viernes, 5 de mayo de 2023

La construcción de la iglesia de San Luis Obispo en Colotlán: un acercamiento histórico

En el libro "Diversidad Cultural y Sobrevivencia" - La Frontera Chichimeca, una visión desde el siglo XXI; hecho por la Universidad de Guadalajara y coordinado por Andrés Fábregas Puig, Mario Alberto Nájera Espinoza y José Alfredo Garza, producto del segundo encuentro del seminario permanente de estudios de la gran chichimeca; una serie de excelentes trabajos ensayistas, de los cuales me permito extraer para ustedes uno que habla sobre la construcción de la Iglesia de San Luis Obispo de Colotlán, una indagatoria y concentración de fuentes que dan contexto a la siempre dificil situación por la que se logra entender la realidad de este monumento arquitectónico colotlense. JASC

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Por: JORGE GÓMEZ NAREDO

A manera de introducción

La historia local ha tornado fuerza en estos últimos años. Señeros trabajos se han publicado sobre la historia de pueblos, de pequeñas ciudades y de minúsculas comunidades; tanto historiadores analíticos, salidos de las aulas universitarias, como cronistas pueblerinos, sabios de villas pequeñas o personas interesadas en el pasado de cierta localidad, han excavado los archivos municipales, parroquiales y estatales, buscando pistas para crear un corpus coherente que de sentido al pasado de tal o cual población.

A partir de 1945, en México, la historia matria comienza a tener adeptos; gran número de interesados en el pasado de pequeños núcleos poblacionales empiezan a escribir, aumentando sensiblemente las microhistorias. Ejércitos de historiadores profesionales hacen sus tesis sobre sus territorios, tratando de emular aquella pionera obra de Luis González y González, Pueblo en vilo. Nosotros pretendemos elaborar, de manera microhistórica, un ensayo.

Antes que nada, debemos justificar el porqué de este estudio, su importancia y su significación. En principio, es muy sabido que la zona norte de Jalisco es, actualmente, una de las regiones más conflictivas y pobres del estado. El descenso de su población es inmenso en estos últimos años; el caso más alarmante es el de Huejúcar, que en 1990 tenía 7,229 habitantes y en 2000, su número había descendido a 6,272. Entre tantos conflictos y no menos iniciativas gubernamentales, la región norte de Jalisco se ha pensado sin historia, con escaso patrimonio cultural que mostrar y con un inmenso abanico de problemas por resolver.

Sin embargo, la región norteña cuenta con una historia apasionante que sigue oculta en los archivos, pues el centralismo nacional y, más pesadamente, el estatal, han impedido a los historiadores voltear sus ojos a aquellas latitudes casi perdidas.

Si bien es cierto que Colotlán, parte de nuestro objeto de estudio, no tuvo ni tiene la importancia económica de Guadalajara, también es cierto que su historia, su vida social, su ideología, sus pesares, su economía, sus conflictos, sus mitos, sus monumentos, su gente ilustre, tienen el derecho a ser rescatados de las garras del olvido.

El tema escogido dentro del universo microhistórico de Colotlán fue la construcción del templo parroquial, que está dedicado a San Luis Obispo de Tolosa. Este tema nos pareció muy importante, pues en sociedades de antiguo régimen o en transformación a una nueva estructura moderna, los recintos religiosos juegan un papel preponderante. En los tiempos en que se edifica el templo colotlense, los individuos conviven en la iglesia: allí, platican los chismes y la actualidad de los temas

pueblerinos; allí, se conocían las personas y, durante toda su vida, asistían constantemente. Era este el lugar donde se bautizaban los niños, donde se casaban las parejas y donde los cuerpos inertes y sin vida, se despedían del mundo. Era, en sí, un espacio donde se tejían las relaciones sociales y se formaban los círculos de socialización.

El jefe de este recinto espiritual era el párroco, que en aquellos tiempos fungía como guía de la población y autoridad. A él se dirigía el vulgo cuando necesitaba un juez moral; sabía mucho de las vidas de los habitantes, pues la confesión así se lo permitía. En fin, el párroco, era un personaje imprescindible, con mucho poder y mando en las decisiones.

Por los anteriores motivos, nos parece significativo el estudio del templo parroquial colotlense. El periodo abarcado es largo, pues inicia en 1772 y termina en 1862. Estos lindes cronológicos obedecen a sucesos importantes: la primera fecha indica la reunión en que se acuerda construir el edificio; la segunda, su conclusión.

En este ensayo hemos utilizado documentos del Archivo del Arzobispado de Guadalajara, del cual sacamos grandes frutos. Allí se hallan dos cajas dedicadas al pueblo de Colotlán, de donde se desprenden varios documentos, todos relacionados con la correspondencia entre los párrocos y el obispo o el cabildo eclesiástico. Asimismo, obtuvimos algunos datos del Archivo General de Simancas, aunque, debe decirse, la información extraída allí fue poca.

Sobre la bibliografía, debemos mencionar la Historia de Colotlán, de Renato Haro Ortega y Bernardo Carlos Casas, quienes, sin rigor científico, elaboran una excelente obra que, pese a sus errores cronológicos y nula interpretación, hacen un recorrido descriptivo bastante ameno. Otra obra que nos sirvió mucho fueron las Lecturas históricas del Norte de Jalisco, donde varios artículos nos sacaron de muchas dudas.

Las historias generales, tanto estatales como nacionales, nos brindaron una amplia perspectiva del asunto tratado y de la época abordada. En diversos libros encontramos artículos relacionados con nuestro objeto de estudio, que nos facilitaron la contextualización del tema. Por último, de gran ayuda fue la ponencia que el maestro Arturo Camacho Becerra expuso en el Coloquio de la zona norte de Jalisco, donde, de manera sucinta, da algunos datos sobre la iglesia de San Luis Obispo.

Mucho nos sirvió haber visitado el templo del que hablamos, pues sintiendo la majestuosidad del edificio, pudimos reflexionar más concretamente su historia: pudimos casi ver a los albañiles resanando, a los canteros picando la piedra, al maestro de obras repartiendo órdenes y a toda la población ayudando de una u otra manera.


Colotlán: pueblo nacido entre el correr de la frontera

La religión y la iglesia en su conjunto jugaron un papel muy importante en toda la época colonial mexicana, desde la "conquista espiritual" llevada a cabo por los franciscanos, dominicos y agustinos, hasta la dominación del clero secular a finales del virreinato, donde se poseyó una estructura casi inmutable y la gracia de varios fueros en su integración. Sin embargo, la segunda mitad del siglo XIX fue testigo de ataques al clero, producidos por los efectos de la Ilustración y la Revolución francesa. Ya desde las reformas borbónicas el Estado le resta poder a la Iglesia. Poco después, el embate liberal de la constitución gaditana. En la independencia, debe decirse, mucho tuvo que ver la religión en su consumación, pues fungió como un postulado iturbidista en las tres garantias.

Después de 1821, vendrían épocas conflictivas, en las que la Iglesia se enfrentaría al Estado. Pensamientos anticlericales lucharían fieramente por una desamortización de los bienes, repudiando el ideal antirrepublicano del clero. En esta dilatada época, en Colotlán, un pequeño poblado del actual norte de Jalisco, otros eran los acontecimientos que estaban en boca de todos: en particular la larga y tortuosa construcción de la parroquia.

Colotlán es un pueblo pequeño de Jalisco; su fundación es antigua y obedece a cuestiones bélicas, a estrategias militares de frontera y a una pacificación deseada y anhelada en los últimos años de la sangrienta guerra chichimeca. El hombre que fundó esta villa fue el capitán Miguel Caldera, símbolo del mestizaje por ser hijo de español y de india (El término bárbaro se refiere a chichimeca; no es empleado de manera peyorativa o despectiva, sino como una clasificación admitida por la mayoría de los historiadores del tema y que tiene su razón histórica, pues así nombraban los indios del centro del país a estos norteños). Corría el año de 1591; cerca del actual terreno donde se inauguraría la vida de Colotlán había una hacienda, perteneciente a don Lucas Téllez, español que acompañó a Juan de Tolosa en el descubrimiento de las minas de Zacatecas. Era este un lugar peligroso, pues los ataques de los indios bárbaros eran continuos y muy constantes las muertes de españoles y aborígenes aliados. Pero las medidas para terminar la guerra por parte de los hispanos ya no eran la violencia y la masacre; al contrario, el virrey Luis de Velasco hijo había optado por la diplomacia como medio para paliar la lucha: en este tenor, se establecieron presidios como contención para soportar los ataques chichimecas, llevando indios aliados (en especial tlaxcaltecas) para poblar los extensos territorios norteños. Este grupo indígena logró grandes prebendas y mercedes por la larga migración al dejar su lugar de origen. Así, con el contingente indígena tlaxcalteca, los aborígenes sojuzgados de la región y algunos españoles, el 21 de agosto de 1591, Miguel Caldera, a la sazón alcalde mayor de la villa de Jerez y Tlaltenango, acompañado del escribano Miguel Acuña, fundó Colotlán a escasos kilómetros de la hacienda de don Lucas Téllez.

En esta época de conquista y evangelización, muy importante era designar a un santo patrono para la adoración, pues a través del culto a una imagen, los frailes tendrían mayores oportunidades de concretar el inicio del indígena en la doctrina católica. Como Colotlán se dividió en tres barrios, a saber: el de Tlaxcala (habitado por tlaxcaltecas), el de Tochopa (poblado por españoles) y el de Soyatitán (donde se establecieron los indígenas de la región), era necesario que cada uno tuviera una imagen para venerar, por eso, se rifaron los santos y las vírgenes. Al primero le tocó La Purísima; al segundo, San Lorenzo Martin y al tercero, San Nicolas Tolentino. El patrono del pueblo fue San Luis Obispo de Tolosa. Pronto se construyeron un convento y diversas capillas para cada adoración.

