miércoles, 7 de octubre de 2026

Cerillos de la tienda de Pascual Rodríguez

 Por: José Alonso Serrano Campos

Pascual Rodríguez Leaños nació el 9 de diciembre de 1875 en el rancho del Carrizal, municipio de Colotlán, al tiempo se hizo vecino de Colotlán desde 1930. Hijo menor que fue de Don Benito Rodríguez Avila y doña María Fernanda Leaños Herrera. Sus tres hermanos fueron Refugio, María Josefa y María Cruz.

Muy joven contrajo primeras nupcias con Carlota Márquez Sánchez, también del Carrizal que falleció el día tres de febrero de 1948, se casaron en la iglesia de San Luis de Colotlán cuando el tenían 17 años y ella 18, el 13 de mayo de 1892 y luego el 28 de mayo del mismo año a las 9 de la mañana quedó registrado su matrimonio en el juzgado civil de la comunidad vecina del Plateado, estado de Zacatecas. Tuvieron una hija de nombre María Vidal Rodríguez Márquez en 1894.

Al quedar viudo, don Pascual Rodríguez, ya muy grande (de 73 años) se casó en segunda ocasión con María Elena Ruiz Espinoza de 32 años, hija de don Blas Ruiz y de Ma. Rosa Espinoza, ellos dominaron al pueblo, hasta que Adalberto Ortega se lanzó como diputado y terminó con su supremacía en franca confrontación.

Pascual era un comerciante muy rico, los capitales fuertes de aquella época en Colotlán eran: Los Aldana, los Zulueta, Agustín de Ávila, los Santiago Alejo (padre e hijo) y el mismo Pascual Rodríguez, tenían muchos terrenos y cascos de haciendas.

Santiago Alejo el padre, era un señor serio, decente, siempre bien trajeado y de los primeros que tuvo carro en Colotlán y don Pascual Rodríguez no se quedó atrás en comprar su propia nave, al poquito don Agustín de Ávila hizo lo propio. 

Don Pascual tenía muy buenos terrenos en el Carrizal, en aquella época no había bancos en Colotlán, la revolución los había destruido, fue hasta 1964 que volvió a haber banco, mientras tanto la casa de don Pascual por la calle Obregón era custodiada celosamente por trabajadores que resguardaban sus bienes.

De paso quedaba Carrizal, él apoyaba con dinero a los ganaderos, tenía mucho capital y propiedades, siendo ganadero iba hasta con los huicholes y les compraba hasta trescientas reses que trasladaba con un sinfín de aventuras hasta Aguascalientes.

Cuentan que tenía un pariente pobre, porque era jugador, le encantaba la baraja y el vicio, murió joven y don Pascual quedó al frente de sus sobrinos, nada menos que los hermanos Elías y Cuco Raygoza, a quienes los metió a la escuela y al paso de los años se convertirían en grandes personajes y de gran influencia en la vida política de Colotlán, tan es así que Cuco es considerado uno de los mejores presidentes municipales que ha tenido Colotlán y lo fue en tres ocasiones.

Federico Gutiérrez en los interesantes textos de “colotlanenllamas” lo recuerda así: “Pascual Rodríguez era un viejo con mucho dinero, mi papá le compró mucho ganado, íbamos para acá con los huicholes y le comprobábamos hasta dos o trescientas reses. Era tío de don Cuco Raygoza, muy buen Cuco, de los presidentes municipales que ha habido de los mejores. Un hombre muy ‘servicioso’”. 

Pascual Rodríguez era dueño del potrero de San Lorenzo, una amplia extensión de terreno cerca del Plateado, propiedad que fue objeto de disputa por más de 45 años con la comunidad agraria de San Lorenzo después de su muerte y que finalmente lo ganó su heredero, pero a medias, porque se lo pagaron no a buen precio.

Vivía en una de las más bonitas fincas del centro de Colotlán, de las mejores eran la casa de los Aparicio, que fue destruida y es donde actualmente se encuentra la terminal de camiones, la de los Zulueta en la esquina de Morelos y Guerrero, la que fue de Toña Macías frente a la plaza, las de los Muro donde es de Eliseo Navarro, así como grandes comercios, el Banco que era en la tienda de Don Pascual Rodríguez. 

