sábado, 7 de enero de 2023

Antigua Capilla de Nuestra Señora de los Dolores

Por: José Alonso Serrano Campos


Como si se tratara de cualquier día ordinario, el viernes 11 de junio de 2004 al medio día, me encontraba dispuesto en mi escritorio de la oficina de comunicación social dentro de la presidencia municipal de Colotlán desarrollando mi jornada de trabajo como director de dicha área, en aquel ayer llegaron a mi encuentro distintos compañeros para realizar una visita de inspección ocular a un lugar hasta ese día totalmente desconocido para un servidor y que cambió considerablemente mi  forma de ver y valorar a mi pueblo.

Pedí a mis colegas del área que fuéramos junto con la historiadora Lucía Vázquez Felgueres, Coordinadora en ese entonces de Eventos Culturales de la Casa de la Cultura y también Presidenta de la muy activa Asociación Cultural del Norte de Jalisco A. C.; a  la cita también fueron el gran artista Ricardo Urista Alvarado, que fungía como Director de la Casa de la Cultura de Colotlán y el escultor Raúl Serrano Arenas, maestro de la misma Casa de la Cultura.

La razón era apoyar en la visita que hizo el arquitecto dictaminador del INAH Héctor Villavicencio Valencia, venía a hacer inspección de una finca propiedad privada de la localidad ubicada en pleno centro y cuyos dueños dieron su permiso para que fuera intervenida, a mi consideración se trata de la finca más antigua y quizá la de mayor valor histórico que tenga en pie nuestro municipio.

Posterior a la visita agradecimos a los dueños y nos retiramos, a finales del mismo mes el arquitecto Villavicencio nos hizo llegar su informe, ese instrumento quedó en resguardo de la autoridad y desconozco si se le dio trámite, pero de lo que estoy seguro es que a pesar de tan relevante edificación para la historia de los colotlenses, nunca se le hizo una buena difusión, por lo tanto, con el debido respeto que me merecen los actuales propietarios, comparto un extracto del mencionado documento con enorme valor histórico:

DATOS DEL INMUEBLE

La Capilla de Nuestra Señora de los Dolores se encuentra ubicado en el Centro Histórico de la localidad de Colotlán, formando parte de un conjunto de valor patrimonial. Por sus características espaciales, estilísticas y las épocas en que fue construido, el inmueble está catalogado como Monumento Histórico por determinación de ley en los términos de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos en su artículo 36: 

Por determinación de ley son monumentos históricos:

I. Los inmuebles construidos en los siglos XVI al XIX, destinados a templos y sus anexos;  arzobispados, obispados y casas curales; seminarios, conventos o cualesquiera otros dedicados a la administración, divulgación, enseñanza o práctica de un culto religioso; así como a la educación y a la enseñanza, a fines asistenciales o benéficos; al servicio y ornato públicos y al uso de las autoridades civiles y militares. Los muebles que se encuentren o se hayan encontrado en dichos inmuebles y las obras civiles relevantes de carácter privado realizadas de los siglos XVI al XIX inclusive.” (Ley Federal …, 1995, p 16)

En lo que se refiere al monumento histórico, se trata de un inmueble inicialmente construido a fines del siglo XVI, con ulteriores ampliaciones o reconstrucciones que datan de los siglos XVII, XVIII y XIX. El tipo de arquitectura corresponde a género religioso.

Uso original: Culto religioso.

Uso actual: El ábside sin uso y la nave y anexos destinados a discoteca (hoy funeraria y sala de velación).

Régimen de propiedad privado, con dos propietarios: la C. María Teresa Martínez Ruvalcaba, propietaria de la nave y anexos, y el C. Carlos de León Orozco quien recientemente había adquirido el presbiterio. Presenta un estado de conservación regular y malo.

La antigua Capilla de Nuestra señora de los Dolores forma parte de un conjunto arquitectónico que corresponde al convento franciscano de Colotlán. El monasterio presumiblemente fundado con anterioridad al año de 1590, estuvo emplazado según refieren las fuentes históricas en la manzana completa delimitada por las actuales calles de Cuauhtémoc al norte, Guerrero al oriente, Morelos al sur, y Niños Héroes al poniente.  

En la actualidad, casi la totalidad de lo que fue el monasterio franciscano ha desaparecido y en su lugar se han construido casas habitación y tiendas. Una mayoría de ellas todavía edificadas con adobe y cantera. (CASA CULTURA COLOTLÁN, 2004)

En el contexto conventual se percibe que las edificaciones que prevalecen son el inmueble que  aloja hoy la funeraria “Aurora” y el ábside, el primero indistintamente usado como banco, tienda de ropa, teatro, cine, discoteca, aunque originalmente fuera la capilla del monasterio franciscano.

No obstante, las constantes demoliciones, aun se conservan algunos elementos estructurales y dependencias de la antigua edificación conventual tales como: muros, arcos, corredores. En las construcciones actuales, circundantes a la Capilla, prevalecen vestigios de elementos estructurales antiguos que han sido reutilizados para construir sobre ellos las nuevas edificaciones, lo anterior se constata con la inspección ocular realizada y registro fotográfico. 

Relatan los estudiosos que la iglesia primitiva, la que erigieron los franciscanos se cayó. Se colapsó porque sus muros eran de fábrica de adobe y techo de paja, los que se reblandecieron con la lluvia abundante que se precipitó, del 30 de octubre al 14 de noviembre de 1803. 

Fue el 12 de noviembre cuando se desplomó, entre otros factores, también contribuyó la existencia de oquedades por debajo de los cimientos que inexorablemente habían socavado las hormigas llamadas arrieras. (CARLOS CASAS-HARO ORTEGA, 1991, pp. 129 y 197.)

Para 1823 nos “Dice Victoriano Roa: La iglesia parroquial de Colotlán está arruinada, y solo quedó una capilla de bóveda muy corta que sirve actualmente de parroquia, hace más de cuarenta años que se empezó a construir una nueva, y si llega a concluirse, será magnífica, según su capacidad y forma que se le ha dado. La capital de este cantón tiene además tres capillas que son: el Hospital, San Nicolás y San Lorenzo”. (Cfr. CARLOS CASAS-HARO ORTEGA, op. cit. p 149). 

La iglesia parroquial nueva a que hace referencia la cita, sin duda es el Templo de San Luis Obispo, iniciado desde el 6 de enero de 1772 y concluido como se conoce hoy día hacia el año de 1862. El 8 de septiembre de ese año, el Sr. Pbro. Don Bacilio Terán bendijo solemnemente la parroquia. Concluida según se percibe con fachada principal en estilo ecléctico, según el diseño del arquitecto José María Martínez. Se dice que el frontispicio original se edificó en estilo barroco a semejanza de la Catedral de Zacatecas, talla en cantería que lamentablemente fue demolida. (CARLOS CASAS-HARO ORTEGA, 1991, p 170).

Dadas las diferentes tipologías arquitectónicas que prevalecen en la edificación del ábside y la nave rasa que además corresponden a épocas diferentes, es probable que la idea original del ábside corresponda a una Capilla Abierta, en función de la numerosa población indígena que habitaba la región.

“En la arquitectura mexicana del siglo XVI, aparece un tipo de capilla distinto a los tradicionales. Son las llamadas Capillas Abiertas o de Indios que, mirando hacia un espacio abierto, el atrio, servían para oficiar la misa ante grandes multitudes, y cobijaban, a veces, bajo techo, a los principales de la región.” (SEPANAL, 1975, p 102). 

También cabe la posibilidad, en función de la advocación mariana, que se trate del camarín de la virgen, si tomamos en cuenta la existencia de un muro tapón en el eje sur del ábside, muro que además de una puerta tiene una ventana al centro.