Colotlán continuo su vida colonial apartado de la capital novogalaica, pues el difícil trayecto entre ambos centros hacía casi imposible la comunicación constante; además, estuvo desde sus inicios bajo la tutela del virrey, que en 1760 decidió controlar de manera más estricta esta región, pues los descubrimientos de las minas de Bolaños interesaron económicamente al centro del virreinato; esta dependencia terminó en 1793, pues con la decadencia de los minerales bolañenses, el virrey cedió el gobierno de Colotlán a la intendencia de Guadalajara. Por su parte, te, los franciscanos que administraban la villa, estaban más comunicados con el convento de Guadalupe en Zacatecas que con los émulos de San Francisco en Guadalajara.

Parece ser que los franciscanos salieron de Colotlán a mediados del siglo XVIII, pues para 1750 la administración de los santos sacramentos estaba en manos del clero secular. La primera visita del obispo de Guadalajara a esta región se realizó en 1716.


Un largo nacimiento

Como llevamos visto hasta aquí, en Colotlán existían varias capillas, una de ellas, dedicada a San Luis Obispo. Los franciscanos se habían marchado y el clero secular administraba el culto. Fue entonces cuando el 6 de diciembre de 1772, en una junta donde los representantes de los tres barrios estaban presentes, que se acordó “ser muy conveniente hacer una nueva iglesia al divinísimo (San Luis Obispo).

Para 1774, José de Santiago Belis, gobernador del barrio de Tlaxcala, hablando en nombre de toda la población colotlense, envió un documento al virrey don Antonio María de Bucareli y Ursúa, pidiéndole permiso para construir una nueva iglesia parroquial, pues la existente estaba "desplomándose, y amenazando ruina por su mucha antigüedad, y débil construcción". En tal documento, menciona los beneficios que traería un nuevo templo: se haría más grande y con mayor comodidad para la mucha feligresía del pueblo, de las comunidades y de los ranchos circundantes. La fábrica del edificio correría a cargo de todos los habitantes, tanto en la mano de obra como en los gastos pecuniarios que fueran necesarios. Santiago de Belis continúa su escrito al virrey pidiéndole informe al capitán protector de Colotlán y al cura del mismo pueblo su parecer sobre la petición (Este dato y otros más adelante fueron extraídos de la caja Colotlán, fecha 1774 del Archivo del Arzobispado de Guadalajara, varias carpetas componen la caja, las cuales no tienen numeración).

Debemos recordar que en este tiempo las minas de Bolaños producían mucho material y la cercanía de aquellos minerales irradiaba cierta riqueza a los pueblos de la zona. Asimismo, en ese entonces el poder del centro del virreinato estaba interesado en conocer las características de los lugares cercanos a tan ricas minas, como fueron las de Bolaños.

La respuesta del virrey no se hizo esperar y ese mismo año concedió la licencia, pidiendo fuera Rafael Hernán el maestro de arquitectura en la nueva construcción. El virrey, además, ordenó al capitán protector de Colotlán, José Xavier Gatuno, indicar el lugar donde debía construirse la nueva iglesia.

La licencia del virrey también fue recibida por Miguel Antonio Gómez, párroco de Colotlán, quien hizo nueva petición de permiso para la construcción de la iglesia, esta vez al obispo de Guadalajara, fray Antonio Alcalde. La venia del obispo tapatío se dio el 7 de junio de 1774, y el pueblo de Colotlán fincó sus esperanzas en la edificación de una bella parroquia.

Cabe resaltar aquí la manera tan rápida en que se despachó el asunto. En 1774 se envió la petición al virrey, ese mismo año fue contestada y se reenvió al obispo de Guadalajara. Recuérdese que los caminos en esta época eran lentos y las resoluciones también. En este caso, debemos tomar con cierta prudencia la licencia del virrey, pues puede ser una falsificación de los colotlenses para recibir rápido la licencia de Alcalde, la cual, es fidedigna por hallarse una copia en el Archivo del Arzobispado, con la firma del obispo. Sea lo que fuere, la iglesia nueva comenzó a construirse.

La edificación de la parroquia fue estable durante doce años, pues en 1786 se interrumpió por falta de recursos económicos. Parece ser, en tal año ya se llevaba mucho adelantado; en ese entonces, las misas y diversas festividades religiosas se realizaban en la antigua capilla franciscana, convertida en templo con advocación a San Luis Obispo; además, existían los centros de culto en los barrios de Tochopa y Soyatitán.

En su visita a las Fronteras de Colotlán, en 1791, don Félix María Calleja del Rey habla del templo construido por los franciscanos y de la nueva edificación, en ese entonces, paralizada:

En Colotlán, la iglesia es muy regular y muy bueno su ornamento, cada uno de los dos tiene su iglesia [Soyatitán y Tochopa] particular, decente y en buen estado. Hay empezada y bastante adelantada una muy grande y demasiado costosa, fabricada de piedra que hace cinco años que se suspendió su obra por falta de dinero, si se concluye podría aprovecharse la antigua en hacer de ella granero público y escuela de primeras letras, que ni uno ni otro hay en el pueblo.

La nueva parroquia se planeó como algo majestuoso, como un templo digno de la admiración del visitante. Es de notar que Calleja, quien conoció la capital del virreinato, Puebla y muchas ciudades de España, donde había grandes y bellas construcciones, se expresara de esta manera, tan impresionado por la fábrica del inconcluso templo. Esto nos indica el empeño del pueblo en tener un monumento de dilatadas dimensiones, pese a no tener recursos para sufragar los altos costos.

Antes de iniciar la guerra de Independencia, el pueblo colotlense sufrió un infeliz acontecimiento: la capilla construida por los frailes franciscanos se derrumbó el 12 de diciembre de 1803. Esta era de adobe y de techo de paja, en sus cimientos, las hormigas arrieras habían cavado grandes hoyos y con las lluvias de octubre y noviembre de aquel alto, la iglesia no soportó más. El culto se transportó a una capilla que se salvó del infausto acontecimiento y a las dos iglesias del poblado.

No había dinero para proseguir la obra de la nueva iglesia; en esos años las condiciones climáticas arruinaron muchas cosechas y en 1806 una sequía azotó Colotlán, dejando a la gente con hambre; además, los acontecimientos nacionales impedirían la pronta conclusión del templo.

La penuria económica del pueblo de Colotlán se agravó a raíz de la independencia; este fenómeno político y bélico causó grandes estragos en la edificación monumental nacional, pues "la construcción se interrumpe drásticamente [ya que] fueron años aciagos para la economía del país [...] disminuye la renta nacional: la producción de plata, por ejemplo, se reduce a una cuarta parte comparada con la de fines del virreinato".

La guerra de Independencia fue cruenta y dinámica en Colotlán y poblados aledaños; sin embargo, poco se ha estudiado en la región: los historiadores a duras penas mencionan algo de lo ocurrido en dichos terrenos." La guerra iniciada por el padre Hidalgo tuvo efectos inmediatos en Colotlán, pues a finales del mes de septiembre de 1811, José María Calvillo, criollo nacido en Huejúcar y antiguo vicario del pueblo de Teúl (actualmente en el estado de Zacatecas), organizó un baile donde instó a los concurrentes a tomar las armas en favor del cura de Dolores. La masa siguió inmediatamente al padre Calvillo y apresaron al gobernador del pueblo.

Rodeado de 4 mil indígenas, se dirigió a Zacatecas. De regreso en Colotlán, los aborígenes insurrectos se pusieron a las órdenes de don Marcos Escobedo, quien, en apoyo a Hidalgo, se trasladó a Guadalajara para participar en la batalla que se libraría contra las fuerzas realistas de Félix Calleja. El 13 de enero de 1811 se dio la batalla del Puente de Calderón, donde los indios flecheros de Colotlán tuvieron gran participación, pese a la derrota. Don Marcos Escobedo regresó con sus tropas a Colotlán, que había sido tomado por los realistas, pero con una pequeña batalla, los insurgentes lograron recuperar la plaza.

En febrero de 1811, una expedición punitiva hizo su aparición en las inmediaciones de Colotlán, era el cura José Francisco Álvarez, realista combativo "a quien apodaban el chicharronero en razón de su costumbre de quemar los cadáveres de sus enemigos. Álvarez vino a Colotlán a poner la paz, según el: pero como el dicho dice que el que mete paz, saca más, al cura chicharronero no le fue muy bien en esta ocasión".

Así pues, el padre Álvarez fue derrotado por las tropas de Marcos Escobedo. Para marzo de 1811, el intendente de Guadalajara, José de la Cruz, en su tarea pacificadora, envió a Pedro Celestino Negrete a tomar Colotlán. La resistencia insurgente no logró contener el ataque realista y el 7 de abril de 1812, Marcos Escobedo y el padre Calvillo huyeron junto con tres mil o cuatro mil indios. Después de tomado Colotlán, la lucha continuó en las serranías, con ataques insurgentes en gavillas, siempre esporádicos.

En 1814, una peste azotó Colotlán; con ella, murieron muchos individuos. En 1815, una tormenta de rayos y centellas se observó y varios personajes de la población fenecieron. Para 1818, Marcos Escobedo reaparece y durante tres años se hace de aliados. En 1821, lograda la independencia, se hacen festejos en Colotlán.

