañar los restos de sus amados sacerdotes (llamados santos mártires) a la cabecera, después de la última misa, que fue a las ocho, previa una llamadita los sacerdotes tomamos las urnas, e iniciamos la marcha, sin esperar a que se acabase de reunir la gente por temor a la lluvia que amenazaba.

Pronto se hizo la procesión interminable, por gente que llegaba de Totatiche, o salía de los ranchos. La banda de música los saludó, al salir del rancho de Cartagena, y poco después llegaron el señor Cura de Bolaños, Pbro. J. Ángel Valdés, y los presbíteros J. Jesús Becerra y Luis Álvarez y los alumnos del Seminario y una inmensa muchedumbre, que difícilmente se movía, cubriendo un trayecto del camino como de cinco o más kilómetros.

Abría la marcha una columna de los de a caballo, de cinco en fondo; seguía la banda de música, luego las señoras rezando y cantando, y luego los señores, que pugnaban por llevar las urnas, aunque fuera por un brevísimo turno, los cohetes y las campanas, pausadas y solemnes, con dos horas de anticipación anunciaban que se acercaba la procesión. El Sr. presbítero Bonifacio Martínez, a cuyo cargo había quedado el adorno y compostura del templo parroquial, después de dejar todo preparado, salió a encontrarnos a la cumbre de La Boquilla, y ya para entrar al pueblo, los sacerdotes y algunos seminaristas nos adelantamos para revestirnos y esperar, a la puerta del templo, mientras que el Padre Hernández dirigía la marcha, entorpecida por la gente misma que había llenado las calles, la plaza y el templo.

Después del salmo, los sacerdotes tomaron las urnas y las llevaron, de la puerta de la iglesia, al catafalco, que con delicado gusto y sobriedad, se levantaba bajo la cúpula, enlutada, como las demás bóvedas del templo, con enormes pabellones de luto. Un sentimiento muy hondo y extraño embargaba todos los corazones, y, después de un grito espontáneo y unánime «Viva nuestro Señor Cura Magallanes» «¡Vivan nuestros Mártires!», siguió un momento de llanto sofocado y en extremo conmovedor. Después del responsorio, los sacerdotes se retiraron a la sacristía. Los seminaristas, con sotana, sin cota, hicieron guardia hasta las ocho de la noche, y, desde esa hora, el señor Alfredo Vázquez del Mercado organizó varios turnos entre las personas más connotadas del lugar hasta las diez y media de la noche. A esta hora, y presentes los señores presbíteros J. Jesús Alba, párroco de El Salitre de Guadalupe, J. Ángel Valdés, párroco de Bolaños, Julián Hernández Cueva, J. Jesús Becerra, Bonifacio Martínez, J. Cruz Arellano, Luis Álvarez, el que suscribe y los señores J. Cruz del Muro, Ramón Pérez y Cristóbal Magallanes, se procedió a soldar las urnas. Para esto, se pasó la del Señor Cura Magallanes al curato, se sacó de la urna la ropa y demás objetos que se encontraron con el cadáver, y dejando sólo los huesos, se soldó y se llevó a su lugar, para traer la del Padre Caloca, que igualente se revisó y soldó.

Volvió a llamar la atención lo que, a juicio de tantos, parecía un pedazo de carne sin corromperse, que, por su tamaño, por lo musculoso, por lo hueco, bien pudiera ser el corazón. No se le dio importancia al principio, y se supo en qué parte, dentro de los restos del Padre Caloca, se había encontrado. Se echó en un vaso que se colocó dentro de la urna, que se llevó de nuevo al catafalco, y se dio por terminado este reconocimiento.