En todo caso cabe señalar que no obstante que la fundación de Colotlán data de 1591, la colonización y en particular la evangelización en los territorios circundantes a Colotlán, Teúl, Tlaltenango y otras localidades, a posteriori de la Guerra del Mixtón (8 de diciembre de 1541), fueron procesos previos que propiciaron el establecimiento de presidios y conventos. 

Sin duda el ábside data de esta época de pacificación y persuasión a un nuevo credo, actividades en las que participaron las personalidades prominentes de Fray Antonio de Segovia, el padre Nicolás Valdés Huerta y Fray Miguel de Bolonia. 

Es en este escenario en el que cobra relevancia la configuración de la primigenia capilla, con ábside poligonal, gruesos muros de mampostería de piedra, arcos torales y fajones, pechinas, cúpula con lunetos, recia edificación que no sucumbió a las pertinaces lluvias de principios del siglo XIX.

De otra parte, es de suponer que, al término de la lucha por la independencia, ya hubo condiciones para emprender o continuar procesos edificatorios. Así se explica la construcción de los seis entre ejes y el coro que se caracteriza por la simplicidad en la configuración de sus elementos arquitectónicos y la sobriedad en su ornamentación, rasgos distintivos del estilo neoclásico.

Ahora bien, según consta en la oficina de Catastro Municipal de Colotlán, en una escritura registrada en el mes de mayo de mil ochocientos cincuenta y seis, y en la que se vende un lote de lo que fuera el convento franciscano, aledaño a la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, se señala lo siguiente:

‘… El Dr. Don Andrés López de Nava cura propio de esta ciudad, teniendo en consideración que un solar que se encuentra al costado derecho de la capilla de Nuestra Señora de los Dolores de este lugar, perteneciera a la Iglesia, nada le produce, sino al contrario le es oneroso en basura …’  (cfr. CASA CULTURA COLOTLAN, Idem.)


Más adelante señala que la venta del inmueble obedece a la necesidad de obtener recursos para continuar la construcción de la actual iglesia de San Luis Obispo. El inmueble en venta, es parte de lo que fuera el monasterio franciscano, vendido en ese momento como solar con solo dos piezas en buen estado.

Se señala que los linderos son las dos calles, la capilla de Nuestra Señora de los Dolores y los Herederos de don Miguel del Real, al norte. Es decir que para esta fecha algunas partes de lo que constituyó el monasterio, ya había sido vendido o enajenado por particulares. Es probable que la capilla continuara en posesión de la Iglesia, por lo menos hasta ese momento. (Ibidem.)

Los traslados de dominio a que se refieren los párrafos anteriores, sin duda fueron realizados con anterioridad a las Leyes de Reforma de 1859. La Ley de Nacionalización se expidió el 12 de junio de 1859, de esta manera los bienes de las asociaciones religiosas pasaron entonces de pleno derecho a ser del dominio directo del Estado. 

Es de suponer que la venta de las propiedades del clero en Colotlán tenga como precedente la Ley de Desamortización de Fincas Rústicas y Urbanas (junio de 1856) que, no obstante garantizar el precio que se obtuviera por adjudicación de los bienes, causó inconformidad en el clero quien promovió una lucha denominada Guerra de Reforma para evitar que la desamortización se llevara a cabo efectivamente en el país. (DIAZ-BERRIO, 1990, pp. 79-81)

Cabe mencionar que aún se conserva la imagen de Nuestra Señora de los Dolores en uno de los costados de la Iglesia de San Luis Obispo de Colotlán, en algunos escritos antiguos se narra la peregrinación que hizo Basilio Terán para trasladarla de su capilla al lugar que hoy ocupa, por sus características se observa de mayor antiguedad que todas las demás imágenes que tiene la iglesia, por lo que seguramente es la misma imagen de la Capilla.

La Virgen de los Dolores es una advocación de la Virgen María. También es conocida como Virgen de la Amargura, Virgen de la Piedad, Virgen de las Angustias o La Dolorosa. Su fiesta es el 15 de septiembre; su vestidura por lo normal es negra o morada.

La segunda fiesta religiosa a niver nacional, luego de la virgen de Guadalupe, es la del 15 de septiembre, precisamente la de la Virgen de Dolores. Los mexicanos asociamos esta Virgen con el Día de la Independencia. La llamada que comenzó la Guerra de Independencia, el Grito de Dolores, sucedió en la noche del 15 de septiembre de 1810, en la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores de Dolores Hidalgo, Guanajuato durante la misa dedicada a su Santa Patrona, la Virgen de los Dolores.

En Teocaltiche, Jalisco se celebran las fiestas patronales en honor a la Dolorosa, mismas que tienen una duración del 1 al 11 de noviembre, siendo el día 11 la cúspide de la fiesta. En Colotlán pasa prácticamente desapersividas ambas fechas en que se celebra a la Dolorosa.


DESCRIPCION DE LA CAPILLA

Capilla de Nuestra Señora de los Dolores: Conjunto originalmente conformado por una nave rasa, de siete entre-ejes y el ábside. Destaca el ábside construido en el siglo XVI como un “Espacio de planta poligonal, generalmente abovedada, localizado en el extremo de la nave principal de una iglesia y en el que generalmente se sitúa el altar  mayor…” (MEDEL, 1994, p 24). Sobre la planta rectangular del ábside se eleva una cúpula semiesférica desplantada sobre tambor, segmentos de bóveda y pechinas, que contiene cuatro óculos, lucernarios circulares ubicados al nivel del arranque de la cúpula y orientados hacia los cuatro puntos cardinales, en el exterior se perciben cuatro hornacinas a manera de falsos lunetos. Sobre la planta trapezoidal se eleva una bóveda de doble curvatura que en el intradós se configura como un venero. Destacan otros elementos como la hornacina al centro del polígono trapezoidal, la cornisa que sobresale al nivel del salmer de la cúpula, cornisamentos en los muros laterales, vanos tapiados con muro tapón en el eje del arco toral y vestigio de pintura mural.

Adicionado al muro lateral izquierdo de la capilla se prefigura el espacio de lo que fueron los anexos, la sacristía, la cubierta de terrado de una de las dependencias actualmente se ha colapsado. 

La parte de la Capilla construida en el siglo XIX mira hacia el sur y en planta es rectangular y de una sola nave, está dividida en siete tramos o entre-ejes: En el primero se encuentra el coro y el sotocoro, dependencias que han sido modificadas para adecuarlas al uso actual; en el área del sotocoro se han integrado columnas de concreto armado adicionadas a los paramentos de los muros laterales para soportar una trabe sobre la que se apoya el entrepiso del coro construido en bóveda de cuña, esta área ha sido acondicionada para funcionar como vestíbulo de ingreso integrándosele un muro tapón reversible en un eje imaginario al medio del espacio. 

Para acceder al coro se ha integrado una escalera de una rampa, adicionada al muro lateral izquierdo que remata en la trabe del entrepiso, con barandal de hierro y pasamanos de madera con diseño similar al ubicado sobre la trabe. En el área del coro, destinada a los músicos, también se ha colocado un muro tapón reversible con un vano rectangular a manera de boca de escenario, en un eje imaginario inmediato al eje del primer arco fajón; asimismo destaca una ventana que mira hacia la calle Morelos configurada con arco de medio punto apoyado en impostas y soportado por pies derechos de fábrica de mampostería de piedra.

El coro y cuatro de los entre-ejes están cubiertos con bóvedas de arista, sobre planta rectangular, con líneas de clave horizontales y directrices de medio punto (MORENO GARCIA, 1980, 109), sostenidos por arcos
fajones con soportes de impostas y arcos formeros integrados a los muros laterales, las bóvedas están horadadas en su centro por un óculo, abertura circular a manera de lucernarios cenitales, aberturas que sin duda fueron hechas a posteriori de la fábrica original. No se perciben machones al interior de los muros laterales, en cambio al exterior se aprecian contrafuertes esbeltos. Los paramentos interiores de los muros laterales se muestran lisos, sin altares ni ornamentos.