Durante estos arios aciagos de lucha por la emancipación de la nación, la construcción de la iglesia se detuvo totalmente; la guerra, la falta de mano de obra y de capital, las constantes tomas de la ciudad y las catástrofes naturales, además de las pestes, impidieron se concluyera el nuevo templo. No hubo ni siquiera mantenimiento: las arcas del pueblo y las de la parroquia estaban vacías.

Pese a esta decadente situación, los cimientos de la nueva iglesia estaban puestos. Los colotlenses, esperaban un momento de calma y prosperidad económica para terminar lo iniciado muchos años atrás; además, con todo y el descuido de la edificación, la mole de piedra todavía era admirada por los que pasaban por Colotlán, claro ejemplo de esto fue el informe que Victoriano Roa realizó, con apuntes y datos de 1821 y 1822: "la iglesia parroquial de Colotlán, esta arruinada, y solo quedó una capilla de bóveda muy corta que sirve actualmente de parroquia. Hace 40 años se empezó a construir una nueva, y si llega a concluirse, será magnifica según su capacidad y la forma que se le ha dado".

En el ámbito nacional, cuando finalizó la guerra de Independencia, las tendencias para reformar las propiedades corporativas no se hicieron esperar; estos intentos no eran algo nuevo en América, pues anteriormente, con los reinados de Carlos III y Carlos IV, los ataques al clero y a las corporaciones civiles habían tenido eco.

En el primer Congreso Constituyente mexicano, en 1822, los diputados esgrimieron "cuestiones de la propiedad y de la iglesia [que] ejemplificaron el pensamiento liberal de la época". Por ejemplo, Carlos María de Bustamante arguyó que el bienestar de la mayoría de la población solo se podía lograr haciendo circular las tierras y las riquezas en manos muertas, y que el gobierno debía promover las iniciativas conducentes. Por su parte, el diputado Manuel Terán, creyente recalcitrante del individualismo, expresó que las tierras en manos de las corporaciones no eran trabajadas tan bien como lo harían los propietarios particulares. En fin, los hombres que planeaban el futuro de la naciente nación dejaron ver visos de una posterior particularización de los bienes de las corporaciones. En los primeros años independientes, la oposición conservadora y la clerical lo impidieron, ya que influyeron en la mayor parte de la constitución de 1824, donde se respetaban los bienes de la iglesia y sus respectivos fueros.

En el estado de Jalisco, donde existía cierta inclinación a perjudicar a las corporaciones, se dio un escenario de grandes luchas entre el poder estatal y el poder eclesiástico. El primer conflicto surgió por el artículo séptimo de la primigenia constitución jalisciense, donde el Ejecutivo tomaba "el derecho de fijar los gastos del culto y de manejar los dineros eclesiásticos". El cabildo del obispado alzó la voz y pidió se respetara la autonomía de la Iglesia, pero el congreso estatal no menguó en sus objetivos. La lucha continuó en libelos y opúsculos difamatorios de ambos bandos.

Los clérigos, tomando medidas más fuertes, se negaron a jurar la conflictiva constitución, que el congreso fijó el día 30 de noviembre de 1824. El asunto lo resolvió el gobierno federal, que dio su apoyo al clero. Pese a este arreglo, los conflictos entre la Iglesia y el congreso estatal continuaron.

Cuando Prisciliano Sánchez encabezó el gobierno jalisciense, su ideología liberal le granjeó conflictos con el clero. Sánchez atacó a los conventos en 1825, impidiéndoles adquirir capitales y ordenándoles pagar 1% sobre propiedad. Además, inició una campaña para repartir pasquines, en los cuales se difamaba al cabildo eclesiástico y todo lo que tuviera que ver con él. La Iglesia se defendió y al año siguiente logró, gracias a la presión realizada, que el congreso abrogara los decretos anticlericales. Sin embargo, Sánchez y su gobierno crearon una ley que impedía fundar nuevas capellanías, cuestión que no afectó una pasajera calma en los conflictos.

En el año de 1826 Prisciliano Sánchez volvió al ataque, emitiendo una ley que daba al gobierno la facultad de sugerir sacerdotes en sedes vacantes e impedir que otros (puestos por el cabildo eclesiástico) accedieran a tales puestos. El entonces líder de la mitra, José Miguel Gordoa, se opuso al decreto, pero el empuje estatal fue tanto que la ley continuó en funciones.

Entre tanto, en Colotlán, el padre Ignacio Suarez estaba enterado de los conflictos habidos en el centro del país y en la capital del estado. Con una visión muy clara de lo que se acercaba y, para no ser partícipe de venideros problemas, intentó vender los bienes que no necesitaba para el culto, acción que le traería fondos para terminar la nueva parroquia y evitar situaciones de desventaja en el futuro. Sin embargo, la viruela llegó a Colotlán trayendo muerte; además las crecientes del rio, fueron tan grandes que afectaron los cimientos de la iglesia de San Nicolás Tolentino. Ante estas catástrofes, el cura decidió invertir el dinero en reedificar tal templo y no en terminar la nueva parroquia. Aunque, debe decirse, si hubo adelanto en la fábrica de la inconclusa iglesia, pues se derruyó el frontispicio de la nueva parroquia, que era de estilo barroco, "tan tallado como el de la catedral de Zacatecas", para edificarse otro de estilo clásico, obedeciendo a las influencias clasicistas emanadas desde la fundación de la Academia de San Carlos. Esta corriente estilística existía en el siglo XVIII, pero es en la centuria decimonónica cuando "se le unen otros elementos también clásicos, no empleados anteriormente y la tendencia sigue como predominante hasta 1880". El proyecto de seguir vendiendo posesiones de la iglesia e invertir los fondos en la construcción de la nueva iglesia hubiera continuado si el padre Ignacio Suarez no hubiera muerto en 1829.

Pero en Guadalajara, 1827 fue el año en que el gobierno logró intervenir en los diezmos. Para 1829, el gobernador, José Ignacio Cañedo, impidió que la iglesia adquiriera nuevos bienes raíces. La Mitra tapatía estaba sin obispo desde la muerte de Juan Ruiz de Cabañas y Crespo, en 1824, por tal motivo, los ataques del gobierno surtieron mayor efecto en el obispado acéfalo. Solo hasta 1831, el papa nombró obispo a José Miguel Gordoa, pero este murió al año siguiente, dejando la situación casi igual.

En 1833, es el año de las reformas anticlericales fructificadas en el mandato nacional de Valentín Gómez Farias, donde la incautación de los bienes de la iglesia se discutía plenamente. En el estado de Jalisco, se expidió una ley sobre la desamortización de los bienes en manos muertas, "se declaraba la incapacidad de las corporaciones para poseer bienes raíces, se ordenaba la venta de fincas urbanas que poseyesen en remate judicial dentro de setenta días, y los que no se vendiesen en ese término, serían denunciables". La situación era caótica para la iglesia. Los conflictos, la intervención en los diezmos y la inestabilidad política impedían pensar en otra cosa que no fuera defenderse.

En Colotlán, el año de 1833 fue testigo de graves estragos en la población, pues el colera morbo llegó por primera vez a la región; fue un año aciago, pues "eran tantos los muertos que no bastaban las sepulturas, sino que abrían vallados, y hubo casos que venían muertos de los ranchos y los que venían cargando eran sepultados juntamente con el cadáver que venían cargando". De esta epidemia murió el héroe local de la independencia, don Marcos Escobedo, a la sazón alcalde del pueblo.

Dos años después, la población todavía se acordaba del cólera morbo, pero se recuperaba, tanto que se piensa en continuar la fábrica del templo inconcluso. El párroco de ese entonces, José Tadeo Suárez, informa al obispo que se reanudarán las obras, pues las arcas parroquiales tienen mil pesos y a través de una "invitación" al pueblo, logró que los colotlenses ayudaran con trabajo personal, carretas y limosnas. En este punto podemos ver la fe que el pueblo tenía en Dios y en su Santo Patrono, además del miedo característico a la divinidad por parte de una sociedad antigua, todavía muy arraigada en la concepción religiosa de la época colonial: después de haber sufrido una epidemia, los pobladores del pueblo, como gracia por haberlos dejado vivir, o como un sacrificio para no volver a recibir tales males, reanudan la edificación del templo. La construcción fue ágil e intensa en esos años, tanto, que el 5 de noviembre de 1836 se le pide al obispado un ayudante de párroco, pues este, con los trabajos de la edificación, no tiene tiempo para cumplir con los pobladores en los oficios del culto. En 1837, los habitantes de Colotlán, con su iglesia un poco adelantada, recibieron la visita del obispo de Guadalajara, don Diego Aranda. El jefe de la mitra tapatía realizó las actividades del culto y admiró la iglesia inconclusa.

Sin embargo, la terminación de la iglesia tuvo que esperar aún otros años. Esto propició que se diera mucho empeño por parte del párroco y su feligresía en la edificación del nuevo templo, y por tales motivos, los terrenos del antiguo convento franciscano pertenecientes todavía al clero, se descuidaron, quedando ruinosas las viejas edificaciones y poco cuidadas en su mantenimiento.

En la capital del estado, las reformas de 1833 fueron abrogadas por los conservadores en un movimiento nacional encabezado por Antonio López de Santa Anna. Cabe resaltar que se suscitaron varios conflictos entre los liberales jaliscienses y los conservadores, y a tanto llegó la problemática que el mismo Santa Anna decidió trasladarse a reprimir a los inconformes tapatíos, llegando a Guadalajara el 6 de marzo de 1835. Pero la llama de la reforma en los bienes estaba prendida y algunos continuaron elucubrando planes para llegar a tal fin.