Toda la noche, permaneció la iglesia llena de fieles cantando y rezando. A las cuatro de la mañana, empezaron las misas, y, después de la última, que fue. solemne, a las nueve treinta -en la cual oficiaron el que suscribe, y los señores párrocos de Villa Guerrero y Bolaños, y predicó el señor presbítero don Bonifacio Martínez, con la asistencia de los demás sacerdotes antes enumerados, y el señor cura de Atolinga -que había llegado un poco antes-, el señor presbítero don Pedro R. Cortés, observando lo prescrito por el Ritual Romano, las urnas fueron llevadas en hombros de sacerdotes, y colocadas en sus gavetas, que habían sido preparadas en el presbiterio, al pie de las columnas delanteras, quedando el Sr. Cura al lado del Evangelio, y el Padre Caloca, al lado de la Epístola. Con esto se dio por terminado el acto, como a las once y media del día.

Por el especial cuidado que se tomó en que nada se extraviase o se mezclase, puede decirse que me consta que en su urna respectiva están sólo y todos los restos y huesos del Sr. Cura Magallanes y del Padre Caloca, excepto lo que pudiera encontrarse en los cajones que contienen la tierra que se sacó de los sepulcros, y que no se revisan todavía. Ciertamente estuvieron dos días sin soldarse las cajas interiores, pero las exteriores de madera se atornillaron y no estuvieron ni un solo momento solas. Día y noche, dos o más personas -sacerdotes o de toda confianza- singularmente encargadas, cuidaron que nadie intentase abrirlas.

Totatiche, 25 de Agosto de 1933.

El Párroco

Pbro. J. Pilar Quezada. (Rúbrica)

Libro de Gobierno núm. 6, folios 98 y ss..



NOTICIA DE LA TRASLACION de los Restos del Sr. Cura D. Cristóbal Magallanes y del Sr. Pbro. Agustín Caloca.

El día 24 de Agosto de 1933 llegaron a este lugar (Totatiche), los restos de los Presbíteros D. Cristóbal Magallanes y D. Agustín Caloca, quienes fueron fusilados en Colotlán, el 25 de mayo de 1927.

En la exhumación se encontró

Del Sr. Cura Magallanes:

Caja negra destruida.

Cráneo conservado, con algo de pelo.

Dentro del cráneo dos fragmentos de bala.

Ropa de lana o seda bien conservada.

El Directorio Eclesiástico del año 1927, registrado en la fecha de la Ascensión con una imagen de la Sma. Virgen.

Un ejemplar del periodiquito «EI Rosario» y otra hoja de periódico.

Los zapatos; tacones de hule sin uso y suela bien conservada.

Un fajo de piel.

Dos crucifijos, una medalla, un rosario engarzado en hilo y el broche de la leontina del reloj.


Del Padre Caloca:

Caja casi deshecha.

Cráneo muy roto por el tiro “de gracia”.

Un escapulario grande de cuatro fracturas y pedacitos de metal.

Zapatos.

Fajo de piel.

Broches y hule de las ataduras y de los tirantes.

Pelo, botones, ropa casi nada.

Un crucifijo.

Un espejo con la imagen de El Buen Pastor.

Un pedazo de carne sin corromper: parece el corazón.


jueves, 9 de abril de 2026

EN COLOTLÁN FUE LA EJECUCIÓN. ENTREVISTA SORPRESA CON UNA TESTIGO

 En una antología de textos de Luis Sandoval Godoy se encuentra esta entrevista a una colotlense sobre los hechos lamentables que dieron muerte a los mártires Magallanes y Caloca, recientemente la familia Iturriaga nos compartió un poster del congreso que hubo en 1940 y que aquí se narra a continuación.

Un apéndice doloroso con el testimonio de una señora de Colotlán que asistió en Totatiche a los actos de 1977, en conmemoración del cincuenta aniversario del sacrificio de nuestros santos mártires. Sus recuerdos contienen los sentimientos, el estupor, la indignación y el luto que ensombreció al vecindario de aquel lugar donde fueron ejecutados los padres santos y cuyo suelo se humedeció y se tiñó de rojo.