El sexto entre-eje está cubierto con bóvedas de cuña soportadas con vigas metálicas perfil I, apoyadas sobre el quinto arco fajón y/o trabe, los muros laterales y un muro perpendicular a éstos, todos de reciente fábrica. En este tramo se ha integrado un entrepiso, similar al del coro, también resuelto con bóvedas de cuña soportadas con vigas metálicas perfil I, la bóveda extendida con un voladizo sobresale hacia el área del quinto tramo, el entrepiso se apoya sobre una estructura en esqueleto de concreto armado consistente en: una trabe dispuesta en el sentido transversal al eje de la nave soportada por columnas cuadradas de concreto armado adicionadas a los muros laterales, dos trabes adosadas a los muros laterales y el muro perpendicular. Para acceder al entrepiso también se ha integrado una escalera de una rampa, adicionada al muro lateral derecho que remata en el extremo del voladizo, con barandal de hierro y pasamanos de madera con diseño similar al ubicado sobre el extremo de la marquesina.

El séptimo entre-eje no tiene la cubierta original, es de suponer que la cubierta también haya sido demolida. Actualmente parte del espacio es un patio de servicio, en el resto se han construido dependencias destinadas a área de bodegas en planta baja y servicios sanitarios en planta alta.

La actual fachada principal, ha sido objeto de mutilaciones y demoliciones, hoy día imperceptible como elemento de un monumento histórico en el contexto de la calle Morelos, se perfila en dos niveles como un macizo con acabado en aplanado liso que contiene dos vanos, el ingreso rectangular en planta baja y la ventana con arco de medio punto en planta alta. La configuración de la ventana corresponde al diseño original. El muro con espesor menor a un metro es de mampostería de piedra.

El sistema constructivo de la cúpula, tambor, segmentos de bóveda y pechinas son mamposterías de fábrica de piedra, siguen rellenos de hormigón, firmes de mortero y terminado con enladrillado de azotea y aplanados bruñidos en el exterior; aplanados de mortero en el interior. 

El sistema constructivo de las cubiertas correspondientes a las bóvedas de arista son mamposterías de fábricas de ladrillo y/o piedra, sigue relleno de hormigón apisonado y terminado con enladrillado de azotea lechadeado. Los arcos fajones, son aparejos de medio punto construidos de piedra, dovelas y clave de cantería labrada.

El sistema constructivo de las cubiertas y entrepisos correspondientes a las bóvedas de cuña son mamposterías de fábrica de ladrillo rojo recocido, aparejos de arco rebajado soportados por vigas de acero perfil “I” y dispuestos a intervalos regulares. Las estructuras que soportan las bóvedas de cuña son de concreto armado.

Detalle con pintura original

El muro de la fachada principal y los muros laterales de la nave son fábrica de mampostería de piedra, probablemente en combinación con aparejos construidos con ladrillo rojo recocido y adobe. Los muros del ábside poligonal cuyo espesor es mayor de un metro son fábricas de mampostería de piedra aparejada en forma irregulares, los muros tapones fueron construidos en adobe o ladrillo rojo recocido.  Los muros portantes en los anexos y colindancias son predominantemente de fábrica de adobe, revestidos con aplanado de mortero cal-arena. 

Los pisos interiores en las dependencias, son de cerámica vidriada de forma cuadrada, tipo vitropiso o interceramic. En el área del ábside el piso es de ladrillo tipo perón. El piso del patio de servicio es de concreto hidráulico.

En el documento de donde se extrae la información anterior, cuya copia tengo en mi poder,  también contempla el diagnóstico y el dictamen del arquitecto, pero cuyo propósito no es mi intención dar a conocer en este escrito, solo cabe decir que se hace un riguroso análisis de cada una de sus partes y se invita a hacer lo conducente para la restauración y preservación, cuya tarea queda pendiente por parte de quien corresponda para conservar este patrimonio histórico de los colotlenses.

Finalmente, buscando en los archivos de la Parroquia, me encontré con el fallecimiento de Don Félix Márquez de los Olivos y de Gamboa, quedó registrado su deceso como un español, cuyos restos fueron sepultados precisamente en esta capilla, era originario del Sauz de los Márquez, localidad perteneciente a Santa María de los Ángeles, Jalisco. Nació en 1747, dice en el acta que no dejó testamento por ser pobre y murió de cancer, fue sepultado en la Capilla de Nuestra Señora de los Dolores el 9 de junio de 1817. 

Casado que fue con la señora Alvina Romero, sus padres fueron Joseph Antonio Márquez de los Olivos Sánchez y doña Juana Francisca De Gamboa Ortega, ella original del Carrizal. Firmó el presbítero Miguel de León.



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REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:

CARLOS CASAS, Bernardo y Renato HARO ORTEGA:

Historia de Colotlán,

Colotlán, Ed. De los Autores, 1991, 349 p.

CASA DE LA CULTURA DE COLOTLAN

Monasterio Franciscano,

Colotlán, xerox, 2004.

DIAZ-BERRIO, Salvador:

Conservación del Patrimonio Cultural en México,

México, INAH, 1990, 438 p)

INAH:

Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, y su Reglamento,

México, INAH, 1995, 56 p.

www.inah.gob.mx

MEDEL, Vicente:

Diccionario mexicano de arquitectura,

México, Infonavit-Inbursa, 1994, 395 p.

MORENO GARCIA, Francisco:

Arcos y bóvedas,

Barcelona, Ediciones CEAC, 1980, 170 p.

ROA, Victoriano:

Estado Libre de Jalisco,

Guadalajara, Edit. Gob. Del Estado, 1981

SEPANAL:

Vocabulario Arquitectónico Ilustrado,

México, Secretaría del Patrimonio Cultural, 1975, 541 p.


miércoles, 21 de diciembre de 2022

Leyendas de Colotlán - Recopilación

Por: José Alonso Serrano Campos

Colotlán ha tenido en su riqueza oral una serie de historias que pocas personas se han atrevido a escribir, pues parte de esa riqueza es las ligeras variaciones que de boca en boca se han ido perfeccionando, así se narran acontecimientos que explican la realidad de las cosas o que tratan de contar el porqué de nuestro entorno.

Así, recopilo algunas anécdotas dignas de contar, también recopilo algunas breves historias como la leyenda de la llorona que existe por todo México, pero que en Colotlán también se afirma haberse escuchado.

La llorona se dice fue una mujer que perdió a sus hijos y por la noche en varias calles, con tristes lamentos grita: “¡Ay mis hijos!” tratando de dar con ellos, así también la leyenda de las ánimas del purgatorio para evitar por parte de los padres que sus hijos salieran a deshoras de la noche, los personajes que representaban al diablo como perros, cabras, hombres de toda condición social y mujeres en condiciones deplorables, libidinosas o en tragedia, por contar las más sonadas.

Las cuevas o lugares con tesoros enterrados como el Molino de Santa Isabel, la Hacienda del Epazote, la Piedra China o casas antiguas del centro y lugares públicos donde se ven luces, se perciben olores o desaparece la gente que entra.

El cerro de Santiago ha sido parte de leyendas como esa de que era un volcán y que, si se arroja un sombrero en lo más alto, este tiende a subir por ciertas emanaciones de su interior, también que esconde tesoros desde la época de la colonia o que en sus faldas hubo un accidente de una avioneta que hizo acudir a cientos de colotlenses en su búsqueda.