Compraba y vendía grandes cantidades de ganado en la capital de Aguascalientes, a los comerciantes les prestaba grandes cantidades de dinero con su módica ganancia de interés, allá ellos dejaban el dinero en las fábricas de Francia. De esa manera se movían las mercancías, sin necesidad de cargar efectivo.

Don Pascual además de comerciante tenía en su negocio productos que él mismo mandaba hacer, como el ejemplo que ilustra esta publicación donde se muestran cerillos que se vendían en su local, murió el 9 de diciembre de 1949 de senilidad según su acta de defunción, comerciante en ganado, con domicilio en la calle Álvaro Obregón número 14, originario de la delegación del Carrizal de esta población, fue uno de los hombres más ricos y mejor recordados en la primera mitad del siglo pasado.

Gracias a Luis Márquez por compartirnos esta imagen que atesora el esplendor de Colotlán en aquellos años.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Bula pontificia sobre la erección del obispado de Zacatecas

En este documento transcrito del original manuscrito del 26 de enero de 1862, se dan los motivos y delimita el territorio del entonces nuevo Obispado de Zacatecas, cuyos dominios dejaban de pertenecer al de Guadalajara; tratamos de entender la situación que en aquel momento motivó a nuestras autoridades religiosas a pasar al obispado de Zacatecas, la posible razón podría tratarse a la proximidad con el nuevo Obispado. Ojalá sea de su agrado esta transcripción.










sábado, 19 de septiembre de 2026

Obituario de colotlenses entre 1925 y 1950

 Las malas noticias del fallecimiento de una persona llegan actualmente en su mayoría por la esquela en redes sociales, es un anuncio breve y directo para informar sobre una defunción y los datos del funeral; no siempre fue así, antes se contaba con la imprenta del señor Lauro Martínez que con toda dedicación y esmero hacía el obituario, un texto más extenso que repasa la vida, los logros y el legado del difunto, la familia Iturriaga guardó con celo estos obituarios que hoy les compartimos, de personajes importantes que vivieron en Colotlán entre 1925 y 1950.

Agustín de Avila Ruiz 

Falleció el 9 de octubre de 1950, hijo de Don Agustín Avila Mayorga (en ese entonces era el presidente municipal) y Doña María Mercedes Ruiz Campos. En su acta de defunción a solicitud del juzgado de primera instancia quedó registrado que era soltero, originario y vecino de este lugar, quien falleció a las 21 horas a consecuencia de herida por proyectil de arma de fuego; mexicano, católico, raza mestiza. Nació en 1922 y tenía 28 años.


Teofilo Jara Leyva

Falleció de cáncer y con asistencia médica el 19 de diciembre de 1943 en su pueblo natal Totatiche, Jalisco, nació el 12 de enero de 1868, tenía 74 años, hijo de don Blas Jara y doña Damasa Leyva, se casó con Telésfora Ramos Cárdenas el 21 de abril de 1906 en Totatiche, tuvo 5 hijos: Cosme, María de Jesús, Primitivo, Baudelia y Maura.


Santiago Alejo Campos

Falleció el 20 de mayo de 1950 en la ciudad de Guadalajara, viudo de la señora Francisca Salinas, sus padres eran Santiago Alejo Rosales y Adelina Campos Robles, sus restos fueron trasladados a Colotlán para su sepultura en el panteón municipal. Su hijo Flavio Alejo Salinas murió en el 2002 en Estados Unidos.


María Telésfora Jara Avila viuda de Pérez

Falleció el 7 de agosto de 1940, era originaria de Boquilla de Santa Rosa, municipio de Totatiche, hija de los señores Luis Jara Gaeta y María Alejandra Avila Castañeda, se casó con don Ignacio Pérez Pinedo en Totatiche el 20 de febrero de 1889. Tuvo 5 hijos: Ignacio, María Soledad, Mateo, Luis y María.