La señora vestía de riguroso luto portando mantilla de encaje negro. Dijo que esperaba el camión para regresar a Colotlán, serían las cuatro de la tarde. No hubo el cuidado de registrar su nombre, ni de precisar su lugar de origen. La conversación surgió de manera informal, sin imaginar que su charla traería una relación de sumo interés acerca de la actitud de Colotlán, cincuenta años atrás a la fecha de la entrevista (en 1977, narra los hechos de 1927).

Cristobal Magallanes
Agustín Caloca

Error mayúsculo del entrevistador el no haber tomado nota del nombre de esta persona; o tal vez trató de obtenerlo y por algún motivo no se grabó o descuidadamente borró la cinta en la parte en que se tomaron los datos de identificación de la señora. Los hechos aquí consignados, en su elocuencia, en su emotividad, disculpan la omisión…

(La grabación se hizo de modo informal en la plaza de Totatiche y se pasaron por alto algunos datos de interés histórico) 

    » … Entonces supimos que los habían aprehendido a un lado de Temastián y que ya los habían traído a este lugar. Supimos eso y hubo una alarma en Colotlán, una cosa tremenda del apuro y del pesar que manifestaba toda la gente. En la noche los llevaron al cuartel que estaba por la calle Guerrero, en la manzana cuarta; ya no es ahora cuartel, es una casa particular; entonces era cuartel, el gobierno hizo cuartel allí, según creo, por eso de la persecución. 

Los llevaron a ese lugar tardecito ya, casi en la noche, pero de todos modos mucha gente se dio cuenta y en la noche nos comunicamos unos a otros aquella noticia. 

En la mañana las señoras empezaron a decir, a mover a toda la gente a que fuéramos a rezar la Novena del Padre Eterno, pues corría el rumor de que se los iban a llevar a Zacatecas y como que queríamos mover toda la corte del cielo para evitarlo. 

Nos estábamos juntando a rezar la Novena del Padre Eterno, a las doce de aquel miércoles 25 de mayo. 

Yo vivía entonces por la calle Cuauhtémoc, y cuando iba a pasar la calle Guerrero, vi que los sacaron. Me detuve en la esquina a ver y los vi salir, vi salir a la escolta, así de la puerta, una puerta grande. 

Salió la escolta; ellos iban en medio. Llevaban unos morralitos aquí del hombro, seguro sus libros y una cobija atravesada. Vestían con pantalón de mezclilla y camisa ordinaria, más bien humilde. Iban disfrazados, según pensé, así andaban cuando los aprehendieron. Ah, y sin sombrero; ninguno de los dos llevaba sombrero. 

A ellos, según eso, les dijeron que iban a Zacatecas. El oficial pasó a la banqueta y luego ya se fueron así, porque a la mitad de la manzana estaba la casa; al llegar a la esquina quisieron dar vuelta para arriba y entonces el oficial les hizo un ademán y echó un grito con rabia. Les dijo: sobre su derecha, y entonces siguieron por Morelos, siempre por media calle. 

Nomás vi que dieron vuelta y corrí a la parroquia; pos si yo para allá iba, nomás que lo que me tocaba ver por casualidad… Ya estaba la parroquia llena de gente y empezó a llegar más, todas con la misma noticia: ya los metieron al cuartel, los van a fusilar a la segura. Y se oía el lloradero de la gente. 

Estábamos adentrito del cancel de la puerta mayor, de rodillas, ya para comenzar la Novena al Padre Eterno. Sí, a las doce del día se rezaba esta novena; un señor cura nos había dicho que no es necesario que se rece a las doce del día, que se puede rezar a cualquier hora, pero nosotros teníamos esa costumbre, esa devoción digamos, igual que se tiene la Misa de la Divina Providencia todos los días primeros de mes, a las doce del día. 

Pero sucedió que no pudimos rezar. Quién iba a rezar en aquellos momentos. Mire, cuando las descargas retumbaron en el templo, nos retumbaron en la vida; se oían como si hubieran echado unos barrenos por debajo de la tierra, y como el piso era de madera, se oyeron aquellos barrenazos y nos estremecimos todos; haga de cuenta que toda la parroquia se cimbró con aquella cosa tan fea que se oyó. 