En Colotlán hubo personas interesadas en la desamortización de los bienes, claro ejemplo de esto sucedió en marzo de 1839, cuando Alejo Campos, avecindado en la villa norteña, denunció algunos predios "que corresponden a la nación", y "en el día lo más están arruinándose". Además, argüía en su favor que tales terrenos habían pertenecido a los frailes, pero que el clero secular se había adueñado de estos sin derecho alguno, pues no tenían los títulos y, los fines a que estuvieron destinados esos predios (es decir, la evangelización) habían desaparecido. Por tales motivos, Alejo Campos ofrece "rendir pruebas hasta convencer el derecho de la hacienda pública, en cuyo obsequio se servirá usted mandar practicar las diligencias de estilo, dando por presentada y admitida esta mi denuncia que apoyo en la ley su virtud pido justicia".

La denuncia fue hecha al juez de Distrito, quien mandó la información al juez de Primera Instancia, del partido de Colotlán para que hiciera lo necesario y continuara la investigación. Este, ordenó llamar a uno de los vecinos más antiguos del pueblo para que diera declaración sobre los predios. El agraciado fue don Agustín Ramos, quien dijo que todo terreno señalado por Alejo Campos era de los antiguos evangelizadores, además de incluir en estos los predios donde se construía la nueva iglesia.

Agrega que los seculares habían abandonado los cuidados de los terrenos citados (a excepción de donde se construye el templo) y que, sin títulos, se han apropiado de ellos, claro, sin consentimiento del gobierno. La información fue enviada al juez de Distrito, que inmediatamente mandó el caso al juez de capellanías y obras pías, para que este "dicte las providencias que corresponden".

El juez de capellanías y obras pías decidió que el párroco de Colotlán diera un informe sobre el asunto. Así, el 12 de agosto de 1839, el cura don José Tadeo Suarez elaboró un escrito en el cual defendía la propiedad del terreno de la nueva iglesia; con respecto a los otros, argumento que se podrían vender, como anteriormente lo había hecho su antecesor, el padre Ignacio Suarez.

Con esta respuesta, José Tadeo Suarez logró defender los bienes del clero en la localidad de Colotlán, pues además de su rápida resolución, tenia de su lado el apoyo conservador del gobierno jalisciense encabezado por Antonio Escobedo, "a quien le correspondió dar a conocer las llamadas Siete Leyes Constitucionales, que fueron proclamadas en la ciudad de México el 30 de diciembre de 1836". Esta coyuntura de un poder estatal conservador y de unas leyes en favor del clero y en contra de la reforma liberal, impidió que Alejo Campos lograra su propósito de quedarse con los bienes de la iglesia colotlense.

Pasada la tempestad de este ataque, el padre Tadeo Suarez decidió quedarse con los bienes en conflicto. En apoyo al centralismo y al conservadurismo, y como agradecimiento al apoyo del gobierno antiliberal, el pueblo de Colotlán envió cincuenta hombres a defender el centralismo a Guadalajara, donde se encontraban los rebeldes federalistas encabezados por Paredes Arillaga, quienes, en contra del régimen santanista, decidieron parapetarse en la capital tapatía y luchar en contra de la corrupción del gobierno centralista.

El fin de un largo recorrido

Los años siguientes fueron de mucha inestabilidad en el ámbito nacional, cuestión que llegó a afectar la construcción de la parroquia de San Luis Obispo y al mismo pueblo de Colotlán. En 1845, la guerra con Estados Unidos paralizó las tareas en la edificación del nuevo templo: la mano de obra y los dineros escasearon. La leva resultó dañina para el pueblo, pues no fueron pocas las que se hicieron en la región.

México perdió la guerra con Estados Unidos, y en los Tratados de Guadalupe, la antigua colonia española perdió los territorios de Texas, Nuevo México y Nueva California, a cambio de una mísera indemnización desembolsada por el engrandecido vecino del norte. La situación se volvió caótica; los cenáculos de intelectuales discutían algún remedio y varios trataron de poner fin al caos en que se vivía, por ejemplo, Lucas Alamán, que dijo: "perdidos somos sin remedio si la Europa no viene pronto en nuestro auxilio".

En Colotlán, los acontecimientos que marcaban la conciencia de la población eran otros: en 1849 llegó al pueblo Andrés López de Nava, el nuevo párroco. Poco antes había arribado Basilio Terán, presbítero que dejaría huella en la gente de esta región. El padre Andrés López tuvo cierta fama en la región, pues sus conflictos con el general Jesús González Ortega, liberal y reformador recalcitrante, llegaron a tener mucha difusión en los estados de Zacatecas y Jalisco. Pero el inicio de su periodo como párroco fue difícil, pues en 1850, solo un año después de haber tomado el puesto, el cólera invade por segunda vez Colotlán. La gente se siente aterrada y organiza muchas procesiones para paliar los males. Entonces sucede un milagro para la sociedad colotlense: San Nicolas Tolentino, el santo de uno de los barrios del pueblo comienza a llorar. Los testigos avisan al cura López de Nava el portento, pero este, jugando billar, no les hace caso. A fuerza de insistencia lo hacen salir del local donde se encontraba y lo llevan al templo. Al ver a la Virgen llorando, el cura decide hacer rogativas e investigaciones sobre el caso. Este milagro sirvió para animar a los colotlenses, pues la situación en el pueblo era caótica, las muertes y las enfermedades eran comunes.

La construcción de la iglesia estaba totalmente parada; para colmo de los males, dos años después del cólera, hubo una inundación a causa del rompimiento de una presa, que se llevó varias huertas, casas y cosechas. Pero la población todavía tenía interés en terminar el templo parroquial; sin embargo, durante esos años, la posible mano de obra en la construcción escaseaba, ya que el gobierno del estado ordenó se formara, en 1852, una cuadrilla para tratar de capturar a Manuel Lozada, que en esa época andaba por la región. Muchos de los hombres del pueblo fueron enviados a los poblados cercanos, llegando a 800 el número de habitantes empleados en tales tareas. Esto es alarmante, si consideramos que Colotlán contaba con 2,758 habitantes. Así, pues, quedaron solo 1,985 pobladores, entre hombres, mujeres y niños.

En 1855, en Guadalajara se expedía la Ley Degollado, que ordenaban la desamortización de los bienes de las corporaciones solo en la antigua capital novogalaica, pero un año después, la Ley Lerdo, emitida en junio, ordenó "la venta de bienes raíces de todas las corporaciones, ya fueran civiles o eclesiásticas", en todo el territorio nacional. Esta ley provocó la ira de la Iglesia. El obispado de Guadalajara, en principio, no reclamó, pero poco después, alzó la voz en contra del mandato.

El clero en Colotlán, como ya hemos visto, no era ajeno a vender sus bienes, por tales motivos, pensamos que el párroco Andrés López de Nava y el presbítero Basilio Terán, aprovecharon la Ley Lerdo para vender las propiedades más arruinadas e iniciar la terminación del nuevo templo, pues siete años después, la edificación estaba ya concluida. No hemos encontrado testimonio que nos aclare si se vendieron o no los predios en esta época, pero a manera de hipótesis, es posible pensar que las ventas de los terrenos hayan contribuido a la anhelada terminación del templo.

Fueron siete años los que pasaron de la Ley Lerdo a la conclusión del templo. Basilio Terán estuvo a cargo de la obra, mientras Andrés López de Nava se peleaba en folletos con Jesús González Ortega. El arquitecto encargado de la fábrica fue José María Martínez, que retocó la fachada dándole la apariencia neoclásica que antaño se le había intentado dar. El 27 de junio de 1862 el padre Basilio Terán pide al arzobispado de Guadalajara la autorización para bendecir el templo, la cual fue concedida el 8 de septiembre del mismo año. Así, en ceremonia solemne, en medio de la algarabía

del pueblo por la culminación de una historia iniciada muchos años atrás, Basilio Terán bendijo la parroquia. El cura Andrés López de Nava, no fue quien solicitó la licencia, pues su estado de salud era muy delicado y, poco antes de llegar la venia del obispo, falleció; este hecho se verificó el 19 de agosto de 1862, "a las dos de la tarde"; la causa de la expiración fue "una fuerte vasca y evacuación de sangre, originados sin duda ambas cosas de lo mucho que tuvo que sufrir en la malhadada sierra de Álica". Pese al luto, la sociedad colotlense tenía lo que muchos años había anhelado, lo que largo tiempo peleó: el templo de San Luis Obispo estaba totalmente concluido.


Algunas palabras finales

Varios son los puntos genitivos de reflexión en este trabajo. En principio, es necesario resaltar la importancia de la construcción del templo parroquial colotlense: desde la época colonial hasta pasada la primera mitad del siglo XIX, varias generaciones hicieron suya la tarea de edificar la iglesia; esto nos conduce a creer que la tradición y el ideario colectivo se heredaron por lo cual, el interés por concluir el recinto espiritual continuó en la población de Colotlán. Desde su nacimiento, el colotlense vivía con la inquietud de tener terminada una majestuosa obra arquitectónica; durante toda su existencia tenía presente esa ilusión y, a pesar de su impotencia para ver el templo concluido, no perdía las esperanzas y heredaba tal ideal a sus hijos. En sí, la terminación de la iglesia de San Luis Obispo no se hubiera hecho realidad sin la transmisión del padre al crío. Esto se asemeja a la transmisión de los conceptos, de la moral, de la ideología, del modo de pensar, etcétera. Durante esos 88 años que duró la construcción de la iglesia, cada colotlense tenía una misión hereditaria: estaba predestinado a concluir la fábrica del templo.