Francisco R. Mayorga Gándara

Fue alcalde de Colotlán en 1925 vivía en la calle Nicolá Bravo No. 49. Falleció por proyectil de arma de fuego a las 5:30 de la mañana del 30 de junio de 1945, casado fue con la señora María del Carmen Davila Robles, a quien dejó viuda, agricultor de 58 años, nació el 24 de julio de 1885, colotlense, de raza blanca en la casa número 30 de la calle Nicolás Bravo, hijo de don José María Mayorga León y Cipriana Ruiz Gándara (no se usó su primer apellido para el registro de este 7mo hijo, tuvo 16 hermanos, algunos si Mayorga Ruiz).


domingo, 12 de julio de 2026

Centenario de la cristiada

Viva cristo rey, sangre y corazón de un pueblo

En el marco del centenario que estamos celebrando a partir de junio, sobre el inicio del acontecimiento “la cristiada”, vale la pena hacer algunas puntualizaciones, recordando que sucedió en el gobierno de Calles y se prolongó hasta 1929. Tratando de enmarcar diferentes perspectivas para el análisis: como conflicto armado, como guerra entre gobierno revolucionario e iglesia católica y finalmente, cómo persecución religiosa que generó el martirio de varios sacerdotes y laicos. No se trata de hacer una simple narrativa de este hecho, sino más bien de hacer una interpretación y asimilarlo con sentido crítico.

Antecedentes:

La Constitución de 1917 en la que varios artículos manifiestan una legislación restrictiva sobre todo en 5 artículos:

Artículo 3, que establece la educación laica.

Artículo 5, que prohíbe el establecimiento de órdenes Monacales.

Artículo 24, restringe los templos a domicilio privado.

Artículo 27, los bienes inmuebles de la Iglesia pasan a ser propiedad de la nación.

Artículo 120, Otorga a los poderes federales la facultad de reglamentar en materia de culto religioso y elimina la personalidad jurídica de las organizaciones confesionales. 

Además, por si fuera poco, se decreta la creación de la Iglesia católica Apostólica mexicana, nombrando un Papa mexicano queriendo propiciar un cisma. La promulgación de la ley calles, que marca también la prohibición a sacerdotes extranjeros para que oficien ceremonias coma la prohibición de culto en los exteriores, la prohibición de escuelas católicas y el impedimento para que los ministros religiosos participen y opinen sobre la política nacional.

Al mismo tiempo sucede el atentado de la antigua Basílica de Guadalupe en el que se intentó destruir la imagen de la Virgen de Guadalupe en 1921. Por lo tanto, la Constitución de 1917, la ley Calles y el atentado de la Basílica, hicieron estallar y orillar a la Iglesia a defenderse, ya que todos estos hechos se vieron como un atropello a la libertad religiosa.

La actitud de la Iglesia.

Para protestar, lo primero que se hizo, fue suspender todas las actividades religiosas, pidiendo que los artículos antirreligiosos de la Constitución fueran reformados.

Se organiza la Liga Nacional de Defensa religiosa para mantener presente en toda la República una lucha, pronunciándose contra algunos artículos de la Constitución, pidiendo la revocación de dichos artículos, pues amenazan la libertad de creencia. Además, se propuso paralizar la economía, para obligar al Estado a atender sus demandas, también se reunieron 2 millones de firmas, para proponer una reforma constitucional.

Sacrificio

El pueblo se sintió agraviado en su fe y por lo tanto, desafía a un gobierno de hierro y a un ejército que lo aventaja en todos los terrenos menos en uno, el de sacrificio, pues estaba dispuesta a luchar hasta las últimas consecuencias.

La Iglesia perseguida, violentada, trató de defenderse armadamente, pues se habían agotado todos los recursos legales y pacíficos, no quedando de otra más que luchar de forma armada; Esto se realizó en varios de los Estados de Jalisco, Querétaro, Nayarit, Colima, Michoacán, San Luis Potosí, Zacatecas, Ciudad de México y Yucatán. Esta lucha especialmente la impulsaron los campesinos que se fueron uniendo y proclamando ¡Viva Cristo Rey y Viva Santa María de Guadalupe! A estos campesinos se les empezó a denominar cristeros y su lucha se le denominó la cristiada, la lucha de campesinos humildes apoyada por algunas mujeres entusiastas y valientes que se unieron por la defensa de la fe.

La cristiana dejó una huella profunda en la vida pública mexicana y el testimonio, el martirio de muchos sacerdotes y laicos que fueron sacrificados injustamente. El testimonio de los mártires de la cristiada generó un aumento de vocaciones. Por citar un ejemplo, el martes San Cristóbal Magallanes Jara, ejecutado o martirizado en Colotlán, Jalisco el 25 de mayo de 1927 a los 58 años. De la familia Magallanes Jara surgieron 30 sacerdotes, mataron 1 y salieron 30 pues la sangre de un mártir es fecunda.