Existen producciones de audios con altísima calidad de leyendas de Colotlán que comparto en este link:

 https://soundcloud.com/xellif/sets/leyendas-de-mi-pueblo-colotlan

También un importante aporte del gran artista Ricardo Urista Alvarado, que en 2016 publicó el libro "Puros Cuentos" con historias contadas por la gente de aquellos años antes de la llegada de los medios de comunicación y que la gente se tomaba el tiempo para platicar en la calle, para al finalizar despedirse y expresar la frase: “puros cuentos”:

https://sc.jalisco.gob.mx/sites/sc.jalisco.gob.mx/files/puros_cuentos_web.pdf

Adjunto la recopilación de las historias más representativas de la riqueza oral de nuestro pueblo:


Leyenda de La Piedra China

Se cuenta que hace mucho tiempo vivió por el rumbo de la piedra china una mujer, exactamente no se sabe, pero se cree que vivía del otro lado del río. Se la describía como hermosa, bien proporcionada, de mirada y sonrisa cautivante. Sumado a lo anterior, la caracterizaba su alegría y gusto por los bailes. Dicha mujer tenía dos hijos pequeños, a quienes con frecuencia dejaba solos para asistir a todo tipo de fiestas, kermeses y bailes.

En una ocasión que salió para asistir a uno, la sorprendió una fuerte tormenta que le impidió regresar aquella noche, esto aunado a la crecida del agua que dio el caudal del río. A medida que avanzaba la noche, comenzó a preocuparse por la suerte de sus hijos, pero nada pudo hacer, el río había crecido tanto, que era imposible cruzarlo. Hubo de esperarse hasta el día siguiente. Se cuenta que la mujer ambulaba de un lado a otro con el rostro ensombrecido, por la angustia de no saber de sus hijos. Al llegar a casa, cual fue su sorpresa al ver que sus hijos habían sido tragados por los cerdos.

Se dice que al contemplar aquella escena enloqueció. Después desapareció. Se le llego a ver como sombra, casi como un fantasma por el rumbo en busca de sus hijos. También se dice haberla escuchado gemir lastimosamente, siempre balbuceando el nombre de sus pequeños. La versión popular establece que, al ver tal escena, la mujer se petrificó, es decir, se convirtió en una piedra. El castigo de esta mujer por haber dejado solos a sus hijos fue que quedó convertida en esa piedra de la esquina entre las calles Nicolás Bravo y Josefa Ortiz, la que hoy conocemos como identificación del mismo barrio “La Piedra China” y que permanece enterrada desde hace mucho tiempo en ese lugar.

Los vecinos del barrio tienen el entendido que el origen de esta piedra es que los que vivían en esa casa la clavaron, otra versión cuenta que ahí pasaba la corriente del río y la piedra llegó rodando hasta ese sitio, la profundidad es considerable pues cuando los trabajadores del ayuntamiento arreglaron las banquetas pensaron sacarla y volverla enterrar, los vecinos se opusieron rotundamente; también se cree que debajo de ella se esconde un gran tesoro que nadie hasta la fecha ha podido encontrar.


Leyenda de San Nicolás

Se dice que, en la cueva del Meco ubicada en el cerro de San Nicolás, fue encontrada una imagen de San Nicolás Tolentino. 
Cuentan que un niño la encontró mientras acompañaba a su padre en busca de leña. En ese momento este niño se convertiría en el “mensajero”, pues la imagen se comunicó para pedirle dijera al párroco se le construyera un templo en Colotlán. 
Luego de confirmar que aquella era imagen reconocida por la iglesia se accedió a la construcción de un templo en su honor. 
Traída la imagen y puesta en su lugar destinado sucedía que un día después no estaba, desaparecía inexplicablemente. Ocurrió este incidente repetidas veces, la lógica popular indicó que quizá debería traerse bajo ciertas condiciones. 
Justo cerca de la cueva se hallaba un tronco ahuecado, cuyo golpeteo con algunos palitos dejaba escuchar un ritmo peculiar. A este se le llamo toncontín y se dedujo que tal vez al santo le gustaba la música y el baile. Fue hasta entonces que a ritmo del mencionado instrumento rústico y bailando trajeron la imagen, donde permanece hasta nuestros días.

Este santo es más identificado en Colotlán que incluso el Santo Patrono de Colotlán, San Luis Obispo, celebrado el 19 de agosto, a este santo se le tiene mayor fervor, mayor identificación.


La cueva de la Novia

En el cerro de San Nicolás hay una cueva que se dice hace mucho tiempo una pareja estaba a punto de casarse, cuando llegó un hombre a caballo y, pistola en mano, se “robó” a la novia.

Se dice que el hombre se llevó a la novia a vivir a esa cueva ubicada en pleno cerro, donde estuvieron viviendo un tiempo. Al paso del tiempo, dice la leyenda, la novia y el hombre que se la robó desaparecieron de la cueva. Nadie sabe qué pasó con ellos. No se supo si el hombre mató a la novia o si se fueron de la zona.

Algunos dicen que posiblemente la mujer murió en la cueva donde estuvo cautiva, porque después que la pareja desapareció, empezó a aparecerse un fantasma de una mujer vestida de novia. Dicen que hasta hace unos años el vestido de la novia permanecía en el lugar, pero un vecino de San Nicolás que constantemente veía al fantasma lo quemó.


Los músicos colotlenses que fueron a tocar al infierno

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo a principios del siglo pasado, había un grupo de músicos que se ganaban la vida tocando en las cantinas, complaciendo a los parroquianos, entonces ellos estaban en sus interpretaciones para mantener a sus familias y así se iban rolando de cantina en cantina, estos cuatro líricos aficionados ya habían recorrido el barrio alto, la piedra china, zaragoza y algunos otros donde había cantinas, cargando sus pesados instrumentos: tocaban con un tololoche, un arpa, una guitarra y un violín. Como no encontraron quien quisiera contratarlos estaban desesperados y necesitaban llevar el sustento a casa.

Uno de ellos dijo: “Si el diablo me pidiera que le fuera a tocar al infierno, por una buena paga, yo aceptaría con mucho gusto”, a lo que los demás asintieron comprensivos. dicen que no pasó mucho tiempo en que se presentó ante ellos un distinguido caballero vestido de negro con sombrero de ala ancha, a la sombra de la noche no dejaba ver su rostro, pero los contrató para que fueran a tocar a un baile muy exclusivo, con invitados especiales y elegante recepción. Pronto ellos aceptaron por una buena paga y el único requisito era que les iban a tapar los ojos para llevarlos, no les importó y hasta ligeros se les hicieron los instrumentos al cargarlos.

Con el pretexto de que era gente muy importante, no querían que ellos se dieran cuenta por dónde pasarían, así fue, los subieron a un vehículo y cuando ellos llegaron al lugar donde iban a tocar se les hizo un poco retirado, pero no les importó.

Entraron a un gran salón muy elegante, con muchas luces, gente bien vestida y poco les llamó la atención que empezaron a ver gente conocida, “Oye, que esa señora tan bailadora no es la que prestaba dinero y que se quedó con propiedades y casas, y el que está en aquel rincón tomando su vino ¿no es Don Gonzalo?”, - “No, no, estas viendo visiones, si ya se murió ¿qué andaría haciendo aquí bailando?”. Así empezaron a reconocer a más personas, se les figuraban a más personas conocidas, pero no les importó, estaban más ilusionados por la paga que otra cosa.

Tocaron toda la noche, les dieron de tomar, de cenar, todos muy contentos; así pasó la noche y ya para terminar el baile los despidieron, el mismo hombre elegante les pagó con monedas de oro de aquel tiempo y les dijo a los músicos: “Ustedes se van a tener que regresar como puedan”, cada uno traía en sus bolsas comida y dentro de los instrumentos la recompensa en oro, encantados de la vida salieron de ahí y no les importó “Nosotros nos vamos caminando, ahí nos va a amanecer en el camino y vemos dónde estamos y de ahí nos ubicamos para regresarnos” dijeron.