Por otra parte, en varios momentos del desarrollo de este trabajo, notamos una conciencia histórica de gran raigambre en el pueblo colotlense. Los informes de Calleja y de Victoriano Roa, basados en pláticas con los habitantes, nos hacen pensar que los pobladores de dicha región tenían un conocimiento amplio de su universo microhistórico. Los mismos Alejo Campos y José Tadeo Suarez, en sus declaraciones, hablan de los antiguos franciscanos y de la evangelización, cuestión que nos demuestra una conciencia bastante avanzada del pasado local. Debemos recordar que, en estos tiempos, no existían historiadores preocupados en la historia matria y el conocimiento se transmitía por tradición oral o por el interés del pueblo en los archivos, practica, esta última, muy dudosa. Asimismo, atisbamos en el trayecto de la edificación una sociedad jerarquizada por la autoridad parroquial, además de un respeto a los ancianos sabedores del pasado que, incluso, intervienen en asuntos jurídicos, como fue el caso de Agustín Ramos, quien declaró, como persona de saber, todo lo respectivo a los predios en conflicto.

El templo de San Luis Obispo también es un testimonio de la historia de la arquitectura en México, ya que su largo recorrido para llegar a su conclusión, es un ejemplo de los momentos estilísticos de la época. Cuando inicia su construcción, la principal vertiente era la barroca, pero poco después, el clasicismo comienza a tomar auge. Seguramente, los pobladores de Colotlán, por su cercanía con Zacatecas y los magníficos ejemplos que allí hay del barroco, pensaron en hacer su iglesia de acuerdo a dicho estilo, pero, con el embate neoclasicista, trocaron el estilo arquitectónico.

En sí, podemos ver en la iglesia de Colotlán un neoclásico, pero, debemos recordar que en un principio se planeó y se llegó a tener un frontispicio barroco. La moda estilística reinante en el siglo XIX impidió se concluyera con la primigenia apariencia barroca. En este punto podemos concluir que el templo de San Luis Obispo es un ejemplo de la transición de dos estilos arquitectónicos.

Antes de terminar los comentarios sobre el estilo arquitectónico del templo, debemos aclarar que el neoclásico colotlense, como muchos otros de la República, no fue estrictamente tal, ya que "toda arquitectura del siglo XIX es ecléctica, aun la llamada neoclásica, se trata pues de grandes parentescos.

En el templo de San Luis Obispo podemos ver un recinto religioso, pero también, un núcleo de tradición. Las costumbres que ancestralmente se realizaban, continúan hoy en día. En el templo es donde se resguardan las raíces del pueblo; el Santo Patrono, con su significación evangelizadora impuesta por los franciscanos, es vivo ejemplo de aquellos tiempos azarosos donde los españoles peleaban fieramente con los indios indómitos chichimecas.

En el desarrollo de este trabajo pudimos observar los momentos de convergencia y divergencia entre la historia nacional y la local. Es de notar que los acontecimientos del país influyeron en el devenir del pueblo, pero debemos subrayar que los hechos que marcaron con mayor impronta el universo micro histórico, fueron los de corte bélico y religioso. Esto porque la guerra, como proceso nacional, afecta las vías de comunicación y los intereses locales. Por su parte, las cuestiones religiosas (desamortización de los bienes) influyeron en Colotlán porque era un centro espiritual católico: lo que afecta al obispado de alguna manera llega a modificar algunas cosas en las parroquias. Fuera de estos rubros, el desarrollo histórico de Colotlán marchó con cierta independencia; las particularidades climáticas y económicas regionales, fueron las que marcaron el devenir de nuestro objeto de estudio. Así, podemos concluir con la frase de Pilippe Ariés: "La historia particular es muy distinta de la historia total o colectiva".

También es necesario hacer notar la importancia de la economía en la creación artística, pues a los momentos de superávit local o regional, corresponde un mayor adelanto de la construcción. Debemos tomar muy en cuenta la participación civil en la edificación, pero, sobre todo, las sumas aportadas por el clero colotlense, sin ninguna participación del obispado. Podemos decir entonces que la iglesia de San Luis Obispo fue comunal y local. Por último, queremos recalcar que la edificación del templo de San Luis Obispo significa para el pueblo colotlense un monumento de identidad, una obra arquitectónica digna de presunción. El empeño y los tantos años gastados en la construcción, valían la pena, pues al quedar terminada la iglesia, la gente tendría una mole de piedra que perduraría, que trascendería y tendría vida propia, mucho más larga que la de los constructores. Esto es, el templo de San Luis Obispo significó la inmortalidad de sus creadores.


Fuentes

Archivo del Arzobispado de Guadalajara. Cajas correspondientes a la parroquia de Colotlán.

Archivo General de Simancas, legajos 7050, expediente.

miércoles, 26 de abril de 2023

ENTRE LOS ALTOS DE JALISCO Y LOS CAÑONES

En el libro "Historia del Reino de la Nueva Galicia" coordinado por Thomas Calvo y Aristarco Regalado Pinedo y publicado en el año 2016 por la Universidad de Guadalajara, además de todo el contexto histórico de la conquista y los pasos lentos que consolidaron la construcción del reino, hacen un recuento de los límites territoriales que comprendían en esa época, en la parte norte de lo que hoy es el estado de Zacatecas y cómo se dio en este entendido la fundación de los pueblos del norte de Jalisco, seguramente en esa conexión que todavía hoy nos une con Guadalajara y con la minera ciudad de Zacatecas, distintas rutas que trazaron aquellos primeros pobladores españoles dieron por donde estaba inmiscuida esta región norte de Jalisco:


Guadalajara, con su fundación en las cercanías de Nochistlán y con su tercer cambio a Tlacotlán, en el lado norte de la barranca del río Grande de Santiago —antes de su fundación definitiva en el valle de Atemajac en 1542—, por tradición, podía considerar los Altos de Jalisco y la región de las sierras, barrancas y cañones de Jalisco y Zacatecas como su zona de influencia natural; no obstante, durante el siglo XVI los vecinos de la ciudad adquirieron tierras más bien hacia el sur, en el valle de Tala, en la jurisdicción de Etzatlán, por Ameca, y en las partes septentrionales de la provincia de Ávalos; o minas por Etzatlán y en la sierra de Nayarit.

Hacia el norte, la profunda barranca en que corría el caudaloso río Grande de Santiago era el obstáculo principal; en los Altos, la cadena de encomiendas y mercedes de tierras de Juan de Zaldívar Oñate, al otro lado del río Grande, y la presencia de aguerridos guachichiles que en más de una ocasión hicieron avances hacia Guadalajara, funcionaron como barreras que frenaron por largos años la expansión desde la capital hacia el oriente, a pesar de que los pobladores que por fin lograron asentarse en esta región nunca dejaron de orientarse hacia Guadalajara. La única zona donde hubo un impacto fuerte era la ribera norte del lago de Chapala y las tierras fértiles entre Juanacatlán y La Barca.

Los pocos hombres y mujeres que se aventuraron a los cañones y a los Altos, a pesar de ocupar espacios geográficos muy diferentes, con el tiempo tuvieron en común que, tras iniciar como simples estancieros y labradores, desarrollaron la cultura de los rancheros y de los grandes hacendados del occidente.

El débil apoderamiento de esta vasta zona durante los años treinta se desvaneció con las consecuencias de la batalla de Mixtón. Muchos de los caxcanes sobrevivientes de los cañones, de Nochistlán y Teocaltiche huyeron hacia la inaccesible sierra de Nayarit y otros más cayeron presos y terminaron como esclavos o, como medida preventiva, obligados a cruzar la barranca y a instalar pueblos nuevos en el valle de Tala, donde era más fácil su control. Algunos de estos indios cautivos lograron regresar hacia finales de la década, para toparse con el problema de que, en El Teúl, Tepechitlán, Tlaltenango, Juchipila, Jalpa, Nochistlán y Teocaltiche ya existían nuevos pueblos y con una población congregada, dominada por antiguos combatientes originarios del centro de la Nueva España, que habían venido con el ejército del virrey Mendoza.

Conociendo la presión que los colonizadores ejercían sobre sus milpas en sus tierras natales, al término de las actividades bélicas estos inmigrantes indios no regresaron a su hogar, sino que ocuparon los campos de cultivo de los caxcanes. Además, las tierras de que no se apoderaron estaban a punto de caer en manos de estancieros y labradores españoles. Para colmo, toda la región de conflicto, entre 1546 y 1548, fue azotada por una epidemia que costó la vida a muchos.

Las nuevas autoridades, sobre todo alcaldes mayores y corregidores, en compañía de encomenderos feroces, algunos clérigos seculares y los incansables franciscanos supervisaban de cerca estos cambios radicales. Querían que la población indígena viviera en policía y cubriera sus obligaciones tributarias en beneficio de la Real Hacienda, un cierto número de individuos beneméritos y la Iglesia, además de ser mano de obra de bajo costo.

En los Altos, por su parte, sobre todo en la parte occidental, los tecuexes que participaron en la guerra de 1541, que no murieron durante los enfrentamientos contra el ejército del virrey Mendoza (en los peñoles de Coina y Acatic), fueron herrados como esclavos y vendidos en la ciudad de México o congregados en pueblos de encomienda de los cuales la mayoría, poco a poco, pasó a manos de Juan de Zaldívar Oñate. Éste, entre 1550 y 1570, logró formar un verdadero señorío de encomiendas y estancias, cuyo centro era el pueblo de Santa Fe.

Por el contrario, la futura jurisdicción de Santa María de los Lagos y la parte oriental de La Barca, en el sur, hasta bien entrado el siglo XVII contaban con pocos pueblos de indios. No obstante, ya antes de 1550 aparecieron en los límites con la Nueva España las primeras estancias de criadores de ganados mayores, entre ellas las de Cristóbal de Oñate, Diego de Ibarra y Juan de Zaldívar Oñate, sobrino de Cristóbal. Pocos kilómetros más al oriente, en tierras que correspondían a la jurisdicción de la Nueva España, hacia estos años se instalaron otros agronegocios de este tipo, con dueños que radicaban en la ciudad de México y que por orden del virrey sacaron su ganado del valle de México.