En este contexto de la cristiada, debido a la persecución, la formación de los sacerdotes llevada a cabo en los seminarios se vio afectada. Los seminarios tuvieron que vagar de un lugar a otro dificultándose una formación académica, sin embargo, la formación fue más a partir de la vida más experiencial y evangélica. El futuro sacerdote tuvo que formarse en la reciedumbre, en el sacrificio, en la valentía y sobre todo en la capacidad de dar testimonio de ser mártir, es decir, saber dar la vida por Cristo.

Para terminar, vale la pena decir que la cristiada vista desde la perspectiva del martirio de varios sacerdotes y laicos cristianos, es un mensaje de fidelidad a Cristo y a su iglesia. Es un mensaje elocuente y significativo para las generaciones de hoy. Es importante que el sacrificio de estos sacerdotes y laicos sean conocidos para que su ejemplo nos estimule.

Ojalá que hoy sepamos descubrir el valor de este testimonio.

Que el próximo centenario sea la gran oportunidad de entender mejor esta historia de persecución y martirio, reflexionando y renovando nuestro compromiso de dar testimonio y la vida por Cristo. El centenario de la cristiada merece agradecimiento a Dios por el testimonio que dieron nuestros mártires, que también hoy nosotros como ellos sepamos proclamar, gritar: ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!

Colaboración de Pbro. Humberto Jara

Revista Pastores del Seminario de Zacatecas. Edición 148

martes, 2 de junio de 2026

La vida cotidiana de Colotlán en 1790 por Félix María Callejas

José Rojas Galván en su texto "Vivir en la región norte de la Intendencia de Guadalajara a finales del siglo XVIII. Un análisis de la vida cotidiana a través del informe de Félix María Callejas" destaca sobre Colotlán lo siguiente:


Cuando Calleja finalmente arribó al gobierno de las fronteras de Colotlán (a finales del siglo XVIII), creyó necesario informar al virrey de una serie de noticias que seguramente le transmitieron informantes locales o bien, documentos que localizó y revisó en los archivos de Colotlán, y que a su parecer eran importantes ser tomadas en cuenta y así lo manifestó:

de la frontera de Colotlán no hay más noticias en sus archivos que la de estar ya formado el presidio de Colotlán, en el año de mil quinientos noventa y tres, y estableció algunos indios que de Tlaxcala vinieron a poblarla, y servir de barrera a los de nación Chichimeca —estos pobladores, los nuevos conquistadores y cuantos vecinos se han establecido y establecen ella, han gozado, y gozan desde entonces el fuero militar no han pagado tributo—. El gobierno se compone en el día de veinte y seis pueblos, y los habitan once mil cuatrocientas cuarenta y cuatro personas de ambos sexos, y todas edades.

Al llegar a Colotlán, el teniente general de gobernador de las fronteras se puso a las órdenes del capitán Calleja, pues así lo había dispuesto el virrey Revillagigedo. La estancia de Calleja en dicha población fue más prolongada que todas las anteriores, pues al ser cabecera de las fronteras, seguramente tuvo más asuntos que tratar, sobre el poblado de Colotlán, en particular, describió que: 

el lugar tiene una hermosa situación limitada por pequeñas montañas, por el que pasa un rio que viene de Jerez, con bastante cantidad de agua; le habitan mil doscientas cincuenta y cuatro personas comprendidos sus dos barrios Soyatitan y Tochopa, poseen diez y ocho leguas y media cuadra de terreno, diez de panllevar, seis y media de pastos, y las dos restantes de serranía estéril; sin embargo, no tienen plantío de ninguna especie, siembran muy poco, no existe ganado de ninguna especie, buena parte de sus habitantes se emplean en transportar víveres al Real de Bolaños y en trabajar en su minas; el pueblo está Bien ordenado sus calles a cordel, sus casas regularmente trazadas aunque dispersas, y algunas vacías, la parroquia regular y muy bueno su ornamento; cada uno de los dos barrios, tiene su iglesia particular, decente, y en buen estado, hay empezada, y bastante adelantada una muy grande y demasiada costosa iglesia, construcción de piedra que hace cinco años suspendió su obra por falta de dinero, la antigua iglesia podría aprovecharse en hacer de ella granero practico, y escuela de primera letras, pues ni uno, ni otro hay en el pueblo; la casa del gobernador es grande, y de regular fabrica, pero esta próxima en ruinas. El cura habita el que era convento de religiosos Franciscanos, grande y de regular fabrica, pero casi inhabitable por ruinosa33 […] esta despoblación se conoce desde el año de ochenta y seis y a seguido sin intervención la miseria.