Luego empezaron a llegar otras gentes: ya los fusilaron, ya los fusilaron y todos a llore y llore en una lloradera que… Pos qué hacemos. 

Unas dijeron: vamos rezando un Viacrucis. Pos lo rezamos, pero con qué calma, oiga; cómo se puede rezar, cuando el corazón está a tiemble y tiemble y las lágrimas en chorro aunque uno trate de atajarlas. 

Al poco rato empezó a salir la gente y a llevar algodones. Ah, porque cuando salimos de la parroquia, ya los tenían tirados en el zaguán del cuartel, ahí en el vil suelo, y empezó la gente a recoger sangre con algodones. Muy sangrados los cuerpos, viera; la cara no. Otras personas con tijeras les cortaban pelo, pedacitos de ropa, en fin. 

Pero no, pos cuándo iban a quedar tranquilos los oficiales; ya empezó uno a echarnos maldiciones, y a corrernos para afuera a sablazos y así despatriaron de allí a toda la gente. 

Otro día, o ese mismo día, yo no sé decir, llevaron los cuerpos al panteón, pero los soldados prohibieron que nadie los acompañara, que no hicieran escándalo, que nada de rezos o cantos, y con el sable aquí, mire, se pusieron a impedirle al pueblo que acompañara a los mártires a la sepultura. 

Pero la gente siempre. Dónde no. Empezaron a salir por una esquina tres o cuatro personas; luego por otra esquina otras tres o cuatro, y a la siguiente y a la otra, por todo el recorrido de los cuerpos se fueron incorporando más personas, fue creciendo aquello y cuando llegaron al camposanto, ya era una aglomeración de gente. 

Los soldados se enojaron y empezaron a tirar sablazos por todos lados queriendo devolver a la multitud; golpearon a mucha gente con sable: Un señor de nombre Julián, ese todavía vive, se llama Julián, ese señor quedó muy golpeado de lo que hicieron los soldados. 

Ah, no, pero espérese, me adelanté en la plática: Me faltó decirle que los fusilaron recargados en una pared, en un corralón que tenía el cuartel; tenía un corral todo destruido, un corral donde metían animales mostrencos o que dañan los sembrados, o andan sueltos en la calle. 

Al único que dejaron entrar a presenciar la ejecución, el único que vio todo fue Cruz Fernández Huizar, un señor muy joven entonces que vivía en Colotlán; pidió permiso de entrar y se lo dieron. Yo creo que eso que se conoce que dijo el señor Cura y también las palabras del Padre Caloca, fue porque este señor que le digo estaba presente y él dio el dato, nadie más podía darlo. 

A ese señor Julián que le nombré antes, el que recibió los golpes, vive todavía; le dicen El Grande; seguro por grandote les gustó a los soldados para ponerle la sabliza bárbara que le pusieron; y es que esos señores eran unos salvajes, bestias completamente y andaban bravos, como enchamucados. Parece que no se pusieron en paz hasta que vieron que los cuerpos de los dos sacerdotes habían quedado bajo tierra. 

Qué bueno que me dejó platicarle todo esto, porque sentí el tonito con que me dijo que si acaso Colotlán había visto con indiferencia la muerte de los sacerdotes; y no… qué esperanzas, hubo luto en Colotlán, hubo duelo en las familias y no crea que disimulaban su tristeza, por miedo al destacamento que estaba aquí; un pueblo católico como éste, no podía dejar de sentir esas muertes. 

Y todavía más, ora verá: el año de 1940 hubo aquí un Congreso Eucarístico muy bonito, muchos actos, muchas celebraciones, misas solemnes, sermones, todo lo que pertenece a un Congreso. Y al último día una gran procesión con el Santísimo por las calles de Colotlán: esto fue en la tarde, me parece que sería como a las siete o las ocho; iba la columna de todo el pueblo, con velas en las manos y cantando y rezando; atrás iban los sacerdotes que llevaban el Santísimo. 