Con esta medida don Antonio de Mendoza quiso evitar otra sublevación, que por el aún significativo número de naturales en los alrededores de la capital hubiera tenido un peor desenlace como aquel acaecido en la Nueva Galicia. De esta manera, hacia 1550, en el oriente de la Nueva Galicia apenas existían los pueblos de indios de Teocaltiche (encomienda de caxcanes) y sus sujetos, y Jalostotitlán, a los cuales se sumaban algunas rancherías de tecuexes e indios mexicas, tlaxcaltecas, tarascos y otomíes que eran del ejército de Mendoza y que habían elegido espacios vacíos como su nuevo hogar. No hay información de conflictos entre ellos y los españoles, sino, más bien, se hicieron aliados para repelar los ataques por parte de grupos de guachichiles y guamares que a partir del año siguiente azotaron la región.

Esta situación algo idílica cambió con el vertiginoso desarrollo de la actividad minera en Zacatecas y su zona circunvecina, que demandaba abasto de todo tipo, sobre todo porque hasta terminar los años sesenta nuevos pobladores producían muy pocos víveres, por lo cual éstos se traían en pie (ganado) o mediante mulas y pronto también en pesados carros desde otras regiones, en primer lugar desde el Bajío (entre 200 y 350 kilómetros), el norte de Michoacán (entre 300 y 400 kilómetros) y desde los Altos y los cañones (entre 100 y 250 kilómetros).

Muchos pueblos de indios y criadores de ganados y labrados de los cañones y de los Altos pronto supieron aprovecharse de la cercanía privilegiada que les daba su ubicación. Al mismo tiempo se formó el Camino Real de la Plata, entre México y Zacatecas, recorrido por largas caravanas de pesados carros tirados por bueyes y por las ágiles recuas de mulas que en la ida estaban cargadas con mercancías traídas de Europa o de la tierra, para regresar con lingotes de plata, papeles de la Real Hacienda y cartas de funcionarios y particulares. Menos movimiento de este tipo hubo en los caminos entre Guadalajara, el centro administrativo de la Nueva Galicia, y Zacatecas. Había tres: el que pasaba por El Teúl, Tepechitlán y Tlaltenango, el más largo pero el más seguro, porque en gran parte de su trayecto estaba alejado de los chichimecas; el segundo recorría el cañón de Juchipila y era más agreste; y por último el tercero, el más expuesto, cruzaba los Altos y se fusionaba poco más al norte de la futura villa de Aguascalientes con el Camino Real de México.

Para darles más seguridad a estos viajeros y como simientes de una ocupación, la Corona, los virreyes y las dos Audiencias reales en México y Guadalajara instalaron en la Nueva Galicia —y en la Nueva España también— una serie de presidios (para el camino de Guadalajara por los Altos: Ciénega de Portugal, 1569; para el camino desde el Bajío y Michoacán: Comanja, 1576; para el camino desde México: Ojuelos, 1570, Bocas de Gallardo, por 1562, Ciénega Grande, en 1564 o en 1570/71, Tepezalá, 1575, Cuicillo, por 1562, y Palmillas, por 1562; para los caminos por los cañones: Tlaltenango, 1580, Colotlán, en las inmediaciones del pueblo de Santa María, por 1580 y de nuevo en 1591, y Malpaso, 1570) y fundó en lugares estratégicos poblaciones defensivas (para los caminos por los Altos: Santa María de los Lagos, como villa y presidio, en 1563; y Aguascalientes, como villa y presidio, en 1575; para los caminos por los cañones: Jerez, como villa y presidio, en 1570),55 además de conceder a españoles y mestizos numerosas mercedes de tierra —o hacerse de la vista gorda en casos de ocupación por la fuerza— para promover la cría de ganado mayor, caballar y caprino y la siembra de cereales, árboles frutales y hortaliza, en primer lugar.

Estratégicamente y para dar un futuro estable a los Altos, la fundación más relevante fue la de la villa de Santa María de los Lagos en 1563, localizada en un valle fértil, con mucha agua, como el nombre ya lo dice, y en una de las rutas más relevantes para abastecer las minas de Zacatecas, San Martín y Sombrerete.

Servía como lugar de descanso intermedio en las rutas Guadalajara-Zacatecas y oriente del Bajío y Michoacán-Zacatecas. Pronto se convirtió en el núcleo para promover la ocupación humana y agropecuaria permanente de esta región que hasta el momento estaba algo desolada y nunca había sido atendida por los oidores de Guadalajara. Por 1575 se volvió sede de su propio alcalde mayor, año en que ya había adquirido el estatus de centro de redistribución para los colonos que se asentaban en estas partes. En vista de la acelerada ocupación del valle de León por ganaderos novohispanos, Lagos funcionó como una muralla para frenar las aspiraciones de los virreyes y de la Audiencia de México que querían extender sus límites, así como había sido 30 años antes el origen de la villa de la Purificación, en el sur. Que las autoridades en México tenían malas intenciones en este aspecto ya se había comprobado durante el pleito entre el virrey Velasco y la Audiencia de Guadalajara por las minas de Comanja en 1561.

El nuevo núcleo urbano tenía todo por ganar. Hernán Martel, alcalde mayor de Los Llanos y Teocaltiche y encargado de la fundación, logró juntar a entre 56 y 73 hombres, jefes de familia o solteros, tanto españoles como criollos y mestizos. Muchos eran originarios de la región, pero otros más vinieron de las minas de Guanajuato y de las ciudades de Guadalajara y México, de otras partes del virreinato y unos pocos directamente de España.58 Primero levantaron un presidio y, en los solares asignados, sus casas particulares que parecían fuertes.

En seguida se distribuyeron terrenos para huertos; el proceso de reparto de mercedes de tierra inició poco después. Durante los primeros años, las condiciones fueron bastante adversas en atención a que los enfrentamientos con los guachichiles y guayares, a quienes se les declaró «la guerra a sangre y a fuego», siguieron en aumento. Por eso, en 1572 quedaban apenas 20 vecinos, cuya cifra se recuperó a 40 en 1578, para decaer en 1604 a 15 o 20, pero era «gente rica los más de ellos». Además, la última cifra es algo engañosa. Aprovechando la pacificación de la Gran Chichimeca durante los años noventa, varias familias cambiaron su residencia a Jalostotitlán y a sus estancias, puesto que ya podían radicar con tranquilidad en las afueras de la villa y levantar con importantes inversiones una infraestructura que en algunos casos sirvió como núcleo de los cascos de haciendas y ranchos ganaderos y de labores que por siglos caracterizarían la región.

Así lo confirmó Lázaro de Arregui para el año de 1621, cuando describió la alcaldía mayor de los Lagos, que es de las mejores que se proveen en este reino, y su jurisdicción de las más ricas por las grandes estancias y crías de ganados que hay en toda ella y labores de maíz, y otras cosas así del campo, en que se aventaja mucho aquella tierra a lo restante del reino así por ser los campos muy largos, limpios y bien dispuestos […] parece que sus pobladores dieron en esa granjería, y fueles tan bien que llegaron a tener gran número de ganados.

Acerca de la villa de Los Lagos explicó que «tiene más de 30 vecinos españoles sin los que viven en estancias cerca de ella, y los más son hombres ricos y de muy saneadas haciendas. Tiene un clérigo cura, y su beneficio es el mayor del reino por la grosidad de los diezmos».

Entretanto, por Teocaltiche y Nochistlán y en los cañones, donde muchos de los pueblos de indios fundados durante los primeros años de la época virreinal lograron mantenerse en 1604 todavía, una cantidad reducida de españoles y mestizos había ocupado muchas tierras en las cercanías de los numerosos ríos y arroyos. Ahí, estos pobladores mismos y sus peones —o con ayuda de los indios locales— sembraban con y sin irrigación una gran variedad de granos y frutos de la tierra y del Viejo Continente y criaban ganado mayor, mulas, burros y puercos —los corrales de gallinas y pavos eran más bien de indios, que así pagaban parte de su tributo—. Esta producción, casi en su totalidad, tenía su destino en el insaciable mercado de Zacatecas y los otros reales del norte.


sábado, 1 de abril de 2023

Merecida distinción al Ingeniero Javier Ramirez Romo

Por: José Alonso Serrano Campos

El pasado jueves 30 de marzo de 2023 en el marco del Encuentro de Especialistas del norte de Jalisco y sur de Zacatecas, fue homenajeado el maestro Javier Ramírez Romo, distinguido docente del Centro Universitario del Norte (CUNorte), cuyo evento se llevó a cabo en el edificio “Casa Hidalgo” de Colotlán, Jalisco.

El maestro Ramírez Romo nació en San Miguel el Alto, Jalisco desde los siete años radicado en Guadalajara, de origen campesino y costumbres pueblerinas, la vida en sus primeros años fue difícil, emigró a la ciudad con su madre cuando falleció su papá.

En aquellos años fue vaquero y por la necesidad entró a trabajar de mozo en una tienda de modas en pleno centro de la ciudad, ahí terminó por cuenta propia su educación primaria en escuela nocturna, trabajó en la Secretaría de Hacienda, luego de una pausa en sus estudios continuó la educación secundaria en la escuela “Ricardo Flores Magón”, era por cooperación y también nocturna.

Sin volver a interrumpir sus deberes de estudiante, entró a la prepa 2 de la U. de G. nocturna, su idea era estudiar filosofía y letras, amistades le recomendaron “que se moriría de hambre” y decidió estudiar Ingeniería Industrial. Fue inmediatamente al egresar cuando lo invitan a dar clases en la misma facultad.