Al salir los atacó un fuerte ventarrón, como remolinos de tierra que no los dejaba ver nada, estaba todavía muy oscuro, por lo que se fueron a refugiar junto a unos árboles, pasar la noche para esperar el amanecer, dormir un rato y ya irse. Se acostaron los cuatro y se quedaron dormidos, al amanecer empiezan a despertar y a ver que no estaban tan lejos del pueblo. Les pareció extraño que les dieran tanta vuelta, “Se nos hizo muy largo el trayecto y aquí estamos, bajando el cerro está Colotlán” “qué bueno, vámonos”.

Agarran sus instrumentos y ya no los sienten tan pesados, solamente había tierra en sus interiores, abren sus bolsas y al vaciarlas salen horribles alimañas del infierno: sapos, culebras, alacranes, arañas… esa había sido la paga. 

Se dieron cuenta que realmente habían estado en el infierno, fueron a tocar por andar invocando al diablo. “¡Por eso tanta gente conocida!” dijeron. Se arrepintieron, rezaron y se regresaron muy asustados a sus casas.


El charro negro (versión de Colotlán)

Hace muchos años, cuando las calles de Colotlán eran empedradas y apenas se alumbraban con faroles de aceite, los pobladores acostumbraban a contar una historia que aún pone la piel de gallina; la del "charro negro", un misterioso jinete que aparece en los caminos solitarios durante la noche.

Se dice que, cuando cae la oscuridad, en el camino que conduce al panteón o rumbo al barrio de la Piedra China, se escucha el galope de un caballo poderoso. Quien se atreve a mirar ve venir a lo lejos la figura de un hombre alto, vestido con un traje de charro completamente negro, adornado con botones de plata que brillan con la luna. Monta un caballo también negro, de mirada roja y resoplido fuerte, como si saliera fuego de sus narices.

El charro negro se acerca con elegancia y saluda amablemente al caminante. Su voz es profunda y educada:

- Buenas noches... ¿hacia dónde va, amigo?

Si la persona contesta con cortesía y sigue su camino sin aceptar nada, el charro se despide y se aleja entre la neblina. Pero si alguien se muestra ambicioso o curioso, el charro le ofrece una bolsa de monedas de oro y dice:

- Llévese esto, es para usted.

Quienes han caído en la tentación y han aceptado el oro, cuentan que al llegar a casa las monedas se convierten en carbones encendidos o huesos humanos. Otros jamás regresaron para contarlo, pues se dice que el charro negro se los lleva montados en su caballo hacia el infierno.

Algunos ancianos del pueblo aseguran haberlo visto pasar por las noches silenciosas del centro, frente al templo de San Nicolás Tolentino o por el puente del río Colotlán. Dicen que cuando galopa, no se oyen cascos de caballo, sino ruido de cadenas arrastrándose.

Por eso, hasta el día de hoy, en Colotlán se aconseja no andar solo después de la medianoche y nunca aceptar regalos de extraños vestidos de negro. Porque puede ser el charro negro, el alma en pena de un hombre que vendió su alma al diablo y ahora vaga por los caminos buscando compañía para su eterno castigo.


El jinete sin cabeza

Hace muchos años en Soyatitlán, barrio de Colotlán, un señor muy rico de nombre Juan Márquez, dueño de huertas y haciendas, tenía una hija muy guapa de nombre Rebeca y uno de los muchos peones del hacendado, de nombre Rogelio Vázquez, se atrevió a fijar su mirada en ella, enamorándose de la muchacha, y ella ante su insistencia y galanteos terminó por corresponderle.

Encontraron los enamorados la forma de verse a escondidas por muchos meses, ante la certeza de la prohibición del padre. Hasta que un día el peón envalentonado con unos tragos de mezcal, se atrevió a pedir la mano de la hermosa doncella y el hacendado burlándose de sus pretensiones, le dijo que no, que él era muy poca cosa para su hija y le prohibió terminantemente volver a verla y en el acto le despidió del trabajo. Para ello tomó sus providencias y la muchacha ni en sus sueños volvió a estar sola. El enamorado se impacientaba ante la cerrazón de los muros y la lejanía de su amada.

La pobre joven después de varios meses de llantos y tristezas, por no poder ver ni de lejos a su enamorado y ante la firme voluntad de su padre de no permitir sus amoríos, se metió de monja en un convento que por aquel entonces se ubicaba frente a la plaza, en los que hoy es el predio conocido como “El Campanario”. Como el peón no cejaba en su intento de entrevistarse con la muchacha, un día en que el hacendado lo encontró rondando los muros del convento, se encorajino tanto que lo mando matar con uno de sus trabajadores. Esa noche cuando al pasar el peón montado en su caballo por una finca en ruinas, sobre el Callejón de las Pilas, un filoso machete que surgió como un relámpago entre las penumbras corto de un solo tajo la cabeza de Rogelio y desde entonces el muchacho se aparece con frecuencia en ese paraje en busca de don Juan Márquez para cobrar su venganza.

Dicen quienes lo han visto que, en las noches más oscuras, un jinete sin cabeza recorre como una exhalación la calle de las Pilas buscando… Quizás venganza, quizás su cabeza, o probablemente la doncella. Otros piensan que es tan solo algún incrédulo que no cree en fantasmas y aparecidos.


La viejita de San Lorenzo

En Colotlán, no hace tanto, allá por el año 2000 corrieron los rumores que una viejita se aparecía en el templo de San Lorenzo, la gente de ese barrio y los que tenían que pasar por ese lugar en la noche iban temerosos de que en cualquier momento se les apareciera

La señora Elisa lozano de Sánchez de 75 años, que vive por la calle Santa Isabel, muy cerca del templo de San Lorenzo, platica que cuando alguno de sus hijos se tardaba en llegar a la casa en la noche, ella acostumbraba a ir a asomarse al lado del templo para ver si andaba por allí entretenido o se paraba en la esquina de las calles Allende y Mina para ver si lo veía llegar.

En una ocasión que eran como las 12:00 de la noche ella estaba parada en esa esquina, cuando pasó un niño como de 12 años y la miró asustado y bajó corriendo por esa calle, antes de llegar a la otra esquina volteó para atrás y al ver que ella todavía estaba allí se agarró el sombrerito que llevaba puesto y aceleró la carrera.

Enseguida la mujer volteó por la curiosidad de qué era lo que había visto el niño para que se fuera tan despavorido y entonces vio a una mujer de tez blanca y físico algo transparente tras de ella, la que al momento le dijo carcajeándose: “Yo siempre estoy aquí”, al instante la señora Elisa dio media vuelta y como pudo se alejó del lugar, sin embargo, no pudo detenerse de voltear a ver si la viejita seguía allí y en efecto ya había desaparecido sin dejar rastro alguno.


Leyenda del Catrín de San Nicolás

Según versiones de varios habitantes de Colotlán, se dice que hace algunos años y otros afirman que hoy en día, cuentan coincidentemente que ya entrada la noche han visto salir un catrín del atrio del templo de San Nicolás, donde hay varias tumbas de más de 100 años de antigüedad.

Dicho catrín ataviado de traje negro, bombín y paraguas del mismo color, camina por Basilio Terán rumbo al templo de San Luis Obispo; si en su trayecto se topa con alguien, de forma reverencial saluda con una voz gruesa y vibrante diciendo: “Buenas noches caballeros”, sigue su trayecto caminando erguido y dicen los que lo han saludado de cerca que no se le ven facciones de su rostro y otros dicen que figura una calavera con la piel seca pegada al rostro.

Los que se han querido quitar la duda de quién es, han tenido la osadía de seguirlo y llegando a la puerta principal de San Luis, la cual por la hora avanzada de la noche se encuentra cerrada, desaparece. 

¿Quiere usted confirmarlo? Espere a la medianoche en la esquina de la calle Nicolás Bravo y Basilio Terán y sabrá qué hay de cierto en ello.