Yo iba adelante, formada en un grupo de señoritas, yo iba muy adelante y por eso no me di cuenta cómo estuvo aquello, el caso es que, al pasar por el cuartel, se detuvo la procesión con el Santísimo y ahí en el portón, hubo rezos, y recuerdos por el Señor Cura y por el Padre, y alabanzas al Santísimo y oraciones de desagravio por el crimen tan horrible que había tenido lugar dentro de esa puerta. 

Yo muy adelante, como le digo, porque era un gentillazo, nosotros nomás vimos, o nos dijeron que dejáramos de caminar un ratito, se paró la columna mientras se hacían esas oraciones que digo que se recitaron, como una demostración más de lo que sintió Colotlán, de lo que significó para nuestro pueblo haber sido escenario de un crimen tan horrible…. “

las frases colotlenses

Por: José Alonso Serrano Campos
“Valió ma” dijo maché

Maché es uno de los personajes más queridos y recordados por su forma de hablar y vender en la plaza frente a la parroquia, muchos recordarán las tortas que junto con su esposa vendían en la plaza principal, las famosas “tortas de maché”; en uno de esos días que vendía elotes, estaba diciendo: “Hay eló…”, hasta que un día alguien pasó y le contestó diciendo “ha como chi…”.

 

Chimeco

La gente de antes refiere esta palabra cuando algo no sale bien, artos de la situación bien podríamos decir “chingáo” (que también se dice) pero lo más colotlense cuando algo no está según nuestro deseo y ya algo desesperados, es decir: chimeco!!!

 

Para qué llevo piedras al rio si hay de a madres

Basta con ver el río para corroborarlo; se aplica en muchas situaciones, como cuando no se lleva pareja al baile, no tiene caso si allá habrá bailadoras(es) o cuando se quiere llevar alcohol a una fiesta, sabiendo que a donde vamos habrá mucho de lo que queremos llevar.

 

Quien manda aquí Bernabé o los burros. Pues los burros de Bernabé…

Buscando el burro y montado en el

Los burros por delante y después Bernave

Todas estas frases hacen relación a un personaje cuyo nombre queda claro y sus característicos burros que lo acompañaban y siempre hacían lo que querían.

 

Ichooo

Quizá la frase más auténtica de los colotlenses, en sentido estricto se trata de un llamado a los burros para que se detengan pero coloquialmente los colotlenses lo decimos para juzgar una mentira dicha por alguien más, para que se detenga, no invente y no se “manche”, seguros nosotros de que lo que dicen es mentira.


Qué te llama

Es algo tan común que no reflexionamos que en otros lugares esto no tiene sentido, nos referimos a “qué te llama” para saber el parentesco de dos personas, en otros lugares dicen “qué es de ti” para saber si son esposos, hermanos, primos, etc. No es que así nos llamemos, simplemente queremos saber si son amigos o parientes.

 

Solo Dios hace cosas eternas

Don Pit fue un personaje colotlense, recordado por sus ocurrencias, en una ocasión andando de albañil se le vino abajo una barda, al reclamarle el dueño de la finca él expresó que solo Dios hace cosas eternas, así que quiso salir bien librado de la fracasada obra.


Da pesho $

Meño fue siempre un buen niño, aunque llegó a ser grande de edad su cabeza lo mantuvo alegre, sonriendo, platicador y salía con sus ocurrencias, cargando una pequeña guitarra de juguete cantaba por un peso, así se ganaba la vida, mucha gente lo ayudaba y se quedó en el vocabulario de los colotlenses “pedir un pesho” como decía meño.

 

“Como las burras de Lencha, cargando agua y con sed”

Lencha era una mujer que tenía unas burras y se dedicaba a la venta de agua, iba al arroyo y cargaba grandes recipientes del vital líquido en sus burras para venderla en las casas del pueblo, todavía en tiempos en que la red de agua potable no existía, lo curioso era que cargando agua las pobres burras se les veía cansadas y con sed, a pesar de que cargaban la cura de sus males.