Dejó Hacienda, se fue a la industria y siguió dando clases en la antigua facultad de ingeniería, al formarse la Red Universitaria se hizo el Centro Universitario de Ciencias Exactas e Ingeniería, entonces estudió la Maestría en Análisis de Sistemas Industriales, en CUCEI por problemas políticos lo obligaron a dejar la universidad por cuatro años.

En 1998 se reincorpora a U. de G. al sistema medio superior como técnico académico, en 2000 vino a conocer Colotlán y la región, iba caminando la adquisición del terreno del futuro CUNorte y se optó porque fuera en Santiago Tlaltelolco, oficialmente se incorporó a Colotlán en marzo del año 2000 para iniciar clases en septiembre en Casa Hidalgo, empezando a hacer promoción del campus universitario de aquella época.

Cuatro personas fueron las primeras en sentar las bases de la gran infraestructura que hoy es el centro universitario del norte: el doctor Cándido González Pérez como primer rector, Mario Ruiz Ortega como coordinador de control escolar, José Guadalupe Ramírez Pérez en programas docentes y el homenajeado Javier Ramírez Romo en el área de servicios generales.

Siempre amistoso y muchachero, el Inge Javier conoció gente del pueblo y su manera de pensar y de vivir, habido por leer las publicaciones de la región, conoció más a fondo lo que es la zona norte de Jalisco, “una región que tiene su propia idiosincrasia”, afirma.

Diciembre de 2001 se cambiaron a las actuales instalaciones de CUNorte, rentaban plantas generadoras de electricidad con gasolina, fosa séptica, con pipas de agua se llenaban los depósitos mientras se construyó el poso artesano y las instalaciones de electricidad, el internet empezaba, era una zona bastante aislada, “nos veían como ‘conquistadores’ pues éramos gente ajena a sus intereses”, por consigna siempre de traje porque era la imagen de la universidad.

Se fue ganando el respeto y simpatía de la gente, pronto la población y los alumnos se dieron cuenta que venían a servir, pero fue todo un proceso. Se involucró con personalidades de la región, cronistas y escritores, recuerda que en Huejucar le ofrecieron libros, unos comprados y otros regalados y disfrutó algunos ejemplares del emblemático periódico de “Mi Pueblo”, incluso tuvo la fortuna de publicar en ese periódico.

Sin proponerse, pero buscándolo, trabajó con los cronistas de la región, formó parte de los inicios del encuentro de especialistas de la zona norte de Jalisco hace 18 años. Recuerda que “el cronista se interesa por las historias del pueblo, la cotidianeidad, esos incidentes o hechos que no trascienden tanto a la historia nacional pero que son importantes para la gente común”.

Gran inspirador de las generaciones que le siguen, inspira a seguir construyendo la historia de una región, del estado y del país, para conocer esas historias y darlas a conocer, motivando a que sigan investigando y rescatar la historia, “que lo expongan para que nosotros conozcamos” nos dice.

En el primer encuentro expuso sobre un escritor de la región, Flavio Godínez Márquez, prosista y poeta, ha llevado al salón de clases sus vivencias, convencido del talento de alumnos y egresados, reconoce sus capacidades, “me encanta enseñarles a que se sientan profesionistas, a que sean profesionales”.

El Ingeniero Ramírez Romo compartió: “Un inmerecido reconocimiento que agradezco enormemente, yo haciendo mi trabajo, dando clases soy feliz, investigando y hablando con la gente, enormemente agradecido, no es solo a mi persona, a toda la gente que estuvo desde un principio”.

Más de 15 años de convivencia y contento con la institución y con la región, el ingeniero Javier se mostró conmovido y así finalizó su intervención ante los asistentes: “qué bueno que vine a esta zona, a esta región”.

Felicidades al gran profesor y lamentamos su partida de este mundo el 2 de junio de 2023, descanse en paz gran ser humano.

jueves, 30 de marzo de 2023

Primer libro parroquial de Santa María de los Ángeles

Por: José Alonso Serrano Campos
Hurgando en los archivos más antiguos con que cuenta la parroquia de Colotlán, doy con un libro en que se asientan partidas de bautismos que se hicieron en el pueblo vecino de Santa María de los Ángeles, en aquel tiempo era ayuda de parroquia de la iglesia de Colotlán en el año de 1785.

En él se leen las primeras notas de bautismos que se llevaron a cabo por los sacerdotes que sirvieron a la iglesia perteneciente aún a la Arquidiócesis de Guadalajara, al igual que la Parroquia de Colotlán, los sacerdotes fueron Vicente Ramírez y Luis Gómez, dedicando este sacramento a indios vecinos de ese pueblo.

La primera hoja muestra varios bautizos pero llaman la atención dos de ellos, se bautizaron a dos recién nacidos en el mes de enero, concretamente el día 27 de enero, al niño José de Jesús, hijo de José María y de Juana Bibiana, sin apellidos por el origen indio, no se ponían los nombres completos de los participantes, pues los padrinos Domingo, José y Teresa tampoco fueros inscritos sus apellidos.

Le sigió el segundo registro de una niña de padres no conocidos, puso por nombre María Agustina, a su madrina le advirtió su obligación y el parentesco espiritual, a un costado se lee que eran indios.

Lo más interesante está en un texto introductorio luego de la pasta desgastada y la primera hoja útil con la leyenda citada en el primer párrafo de este texto, enseguida se trata de un escrito que a continuación transcribo:

“En veinte días del mes de enero de mil setecientos ochenta y cinco, el Vicario Don Vicente Ramírez, Cura por su majestad comisario del santo oficio de inquisición de México, Vicario, Juez Eclesiástico de este Partido de Colotlán, por el excelentísimo y reverendo señor maestro Don Señor Antonio Alcalde del Sagrado orden de Predicadores dignísimo Señor Obispo de Guadalajara, nuevo Reyno de la Galicia del Consejo de su majestad mi señor. Ataviando su S. J. y Reverenda Concedido Licencia por que puede erigirse la Iglesia de Santa María de los Ángeles, filial a esta Parroquial de Colotlán en ayuda de este encomendado, con las condiciones de los doce solares que indios de este pueblo prometieron dar a las doce A (texto en fragmento de hoja destruido) de españoles, y otras de las diligencias por otros están y están por principio del Libro de Cofradía del santísimo sacramento de este pueblo. Por tanto, al señor cura y vicario hizo esta creación de la parroquia en el día diez y seis del corriente, de pila bautismal, crismeras adornadas de los santos óleos, consagró agua en santa pila. Sacó en solemnísima procesión a el divinícimo señor sacramentado en su custodia, y le depositó después en su sagrario haciendo las funciones de dignísima correspondencia y de sermones, en que se recomendó el culto y veneración de tan alto misterio. Se puso ministro que asistiera aquella administración para cuidar subsistencia prometieron los individuos de aquel pueblo concurrir con doscientos p. animales, como consta por escritura, que celebraron, y se haya en el archivo de esta parroquia, con las otras condiciones, que de ellos constan. Y para que así conste puse esta razón y la firmé en este día, mes y año. Firma Vicente Ramírez."

Queda como noble legado histórico a la vida parroquial del municipio vecino de Santa María de los Ángeles y a su rico pasado inscrito en este antiguo libro.

martes, 14 de marzo de 2023

Comunicación Social en 2009 un honor

Por: José Alonso Serrano Campos

Viene a mi memoria con este informe que aquí comparto, del área de Comunicación Social del Gobierno Municipal de Colotlán en el año 2009, la fortaleza y el mejor momento que gozaba la oficina a mi cargo al cabo de dos administraciones municipales, fueron seis años consumados de un excelente trabajo por parte de mi equipo de colaboradores, una casi perfecta vinculación entre servidores públicos y los ciudadanos a través de los distintos medios de comunicación. Al paso de los años leo con satisfacción la enorme labor realizada, piezas clave que a los años siguen muchas de estas acciones vigentes, otras tantas fueron eliminadas y algunas cuantas tuvieron que ser adecuadas. Aquí parte de la historia:

Gobierno Municipal de Colotlán, Jalisco

2007-2009

Tercer Informe de Gobierno

Comunicación social

1/DIC/2009.- Difundir y promover las acciones y programas del Gobierno Municipal de Colotlán, Jalisco entre la comunidad en general, coordinar la buena relación con los medios de comunicación locales, regionales y estatales, buscar establecer vínculos con fundaciones, asociaciones, organismos y demás instituciones que promuevan y apoyan el desarrollo del pueblo fue la bandera de esta oficina en 2,863 servicios desglosados en las líneas siguientes:

Además de facilitar la relación entre la autoridad y los medios de comunicación, para así tener una mejor vinculación con la ciudadanía, se ha trabajado intensamente en los rubros correspondientes a: Página web, prensa escrita, televisión, radio, propaganda social, gaceta municipal, relaciones públicas, turismo e INFOMEX, solo por mencionar los de mayor impacto en la sociedad.

Una de las principales actividades de la Dirección de Comunicación Social que se realizaron, es la que se refiere a la difusión de las acciones y logros alcanzados por la actual Administración, muestra de ello son las cerca de 120,000 visitas a la página oficial www.colotlan.gob.mx a la cual se le realizaron actualizaciones prácticamente diario con comunicados e imágenes, nuevas secciones y cambios en su diseño, se contabilizaron hasta la fecha del 31 de octubre del presente: 117,431 visitantes desde enero de 2005; 25,871 visitantes corresponden tan solo en lo que va del año.