Cerro de la Campana

Para el rumbo de la comunidad de Mesa de Flores, cuando se va bajando a Mesa de Guadalupe se alcanza a ver, hay un cerro que los pobladores lo llaman “de la campana”, cuentan que en sus faldas durante la época de Cuaresma se abre una iglesia, en ese lugar se llegaron a celebrar misas, cuentan que clarito se escucha el repicar de una campana que llama a misa y para atender el llamado las personas llegan a ese lugar. Cuando entran parece que permanecen solo un breve momento pero en realidad pueden pasar muchos años, para cuando vuelven se dan cuenta que han pasado muchísimos días.


La Cueva del Huichol

En la orilla del rancho de Casallanta para bajar a la barranca, existe una pequeña cueva donde la gente cuenta que se aparece un huichol, acompañado de una mula de buen porte que supuestamente traía un tesoro que dejó guardado en el interior de la cavidad.

En esa cueva dicen quedó enterrado el tesoro que el mismo huichol llevaba a esconder y que se aparece cuando pasa la gente para querer dárselo. La cueva existe en una de las bajadas hacia donde estaban muchas huertas en aquellos años, era un camino muy transitado por los locales, pero no a todos se les aparecía el indígena.

Desde hace ya muchos años la han escarbado por distintos puntos, cabe recordar que esas tierras eran parte de una gran hacienda de gente rica y se desconoce si hubo o ya se lo llevaron, pero lo que la leyenda cuenta es que, si el huichol vuelve a aparecer, ahí estará todavía ese tesoro.


El alacrán del cerro de San Nicolás

Por el Doctor: José Alejandro Morales Rodríguez

No existe evidencia científica del por qué en Colotlán existen tantos alacranes –incluso de las especies más venenosas del planeta–; y cuando la ciencia no explica algo, siempre habrá una leyenda que cubra este hueco.

Dado que los wixaritari son el principal grupo originario del norte de Jalisco, una leyenda wixárika podría contestar esta pregunta. Un gran mara’akame, José Luis Díaz (mejor conocido como “La Cuchara”), de la localidad de Los Lobos, en el municipio de Mezquitic, así me la enseñó:

“Hace muchos, muchos años, cuando el mundo nació, nacieron también todas las especies de plantas y animales que lo habitan. Los dioses colocaron a las plantas donde mejor vivirían, pero les dijeron a los animales que ellos deberían buscar dónde vivir. Así, todos los animales recorrieron el mundo hasta encontrar el mejor lugar para asentarse. Algunos lo encontraron pronto, pero otros, no.

El que más se tardó fue un alacrán pues, aunque encontraba un lugar de clima perfecto, no era el adecuado por la cantidad de agua; o si la humedad era idónea, los rayos solares no llegaban como deseaba. Otras especies de alacranes que lo acompañaban se quedaron en otros lugares, aunque no fueran los mejores, pero uno en particular, prefirió seguir buscando a lo largo y ancho del planeta.

Nadie sabe cuánto tiempo tardó este alacrán; algunos dicen que miles de años, yo creo que hasta millones. Su esfuerzo dio resultado, y un buen día, y ya casi decepcionado, llegó a un lugar con el clima semiseco, con zonas planas y accidentadas, vegetación boscosa y todas las características que harían de ese lugar un sitio insuperable para asentarse él y ver a su familia crecer.

Cuando sintió el final de sus días, y sintiéndose orgulloso por ver a su familia multiplicarse y disfrutar de ese paraíso que pudo encontrar con tanto esfuerzo, no quiso ocultar la ubicación del mismo, sino que decidió compartirla para que otras especies de alacranes, que se quedaron en otros lugares, pudieran gozar de ella. Así, decidió inmortalizarse en este lugar”.

“Tú, ahora, puedes ver bien dónde se quedó. Cuando estés en Colotlán, dirige tu mirada al oriente, hacia el que llaman el Cerro de San Nicolás; verás que, desde el cielo, se observa bien que el Padre Alacrán se quedó petrificado en este lugar, y por eso en Colotlán hay muchos alacranes”.


El caballo que corre por la calle Centenario

Cuentan los vecinos de la calle Centenario que por los años de 1944 - 1945 se llevaban a cabo los famosos rodeos, precisamente en esa calle, porque su piso era de tierra. Ahí terminaba Colotlán, días antes del rodeo se construía con vigas de madera, tanto el toril como el coleadero, y frente al Templo de San Lorenzo, que en ese tiempo no estaba circulado el atrio, se construía el corral de donde salían los toros corriendo para ser coleados.

Enseguida empezaban las barreras de vigas a lo largo de las calles Zaragoza, Cuauhtémoc, Morelos, hasta la calle Independencia, estas se colocaban en la orilla de la banqueta y se amarraban a unos postes que eran colocados a determinada distancia; eran hileras de cuatro o cinco vigas de madera, separadas unas de otras. En las boca-calles la barrera de viga era doble.

Los toros salían del corral y corrían de norte a sur para ser coleados, cuando se acababan los toros en el toril eran llevados a otro corral, y así sucesivamente todo el día, esta fiesta se llevaba a cabo en los meses de septiembre y octubre, empezaba como a las 11 de la mañana y terminaba hasta las 7 de la noche.

Las personas que vivían a lo largo de la calle Centenario, podían ver el rodeo desde las azoteas de sus casas, en ocasiones invitaban a familiares y amigos a disfrutar de esta fiesta charra.

En esta fiesta se corren riesgos, suceden accidentes, algunos trágicos, como el del señor Jesús del Real, quien al caerse de su caballo se desnucó, perdiendo la vida instantáneamente.

Cuentan las personas mayores y algunos jóvenes, que desde entonces se escuchan los cascos de un caballo que corre por la calle Centenario y su sonido se pierde en la lejanía. Algunos curiosos al oír el galope del caballo, se han asomado a la calle para ver si lo ven, pero no logran ver nada, solo escuchan el sonido que pasa por el frente de sus casas. Cuentan que esto sucede en la madrugada entre las 2 y 3 de la mañana.


El Curro de la Trinidad

Este suceso ocurrió hace ya muchos años en el rancho "la trinidad", que entonces era propiedad de la Señorita Leopoldina Felgueres Suarez. Era de madrugada y Don Aurelio que trabajaba de vaquero y Doña Inés su esposa tenían planeado ir a Colotlán.

Se levantaron y comenzaron a arreglarse, Doña Inés se fue al corral para ayudar a Don Aurelio con el burro y el caballo que los llevarían al pueblo. El caballo era bronco y por las noches lo amarraban para que no se saliera del corral. Cuando llegó se dio cuenta de que el caballo casi estaba desamarrado y entonces le gritó a Don Aurelio. iiiAurelioooo, Aureliooo!!! Ven pronto, el caballo se está desamarrando. A lo lejos vio la figura de un hombre que se acercaba lentamente, como estaba oscuro no alcanzaba a distinguir bien al que creía era su esposo. Solo de lejos distinguía una figura vestida de una forma que no correspondía a Don Aurelio, conforme se acercaba pudo ver que vestía traje y sombrero negro, se le hizo raro y volvió a gritarle, ¡¡¡Date prisa Aurelio, el caballo se me va a salir del corral!!!

En ese momento Don Aurelio le contestó, estaba detrás de ella: ¡Qué dices mujer, qué tanto gritas? no me dejas terminar de arreglar los avíos que nos vamos a llevar, doña Inés le preguntó: ¿de dónde vienes? te acabo de ver cruzando el patio con un sombrero muy raro y ahora me sales por otro lado... ¿me quieres asustar o qué?

Don Aurelio le pregunta: ¿ya lo viste tú también? - ¿A quién? le contesta Doña Inés, ¡al Curro vestido de negro y con sombrero de copa alta! le dice él, yo lo he visto muchas veces, pero no te lo quería decir.

Doña Inés muy asustada le contestó: hay Aurelio ha de ser un ánima en pena, vamos a rezar por él. Y contaban que lo siguieron viendo caminando por el patio y por el corredor durante mucho tiempo.