"no se sabe dijo Amado"

Esta frase es 100% única Colotlense. Amado era un señor que tenia una ruleta y siempre le preguntábamos que en que número sería el del premio y el contestaba "no se sabe" y de ahí surgió "No se sabe dijo Amado".


Me quedó lo de Doña Mary... la pura chinga

 Doña Mary vendía comida en una cenaduría, cuando le caían clientes terminaba tarde y al final de la noche hacía sus cuentas, una de sus gananacias era terminar cansada, con pocas ganancias económicas, por dar bien barata la cena.


¡Sandía fresca y azucarada, sin nada de azúcar!

Frase atribuida a don Rito Carrera, artesano colotlense con muchas historias por contar y todavía por registrar, una de sus ocurrencias fue la sandía dulce sin azúcar.

 

Acá otras frases también colotlenses:

Como te atreves

Ey

La pura agua como dijo el colorin

Chingue a 20

Nieveeeeeeee! (Jesús Agudo)

¡Tunas frescas! (Rutia)

¡L'agua fresca de cebada, l’agua!

¡Leña, no compra leña! (Eliseo Flores)

"Agua quién compra un cántaro de agua! (Lucio Pinedo)

¡Algo que soldar, el soldado000ooooor!


sábado, 4 de abril de 2026

Comunidades, capillas y sus fiestas en Colotlán

Por: José Alonso Serrano Campos

Colaboración de imágenes: Braulio Zamora 

Una significativa colección de imágenes de cada comunidad y su capilla del municipio de Colotlán, Jalisco, México.

Recopilación con imágenes que se fueron juntando desde hace más de 15 años al 2025.

El orden es por fecha de celebración en cada capilla.


DIVINA PROVIDENCIA

El Zapote de Abajo

01 de enero


2007




SANTO NIÑO DE ATOCHA

Mesa de Flores

25 de enero

2022

2008


NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

Saucillo de los Pérez

12 de febrero


SAN JOSÉ

Los Aguajes

19 de marzo

2025


2007

2007

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

Dolores

Fecha movible (viernes anterior al domingo de ramos)

2025
2007


SAN FRANCISCO DE PADUA

Sauz Tostado

02 de abril




VIRGEN DE GUADALUPE

El Carrizal

12 de mayo


VÍRGEN DE FÁTIMA

 Los Veliz

13 de mayo


MARÍA AUXILIADORA

La Ciénega de los Alejo

24 de mayo

2022



2007

SR. DE LA ASCENCIÓN

 La Cofradía

30 de mayo

 

VÍRGEN DEL SAGRADO CORAZÓN

El Hepazote

31 de mayo


SAN ANTONIO DE PADUA

San Antonio de Lajas

13 de junio



SANTO SANTIAGO

 Santiago Tlaltelolco

25 de junio


NUESTRA SEÑORA DEL REFUGIO

Tulimic De Los Ramos

04 de julio


NUESTRA SEÑORA DEL REFUGIO

El Refugio

04  de julio


SAN NICOLÁS

San Nicolás

19 de septiembre


VÍRGEN DEL ROSARIO

 Tulimic del Rosario

07 de octubre




SANTA EDUVIGES

Casallanta

16 de octubre


INMACULADA CONCEPCIÓN

Boquilla de los Pérez

08 de diciembre




 

NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

 Tulimic de Guadalupe

21 de diciembre

2022

2007

SAN ISIDRO LABRADOR

La Capilla

15 de mayo

2007

 Jalisco del Refugio

San Francisco del Refugio


Los Huizar



Bajío de Tochopa



Agua Gorda
2024
2022
2007

El Peñón (rumbo al camino de Canoas)


Fotografías:
- Archivo personal desde 2007.
- Crónicas de Colotlán (Facebook) 2025.
- Páginas de facebook de las distintas comunidades.

Sabrosa la cena de Colotlán

Por: José Alonso Serrano Campos Desde que tengo recuerdos, la tradición de ir a cenar a algún lugar del pueblo ha sido parte de la agenda de...