Lo manifestado por Calleja deja ver claramente la condición de miseria por la que atravesaba el pueblo de Colotlán, pues a pesar de contar con tierras de buena calidad, los lugareños no los aprovechaban por qué no contaban con suficiente semilla para sembrar, ya que ese año, 1790, consumieron prácticamente todo lo cosechado, como consecuencia de la crisis agrícola de los años anteriores cuando se perdieron las cosechas casi en su totalidad.

La propuesta de Calleja de establecer una alhóndiga en el lugar seguramente tenía como finalidad evitar la escasez de granos para el consumo humano durante las épocas de crisis, pero también destacó la necesidad de establecer una escuela de primeras letras para los niños de Colotlán, quienes no conocían instrucción alguna. No obstante, hasta el momento no existen datos que corroboren si se construyó el almacén de granos en la antigua iglesia, pero podemos inferir que por las propias condiciones del momento fue un asunto que quedó pendiente. En cambio, existe información suficiente para afirmar que no se construyó la escuela, pues posteriormente se informó que no existían fondos suficientes de la comunidad para contratar maestros. Así pues, no es difícil imaginar el estado que presentaba el poblado: casas abandonadas, edificios civiles y religiosos deteriorados, calles en mal estado, puentes caídos, personas enfermas y en la miseria total.

El pueblo de Ostoc perteneciente al mismo gobierno de Colotlán, lo encontró prácticamente en la misma situación de miseria y abandono, pero “lo principal ha sido: el justo temor a los muchos alacranes que allí se crían, la actividad del veneno se ha vigorizado a un punto que se hace incurable su picadura”. En consecuencia, el pueblo de Ostoc debió ser abandonado por los muchos estragos que los alacranes ocasionaron, lo mismo ocurrió en el poblado Camotlán donde sus habitantes huyeron por el mismo temor.

Dicho estado de deterioro lo reportó, también, para otros pueblos de la región, tal fue el caso de Juchipila, Jerez y Fresnillo, donde sus pobladores eran rancheros y tenían graves problemas por “habérseles muerto muchos de sus ganados, y los que les quedan están sumamente deteriorados”.


Reseña de Juan Campos García, de la placa ubicada en Centenario e Independencia

Por: José Alonso Serrano Campos

Juan Francisco Campos García, fue registrado como mestizo en Mezquitic, Jalisco al día siguiente que nació, vino a este mundo el 16 de mayo de 1904, sus padres fueron Juan Francisco Campos y Francisca García, ambos originario y vecinos del mismo Mezquitic, jefatura de Colotlán en ese entonces.

Juan Francisco se casó con Julia Cosío Álvarez en 1927, ella era empleada federal y tuvieron a su único hijo J. Jesús Campos Cosío en 1928.

A las 7 de la tarde del 25 de febrero de 1940 en la calle Independencia, esquina con la calle del Centenario perdió la vida producto de las heridas producidas por arma de fuego, así lo certificó el doctor José León Oropeza, Jefe del Centro de Higiene Rural en Colotlán.

La viuda, Julia Cosío se volvió a casar en Mezquitic en el año 1947 con Francisco Hernández Robles, ambos viudos para ese entonces. Su hijo Jesús Campos se casó también en Mezquitic con Agripina de la Torre Robles.

De ninguno hubo registro que volvieran a Colotlán, sin embargo, quedó para la posteridad la placa que hoy sobrevive en el muro de la finca justo en la esquina de tan importante cruce de las calles Independencia y Centenario.







domingo, 10 de mayo de 2026

Cuando exhumaron a Magallanes y Caloca para llevarlos a Totatiche

Les transcribo el acta que tuvo a bien redactar el presbítero José Pilar Quezada Valdés, sucesor de Cristobal Magallanes en Totatiche, cuando en 1933 exhumaron los restos de los mártires en Colotlán, para llevarlos a su destino final en la parroquia de Totatiche, ambos fueron asesinados en 1927, fue toda una odisea y lo que encontraron digno de contar:


ACTA DE EXHUMACIÓN de los restos de los siervos de Dios, Pbros. Don Cristóbal Magallanes y Don Agustín Caloca

En el panteón municipal de la ciudad de Colotlán, a las ocho horas del día veintitrés de agosto de mil novecientos treinta y tres, el que suscribe, cura párroco de Totatiche, habiendo recibido permiso de la Sagrada Mitra de Guadalajara, por rescripto del Excmo. Rvmo. Sr. Obispo Auxiliar y Vicario General Dr. D. José Garibi Rivera, con fecha veintiuno de julio próximo pasado, acompañado de los señores sacerdotes Julián Hernández C., vicario fijo de Temastián, J. Cruz Arellano, vicario cooperador de la parroquia de El Salitre de Guadalupe, procedió a la exhumación de los restos de los Sres. presbí¬teros Cristóbal Magallanes y Agustín Caloca, presentada que fue la orden del presidente municipal de Colotlán para el Sr. Salvador Ortega, encargado del panteón, a fin de permitir la excavación. Estuvieron, ade¬más, presentes los Sres. Gorgonio Magallanes, hermano del Sr. Cura Magallanes, y Miguel Valdés, vecinos de Totatiche, el Sr. J. Jesús Loera, sepulturero que fue por el año de mil novecientos veintisiete, y actualmente vecino en el rancho de El Zapote, don Celestino Miramontes, vecino de Acaponeta (estos dos últimos señores presenciaron y ayudaron a la sepultura de los Padres), los señores albañiles Felipe Martínez y Pedro Núñez, vecinos también de Totatiche, y otras muchas personas; algunas de las cuales decían haber tomado parte también en el sepelio de los dichos Padres.

Por las excavaciones hechas el día anterior, se comprobó lo que ya, desde el principio, había dicho el Sr. J. Jesús Loera, que las lápidas habían sido erróneamente colocadas en otros sepulcros; pero habiendo indicado el lugar preciso, se empezó por excavar en el sepulcro del Sr. Cura, y pronto se encontró su cadáver y se identificó perfectamente bien: a poca profundidad de la fosa, la caja chica que no se pudo cerrar por los zapatos; y sobre todo, plenamente convencía y no daba lugar a duda el calendario arquidiocesano, registrado en la página correspondiente a la fiesta de la Ascensión del Señor, en cuyas primeras vísperas murieron los Padres.

Juntamente con el directorio eclesiástico estaba un número de «El Rosario», periodiquito que editaba el mismo Sr. Cura. Cuando salió el cráneo, luego fue reconocido por todos los presentes: la mandíbula inferior con los dientes un poco entrados. El cráneo estaba perforado por el tiro de gracia, que penetró por la órbita del ojo izquierdo y salió por el occipital. Dentro se encontraron dos fragmentos del blindado de las balas explosivas. Nada de ropa interior, sólo se conservó lo que era de lana o seda, como el chaleco y el saco. Dos crucifijos y un rosario engarzado en seda. Tanto los huesos como la ropa que salió dentro del lodo fueron lavados y secados; se colocaron dentro de una caja de lámina, y ésta dentro de otra de cedro, llevadas para el objeto.

A las once y media, se dio por terminada la exhumación de los restos del Sr. Cura MagalIanes, y acto continuo se abrió el sepulcro del Padre Caloca. Como lo había indicado uno de los que presenciaron la sepultura, el Padre Caloca estaba colocado al revés de como es costumbre sepultar en esa mitad del cementerio, con la cabeza para el sur. Igualmente, primero aparecieron los zapatos, en posición forzada, por la estrechez de la caja. El cráneo casi deshecho por el tiro de gracia que entró por la parte posterior y salió por la cara. Esta fosa tenía agua, y nada se conservó de ropa fuera de un escapulario grande, con cuatro punturas con fragmentos como de las mismas balas explosivas. Bien conservados el cinto y los zapatos de cuero, los broches y elásticos de los tirantes y ligas de los calcetines; una imagencita de papel del Buen Pastor, conservada entre dos vidrios de un espejo de su bolsillo. Un crucifijo de metal muy oxidado y separado de la cruz. Ya entonces, el Padre Hernández, notó que había un pedazo de carne sin corromper, que parecía ser el corazón. Todo se colocó en una urna respectiva. El barro, donde se ponían huesos u objetos pequeños, se depositó en cajas distintas, lo mismo que la madera de las cajas. Los sepulcros se volvieron a llenar, dando por terminado el acto a las dos de la tarde, en los momentos que llegaba un fuerte aguacero.