Los muertos de las casas

Se cuentan historias sobre estas casas, se dice que la mayoría de las casas antiguas están encantadas, algunas de ellas tienen de visitantes a varios ángeles, que muchas veces se dejan ver, otras están llenas de espíritus malignos que rondan por el mundo, y otras son habitadas por sus antiguos dueños que no desean que nadie ocupe su espacio.

se recomienda que hay que tener mucho cuidado cuando se compra una casa antigua, de ser necesario antes de habitarla hay que bendecirla y hacer una limpieza de espíritus, porque estos seres pueden hacernos la vida imposible, no les gusta que nadie invada su paz.

En prácticamente todas las ciudades y pueblos del mundo existe una casa que es señalada por los habitantes del lugar. En general, se relatan casos de muebles que se cambian de lugar, apariciones fantasmales, ruidos extraños y hasta voces de ultratumba.

En Colotlán también tenemos nuestras casas mágicas, como: la casa de la familia Raygoza Pacheco, hoy Casa Enlace del Ayuntamiento. La señora Tere Raygoza Aldana nos cuenta que su tío, el Sr. Cuco Raygoza (que en paz descanse) era una persona muy culta y escéptica para creer en este tipo de fenómenos. Sin embargo, aseguraba que en varias ocasiones vio a una viejita que salía de una de las habitaciones, caminaba por el corredor de la casa y se desaparecía en una esquina o entraba a otra habitación. En otras ocasiones la veía cruzar el patio y perderse por la puerta falsa, la que lleva al corral. Comenta la señora Tere que su tío Cuco nunca quiso investigar nada acerca de tal aparición, pero muy seguido les comentaba ¡¡¡Hoy la volví a ver!!!


Leyenda de la llorona 

La llorona es quizá una de las leyendas más antiguas y conocidas en México, y extendida al resto de América Latina. Desde luego tiene tantas versiones como se puedan imaginar: hay quienes afirman que era la antigua diosa azteca Cihuacóati, otra versión indica que pudo haber sido la célebre Malinche o Doña Marina, hay otros, sin embargo, que la ubican como una mujer de gran belleza que existió durante la época del México colonial.

En Colotlán este relato lo contaban los padres a los hijos menores y así fue pasando de generación en generación hasta nuestros días. El horario adecuado para hacerlo era por la noche, cuando la obscuridad servía de cómplice para que tuviera mayor efecto en la mente de los pequeños.

Pero ¿quién es esta misteriosa y al mismo tiempo aterradora mujer?

Aunque el origen varía, a grandes rasgos La Llorona es el alma en pena de una hermosa mujer vestida de blanco, que todas las noches vaga por las calles o a las orillas de los ríos, lamentándose por la pérdida de sus hijos, su belleza ejerce una gran atracción en todos los hombres y sus gemidos y lamentos aterrorizan a todo el que la escucha.

Es muy posible que esta leyenda haya tenido su origen en la antigua cultura azteca, donde se creía en las Cihuateteo, que no eran otra cosa más que los espíritus de las mujeres muertas durante el parto y a quienes se les honraba por haber perdido la batalla que representaba el dar a luz; Es muy común que las Cihuateteo estén e profundamente relacionadas con la diosa Cihuacóati (a quién ya hemos mencionado) quién, dentro de la mitología azteca, fue la primera mujer en dar a luz y por lo tanto se convirtió en la diosa protectora de los partos y de las mujeres que morían al parir.

Otra versión dice que la Llorona se refiere a una diosa Mexica: La Cihuacóatl que era la protectora de los partos y madre de Mixcóatl al que abandonó. La tradición dice que siempre regresa a buscar a su hijo, pero en su lugar encuentra un cuchillo de sacrificios. Entre las muchas señales que hubo antes de la llegada de los españoles, se dice que en la gran Tenochtitlán se escuchaba el lamento de la Cihuacóatl que lloraba por sus hijos, los Mexicas, pues iban a ser destruidos.

Quizá esta leyenda fue más adelante adoptada por los españoles durante la Colonia.


La verdadera leyenda de la llorona, y que así sucedió

Durante los primeros años del México Colonial existió una mujer indígena de gran belleza que se enamoró locamente de un español y con quien tuvo tres hijos. A pesar de ello este caballero nunca la desposó y sólo la visitaba en limitadas ocasiones; años más tarde, por así convenirle a sus intereses el español contrajo nupcias con una mujer española. Cuando la mujer indígena se enteró de la traición, enloqueció de rabia y celos a tal grado que asesinó a sus tres hijos ahogándolos en un río, al darse cuenta de lo que había hecho, llena de un gran dolor se suicidó también. Desde entonces, su alma no ha tenido descanso y todas las noches vaga por las calles solitarias o cerca de los ríos, buscando a sus hijos y llorando por su muerte, lanzando gritos y gemidos capaces de horrorizar a todo el que la escuche. Todavía hoy, si se presta un poco de atención, durante algunas noches es posible escuchar su terrible lamento "Ay mis hijos" que repite desde que los asesinó; hay incluso quienes afirman haberse sentido atraídos por la visión de una hermosa mujer solitaria vestida de blanco caminando en medio de la noche.

Cuentan que hace muchos años una familia, la señora su esposo y sus tres hijos, de repente un día desaparecieron, en realidad no sabemos lo que les sucedió, la casa donde vivían lleva muchos años abandonada. Hace algunos años decían que la llorona se escuchaba por esos rumbos, también se ha dicho que la llorona se aparece solo a algunas personas. Se dice que, si se le escucha cerca, es que se encuentra muy lejos... pero si la escuchas lejos... es que está detrás de Ti...

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Seguramente faltarán historias por contar o correcciones que hacer... seguiré actualizando con mucha dedicación este blog.


Encontraron cuerpo de una mujer en el rio Colotlán - año de 1817

El lamentable suceso de aquella época, sacado de los libros de entierros, bautizos y matrimonios de la Parroquia de Colotlán dan cuenta de lo siguiente:

María Rafaela Cortes Flores fue encontrada muerta el 4 de septiembre de 1817 en la curva que hace el río en el barrio de Acaponeta, atada con una soga en el cuello y otra en los pies.

Acta de entierros del libro de la Parroquia de Colotlán: "Septiembre de 1817"

En el margen: "María Rafaela Cortés, India Adulta de Tochopa hallado su cadáver en el rio en Acaponeta una soga en la garganta otra en los pies."

"En el pueblo de Colotlán, en cuatro de septiembre de mil ochocientos diez y siete, yo el párroco Don Ignacio Suarez, di sepultura en el cementerio de esta parroquia a María Rafaela Cortés, India Adulta de Tochopa, casada que fue con Luciano Lamas, fue hallado su cuerpo en la vuelta que da el río en Acaponeta, con una soga al cuello y otra con que está atada de los pies, la trajeron al zaguán de las Casas Reales en donde en la mucha gente que se conmovió a la novedad fue conocida y por que conste lo firmé."

"Ignacio Suarez."


Esta señora del barrio de Tochopa, de origen indio, fue esposa del también indio y vecino de ella, Josse Luciano de la Trinidad Lamas Ruiz, quien nació en el año de 1783 en el mismo barrio, ambos estuvieron casados en primeras nupcias el 20 de febrero de 1810 en la iglesia de San Luis de Colotlán.

Los padres de ella fueron Marcelo Cortes y la señora María Anselma Flores también indígenes y vecinos del barrio de Tochopa que correspondía en aquel entonces a la iglesia de San Lorenzo, sus suegros fueron José Marcelino de Lamas y María Ysabel Ruiz, todos de Tochopa (cabe aclarar que así se le donominada a todo el cuartel que correspondía a esa zona, de lo que hoy es la calle Zaragoza hacia el norte).