El boletín informativo electrónico cambió su modalidad de correos electrónicos masivos a un Blog gratuito, el cual se puso a disposición de los medios de comunicación y la ciudadanía en general a través de la página web oficial y con el fin de poder consultar el material que se genera con las actividades y programas del Gobierno Municipal de una forma más accesible y oportuna según se fueron desarrollando, en este sentido se hicieron 221 boletines informativos, todos acompañados de imágenes referentes al acontecer diario.

La apertura de espacios informativos, entretenidos y culturales en los medios de comunicación de Colotlán es una necesidad en nuestro Municipio, por lo que el derecho del pueblo de ser informado y contar con espacios de comunicación con los cuales poder expresarse no puede ser subestimado.

Así, se pretendió que la misma población, con su participación directa en el diseño y conducción de programas de diversa índole, tuviera una mayor presencia en lo que a la radio se refiere, a través de los cuales se transmiten y difunden pensamientos y el sentir con relación al presente y futuro y sus diversas manifestaciones culturales a la sociedad en general, en tal forma, se llevaron a cabo 31 ediciones especiales, se mantuvo al aire 131 barras de programación y una transmisión continua de 24 horas al día en Radio Plaza.

Esto ha sido posible gracias a la participación de 12 colaboradores voluntarios que de lunes a sábado presentan diferente contenido tanto informativo como musical. De reconocer es el esfuerzo del Sindicato de Músicos de Colotlán que han enriquecido el acervo musical con más de 500 pistas de las diferentes agrupaciones musicales para presentarlas en dos programas transmitidos de lunes a viernes: “Música local” y “Valores de la región”, esto ha hecho que Radio Plaza se consolide como una radio por y para los Colotlenses.

El espacio informativo de “Muy Buenos Días” surgió tras la necesidad de contar con un espacio propio para difundir notas y acontecer de este Gobierno Municipal, a la fecha se han transmitido 120 programas.

Desde el año pasado, el Gobierno Municipal de Colotlán cuenta con un órgano informativo interno llamado “Presidencia Informa”, con un resumen de las notas y fotografías más relevantes de la actividad municipales, en este tercer año de actividades se realizaron 8 ejemplares.

Durante el tiempo de la administración, el titular del Ejecutivo Municipal, así como los funcionarios de esta Administración mantuvieron el contacto directo y permanente con los colotlenses a través de los medios de comunicación, a los cuales, conformados por reporteros, conductores y realizadores de espacios de noticias, se les hace un enorme reconocimiento en lo general y en lo particular por su trabajo y los espacios ofrecidos a esta Presidencia Municipal.

En materia de comunicación social en este tercer año de Gobierno, destaca el cumplimiento del contenido del Plan de Desarrollo Municipal sustentado en el programa “Agenda Desde lo Local” en el cual se cumplieron a cabalidad todos los indicadores en materia de transparencia y acceso a la información.

La cobertura de actividades en la agenda del presidente, a través de la dependencia a mi cargo, se dio en 287 eventos para difundirlos en prensa, radio, televisión e internet, así como se apoyó con 53 plantillas de contenido para promocionar diferentes asuntos en las distintas áreas de esta presidencia.


Gaceta Municipal

En este año se hicieron 3 publicaciones de la Gaceta Municipal con información de las obras y acciones del Gobierno Municipal, se publicaron las más recientes sesiones de ayuntamiento, dando muestra de la transparencia de nuestras acciones y se difundieron los programas de actividades de nuestras celebraciones como la Semana Cultural y las Fiestas Patrias.

Una de estas ediciones fue especial, donde se incluyeron los reglamentos recientemente aprobados por cabildo: Reglamento de Comercio Ambulante para el Municipio de Colotlán, Jalisco – Formato de contrato de prestación de servicios de agua potable, alcantarillado y saneamiento del Municipio de Colotlán, Jalisco y Acuerdo de Ayuntamiento que crea el Órgano Público Descentralizado Municipal, denominado Sistema de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento del Municipio de Colotlán, Jalisco.


Televisión

En este rubro, el Gobierno Municipal transmitió 31 videos con actividades gubernamentales realizadas por esta administración, visitas, reuniones de trabajo y arranque de obras, así como sus respectivas inauguraciones.

Durante este periodo de informe, se cubrieron varias giras de trabajo y se les dio seguimiento a las actividades de la presidenta del DIF Municipal y a 120 giras de funcionarios de las distintas dependencias; además se contabilizaron 33 entrevistas televisivas a funcionarios gubernamentales y se enviaron dos promocionales de televisión relacionados al robo de vehículos.

A través del canal local y del Telecable se difundieron 124 plantillas con información preventiva, de interés, esquelas y comunicados en general.

Quiero hacer un apartado especial para mencionar el tema de la Televisión Abierta, la cual se ha visto envuelta en dificultades técnicas que han impedido su adecuado funcionamiento, a raíz de esto y de no contar con instalaciones propias en alguna parte alta para operar adecuadamente este sistema, se construyó en la Unidad de Manejo Ambiental “Tochopa” una habitación conveniente para este fin. El proyecto presentado al cabildo hace dos años contempla exactamente lo mismo:

6 canales repetidores y uno local. Solo que la transmisión no sería desde el Auditorio Municipal como se planteó sino desde la UMA. Actualmente se tienen los canales 4, 5, 6, 7, 11 y 13 quedando pendientes el transmisor del canal 2 y del canal 9 donde estarán las señales del canal 4 y canal 7 de Guadalajara respectivamente.

De contar con tan solo 4 canales al principio de la administración se sumaron a la barra programática otros 4 canales de televisión abierta:

Canal 2 – 4 TV GDL (nuevo)

Canal 4 – Galavisión

Canal 5 – Canal 5 (en esta administración)

Canal 6 – Local (en esta administración)

Canal 7 – Canal de las estrellas

Canal 9 – C7 GDL (nuevo)

Canal 11 – Azteca 7

Canal 13 – Azteca 13


Radio

Derivado del compromiso por difundir actividades de los gobernantes como en temas de protección civil para la prevención en caso de siniestros o desastres naturales, la entrega de recursos de programas asistenciales y la apertura de más programas sociales, se dieron a conocer 150 comunicados grabados y se intervino en 65 noticias radiofónicas.

Así mismo, se siguió contando con la participación del perifoneo en el cual se hicieron 111 informes de obras, acciones y avisos como lo son: avisos sectoriales, promoción de eventos cívicos y festivos, construcción de obras, cita a reuniones y fomento empresarial.

Contando con la coordinación de la Oficialía Mayor, se realizaron 164 instalaciones de sonido para diversas reuniones, entrega de recursos y festivales en el Auditorio Municipal, en el Centro Social “Tenamaxtle”, la plaza principal y el edificio de la presidencia. Se hicieron llegar 211 agendas de actividades del presidente municipal y otras áreas de la presidencia, DIF municipal y de actividades deportivas.

Con lo anterior, reiteramos el adecuado y permanente lazo informativo y de comunicación con los medios y a su vez con la sociedad, gracias a las estaciones radiofónicas que operan en la región y del Sistema de Cable.


Relaciones Públicas

La representación de Relaciones Públicas dentro de la Dirección de Comunicación Social tiene como principal función establecer un vínculo transparente y objetivo con los medios de comunicación siendo esto principalmente a nivel estatal.

Durante este año se brindaron diversos apoyos a dependencias estatales, municipales y organismos no gubernamentales, ejemplo de ello es la vinculación con el Instituto de Formación para el Trabajo (IDEFT) de la Secretaría de Educación Jalisco gracias al convenio con esta Presidencia Municipal por medio del área de Promoción Económica.

Así pues, se implementaron los diplomados de Servicios de Belleza, inglés 1 y 2, Pintura Textil, Bordado en Tela, Confección Industrial y Diseño de Modas, capacitando de esta manera a nuestra gente para hacerla así cada vez más competitiva en el ámbito laboral.

Buzón de quejas y sugerencias

Este año se recibieron en el buzón de quejas que se ubica en el ingreso al Palacio Municipal, comentarios y sugerencias en 12 documentos anónimos, dirigidos principalmente al área de Participación Social concernientes a denuncias de personas que no debieran recibir el apoyo de Oportunidades, otras más en relación a la Dirección de Seguridad Pública, cuidando en todo momento de que se les diera seguimiento y la importancia que se merece la ciudadanía de preservar su anonimato, todas fueron atendidas favorablemente.


Transparencia de la información

La información gubernamental que solicita la ciudadanía a las dependencias y organismos debe ser confiable, accesible y oportuna. Una actividad destacada en este rubro es que, a mediados de la presente Administración municipal, este municipio se agregó a la red de acceso a la información de INFOMEX, a la cual se han recibido 34 solicitudes en total, 23 solamente este año, incrementando considerablemente en la demanda de información de carácter público y obligatorio para este Gobierno.

De todas las solicitudes solo una no fue contestada en tiempo como las demás, a la cual se presentó un recurso de revisión ante el ITEI por razón de mantenimiento en la página web municipal, a lo cual de inmediato luego de restablecerse se le dio respuesta.

Ha sido un reto difícil manejar la página de INFOMEX porque anteriormente se había diseñado ya un portal de transparencia del cual se recibían las notificaciones de cada información y ahora se tiene que consultar en una plataforma independiente, demorando el tiempo de respuesta y el llenado de los formatos electrónicos, de cualquier manera, se mantiene esta plataforma para cumplir con este requisito que marca el Estado para ser transparentes.




Cerillos de la tienda de Pascual Rodríguez

 Por: José Alonso Serrano Campos Pascual Rodríguez Leaños nació el 9 de diciembre de 1875 en el rancho del Carrizal, municipio de Colotlán, ...