Del cementerio fueron conducidas las cajas a la casa de don Celestino Miramontes, allá mismo en Acaponeta, vigiladas por los señores presbíteros Julián Hernández y J. Cruz Arellano; y entre tres y cuatro de la tarde, a bordo de un coche, gentilmente ofrecido por el Sr. D. Manuel Jara, hijo de la parroquia de Totatiche, fueron llevadas las urnas a Cartagena, a donde llegaron como a las seis de la tarde, debido al mal camino, por una tormenta que acababa de pasar. Sin pérdida de tiempo, por temor a que el río creciese de un momento a otro, dos de los vecinos de este rancho pasaron las urnas de los Padres, escoltados por otros muchos de los más expertos nadadores mientras que los señores sacerdotes y demás acompañantes éramos pasados en una balsa.

Con cohetes, repiques y procesionalmente con velas en la mano, casi todos los vecinos del rancho acompañaron las urnas a la capilla de San Antonio de Padua, adornada de luto. Después del rosario cantado, las señoras velaron hasta las diez de la noche, y, de esa hora en adelante, los señores, bajo la dirección de don Domingo Hernández y Cecilia Díaz, hicieron guardia toda la noche. Al día siguiente, veinticuatro de agosto, fecha en que estaban citados los fieles de la parroquia, para acompañar los restos de sus amados sacerdotes (llamados santos mártires) a la cabecera, después de la última misa, que fue a las ocho, previa una llamadita los sacerdotes tomamos las urnas, e iniciamos la marcha, sin esperar a que se acabase de reunir la gente por temor a la lluvia que amenazaba.

Pronto se hizo la procesión interminable, por gente que llegaba de Totatiche, o salía de los ranchos. La banda de música los saludó, al salir del rancho de Cartagena, y poco después llegaron el señor Cura de Bolaños, Pbro. J. Ángel Valdés, y los presbíteros J. Jesús Becerra y Luis Álvarez y los alumnos del Seminario y una inmensa muchedumbre, que difícilmente se movía, cubriendo un trayecto del camino como de cinco o más kilómetros.

Abría la marcha una columna de los de a caballo, de cinco en fondo; seguía la banda de música, luego las señoras rezando y cantando, y luego los señores, que pugnaban por llevar las urnas, aunque fuera por un brevísimo turno, los cohetes y las campanas, pausadas y solemnes, con dos horas de anticipación anunciaban que se acercaba la procesión. El Sr. presbítero Bonifacio Martínez, a cuyo cargo había quedado el adorno y compostura del templo parroquial, después de dejar todo preparado, salió a encontrarnos a la cumbre de La Boquilla, y ya para entrar al pueblo, los sacerdotes y algunos seminaristas nos adelantamos para revestirnos y esperar, a la puerta del templo, mientras que el Padre Hernández dirigía la marcha, entorpecida por la gente misma que había llenado las calles, la plaza y el templo.

Después del salmo, los sacerdotes tomaron las urnas y las llevaron, de la puerta de la iglesia, al catafalco, que con delicado gusto y sobriedad, se levantaba bajo la cúpula, enlutada, como las demás bóvedas del templo, con enormes pabellones de luto. Un sentimiento muy hondo y extraño embargaba todos los corazones, y, después de un grito espontáneo y unánime «Viva nuestro Señor Cura Magallanes» «¡Vivan nuestros Mártires!», siguió un momento de llanto sofocado y en extremo conmovedor. Después del responsorio, los sacerdotes se retiraron a la sacristía. Los seminaristas, con sotana, sin cota, hicieron guardia hasta las ocho de la noche, y, desde esa hora, el señor Alfredo Vázquez del Mercado organizó varios turnos entre las personas más connotadas del lugar hasta las diez y media de la noche. A esta hora, y presentes los señores presbíteros J. Jesús Alba, párroco de El Salitre de Guadalupe, J. Ángel Valdés, párroco de Bolaños, Julián Hernández Cueva, J. Jesús Becerra, Bonifacio Martínez, J. Cruz Arellano, Luis Álvarez, el que suscribe y los señores J. Cruz del Muro, Ramón Pérez y Cristóbal Magallanes, se procedió a soldar las urnas. Para esto, se pasó la del Señor Cura Magallanes al curato, se sacó de la urna la ropa y demás objetos que se encontraron con el cadáver, y dejando sólo los huesos, se soldó y se llevó a su lugar, para traer la del Padre Caloca, que igualente se revisó y soldó.

Volvió a llamar la atención lo que, a juicio de tantos, parecía un pedazo de carne sin corromperse, que, por su tamaño, por lo musculoso, por lo hueco, bien pudiera ser el corazón. No se le dio importancia al principio, y se supo en qué parte, dentro de los restos del Padre Caloca, se había encontrado. Se echó en un vaso que se colocó dentro de la urna, que se llevó de nuevo al catafalco, y se dio por terminado este reconocimiento.

Toda la noche, permaneció la iglesia llena de fieles cantando y rezando. A las cuatro de la mañana, empezaron las misas, y, después de la última, que fue. solemne, a las nueve treinta -en la cual oficiaron el que suscribe, y los señores párrocos de Villa Guerrero y Bolaños, y predicó el señor presbítero don Bonifacio Martínez, con la asistencia de los demás sacerdotes antes enumerados, y el señor cura de Atolinga -que había llegado un poco antes-, el señor presbítero don Pedro R. Cortés, observando lo prescrito por el Ritual Romano, las urnas fueron llevadas en hombros de sacerdotes, y colocadas en sus gavetas, que habían sido preparadas en el presbiterio, al pie de las columnas delanteras, quedando el Sr. Cura al lado del Evangelio, y el Padre Caloca, al lado de la Epístola. Con esto se dio por terminado el acto, como a las once y media del día.

Por el especial cuidado que se tomó en que nada se extraviase o se mezclase, puede decirse que me consta que en su urna respectiva están sólo y todos los restos y huesos del Sr. Cura Magallanes y del Padre Caloca, excepto lo que pudiera encontrarse en los cajones que contienen la tierra que se sacó de los sepulcros, y que no se revisan todavía. Ciertamente estuvieron dos días sin soldarse las cajas interiores, pero las exteriores de madera se atornillaron y no estuvieron ni un solo momento solas. Día y noche, dos o más personas -sacerdotes o de toda confianza- singularmente encargadas, cuidaron que nadie intentase abrirlas.

Totatiche, 25 de Agosto de 1933.

El Párroco

Pbro. J. Pilar Quezada. (Rúbrica)

Libro de Gobierno núm. 6, folios 98 y ss..



NOTICIA DE LA TRASLACION de los Restos del Sr. Cura D. Cristóbal Magallanes y del Sr. Pbro. Agustín Caloca.

El día 24 de Agosto de 1933 llegaron a este lugar (Totatiche), los restos de los Presbíteros D. Cristóbal Magallanes y D. Agustín Caloca, quienes fueron fusilados en Colotlán, el 25 de mayo de 1927.

En la exhumación se encontró

Del Sr. Cura Magallanes:

• Caja negra destruida.

• Cráneo conservado, con algo de pelo.

• Dentro del cráneo dos fragmentos de bala.

• Ropa de lana o seda bien conservada.

• El Directorio Eclesiástico del año 1927, registrado en la fecha de la Ascensión con una imagen de la Sma. Virgen.

• Un ejemplar del periodiquito «EI Rosario» y otra hoja de periódico.

• Los zapatos; tacones de hule sin uso y suela bien conservada.

• Un fajo de piel.

• Dos crucifijos, una medalla, un rosario engarzado en hilo y el broche de la leontina del reloj.


Del Padre Caloca:

• Caja casi deshecha.

• Cráneo muy roto por el tiro “de gracia”.

• Un escapulario grande de cuatro fracturas y pedacitos de metal.

• Zapatos.

• Fajo de piel.

• Broches y hule de las ataduras y de los tirantes.

• Pelo, botones, ropa casi nada.

• Un crucifijo.

• Un espejo con la imagen de El Buen Pastor.

• Un pedazo de carne sin corromper: parece el corazón.


Cerillos de la tienda de Pascual Rodríguez

 Por: José Alonso Serrano Campos Pascual Rodríguez Leaños nació el 9 de diciembre de 1875 en el rancho del Carrizal, municipio de Colotlán, ...