Tuvieron una hija llamada María Rafaela Lamas Cortes el 14 de octubre de 1811, bautizada diez días después de su nacimiento en la misma iglesia de San Luis de Colotlán, aún no logramos determinar por los registros qué fue de ella posteriormente.

Al cabo de esa tragedia del 4 de septiembre, el sacerdote Ignacio Suarez dejó su registro en los libros de la parroquia; sin embargo, el 26 de diciembre del mismo año, a tres meses y veinticinco días de enviudar, Luciano de la Trinidad contrajo matrimonio por segunda vez con María Corona Simona Pérez, esta también viuda de Julián de la Cruz Godina, quien había muerto dieciocho años atrás y fue sepultado en la capilla de San Lorenzo de esta cabecera.

La tragedia para aquel tiempo tuvo que ser impactante para la población que se hizo cita en una de las casas donde se hacía valer la autoridad de aquella época pues hablamos que a penas se había consolidado la independencia de México y el revuelo era grande.


martes, 20 de diciembre de 2022

Las Cofradías de Colotlán durante más de 200 años

Por: José Alonso Serrano Campos
Las Cofradías en la Nueva España datan del siglo XVI al XIX, en Europa desde el siglo III, eran organizaciones que gozaron los pueblos, constituían agrupaciones de personas cuyo número era indeterminado, procedentes generalmente de un grupo étnico o racial dedicado “al alivio de los indios y a la precisa asistencia y manutención de los ministros de su doctrina” y eran regidas canónicamente.

En ellas los miembros encontraban seguridad espiritual y beneficencia social, de ahí quizá el origen etimológico de la palabra cofradía que se deriva del latín “cum” con y “frater” hermano, es decir: “con el hermano”.  Se ayudaba a los enfermos pobres, cuidaban a los ancianos necesitados, atendían a los niños huérfanos, hospedaban peregrinos y financiaban la sepultura cuando un compañero moría.

Los agremiados elegían a un santo como patrono de su devoción y erigían una cofradía. La labor de cristianización estaba a cargo de los religiosos franciscanos, dominicos y agustinos, para evangelizar y fomentar la práctica del culto cristiano.

El incremento de las cofradías en México (Nueva España) se dio después del año 1600, había adquirido un poder económico muy fuerte, como una verdadera institución de crédito, pues prestaba dinero, hipotecaba casas, fincas y tierras, era dueña de grandes extensiones de tierras y ganado.

La cofradía solo recibía como socios a personas de una determinada ocupación y excluía a las de otra; es decir, solo podían pertenecer a ella miembros de un mismo grupo artesanal, estamentos étnicos o de pureza de sangre: españoles, criollos, castas, negros e indios.

El indio a través de la cofradía, sería más partícipe de algunos ritos cristianos, como las procesiones y los festejos que se realizaban en honor al santo titular, a simple vista las cofradías se formaban con tres objetivos: veneración a un santo, ayuda a los cofrades y auxilio a otras personas.


Los cofrades, junto al cura, constituían los derechos y obligaciones entre los miembros, por votación se designaba a un rector, un mayordomo o hermano mayor y tres o más diputados. El rector era el cura, inspirando respeto y obediencia; el mayordomo recogía limosnas, mensualidades y llevaba el control administrativo de gastos e ingresos. Los diputados eran los dedicados al culto divino, como los adornos del altar o de la capilla, eran cambiados anualmente, aunque podían ser reelectos.

Contaban con un arca donde se guardarían las limosnas y libros de asentamiento, constitución y administración de la cofradía y que dicha arca debía tener tres llaves, una del rector, otra del mayordomo y la tercera por uno de los diputados, lo que los hacía responsables del control administrativo.

Una de las obligaciones era la “limosna” de ingreso, una anual y otras mensuales o semanales, eran en realidad cuotas que los cofrades pagaban, su monto variaba y dependía del estatus económico de sus miembros, en aquellos tiempos iban desde medio hasta dos reales.

Hasta el siglo XIX la cofradía se mantenía fiel a su tradición de ayudar a la práctica religiosa y a proporcionar auxilio material no solo a sus agremiados sino a la comunidad, el inventario del libro de las Cofradías contenía todos los bienes que acreditaban, fincas rústicas, huertas, ganado, yuntas, dinero, productos agrícolas y se asentaban los gastos para dejar claro los réditos, las deudas y en algunos casos el desfalco, robo o pérdidas.

En 1794 según el censo del arzobispado de México se encontraban cientos de cofradías, al principio eran sostenidas por cuotas de sus socios, luego por el producto de la tierra, legaron bienes, casas y más propiedades; en términos legales la iglesia no aparecía como dueña.

La revolución de Independencia no destruyó en lo absoluto la estructura, fue hasta con la Ley Lerdo de 1856 que la estructura de la cofradía se modificó, pues los liberales querían que cada ciudadano se convirtiera en pequeño propietario con iniciativa individual.

Fue hasta con las reformas de Benito Juárez promulgadas como Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos del 12 de julio de 1859 que se les quitó el papel comunal y solo persistió su aspecto sacramental, muchas cofradías desaparecieron con todo y mayordomo… y sus bienes.

Cofradías en Colotlán


Dicha organización cumplió múltiples funciones al interior de la sociedad colotlense durante por lo menos doscientos años. organizó las fiestas religiosas, el trabajo comunitario, el crédito y una buena parte de la producción y distribución agrícola.

La drástica disminución de la natalidad entre los indios se acentuó con el ascenso demográfico de los españoles y criollos, lo cual propició que la “cura de almas” dejara de estar al cuidado de los franciscanos, y que se hiciera cargo de ella el clero diocesano o secular desde 1754. dos años después, San Francisco de Huejucar fue elevada al rango de vicaría fija o ayuda de parroquia, título que poseería luego Santa María de los Ángeles en 1758.

El número de cofradías en la Parroquia de Colotlán, era de once. Cuatro de ellas en la cabecera: la del Santísimo Sacramento, la Santísima Trinidad, la Purísima Concepción y Nuestra Señora de los Dolores; dos en Huejúcar, la del Santísimo Sacramento y la Purísima Concepción; en Santa María de los Ángeles tres: Santísimo Sacramento, de las Benditas Ánimas y de la Purísima Concepción. En Tlalcosahua, la de San Diego, y en Santiago Tlatelolco una, de la Purísima Concepción. El patrimonio de siete de las cofradías estaba compuesto de cabezas de ganado; dos combinaban la agricultura y la ganadería; una era de ganado y aportaciones de maíz en especie y otra más de capital, impuesto a rédito entre los terratenientes y pequeños propietarios.

Del 18 al 23 de abril de 1776 estuvo en Colotlán Fray Antonio Alcalde y del 10 al 12 de marzo de 1799 Juan Ruiz de Cabañas, ambos distinguidos personajes de los jaliscienses estuvieron en este lugar del Curato de la Parroquia de San Luis de Colotlán en tiempos del señor cura Victoriano Palafox Lozano, quien rindió su primer informe con corte al año de 1777, en la rendición de cuentas ante la distinguida presencia del sumo representante de la iglesia en la Nueva España, así mismo le tocó la segunda rendición en 1799 con el obispo sucesor.

Auxiliaban al párroco dos jóvenes ministros oriundos de la zona: el señor presbítero don Tadeo Suárez Escobedo, de Villanueva, donde nació en 1771 y ordenado desde 1794, de apenas veintiocho años de edad y cinco de ministerio; el otro, era el señor presbítero don José Norberto Pérez Borrallo de Santa María de Mecatabasco, nacido en 1769 y ordenado en 1792. De acuerdo con los datos del censo parroquial, los habitantes de Colotlán y su comarca, incluyendo Santa María de los Ángeles y Huejúcar, haciendas, pueblos y ranchos, sumaban ocho mil doscientas nueve almas.

Los resultados que encontró el obispo Cabañas a la luz de la escritura de fundación de la cofradía y la última visita realizada por el obispo Fray Antonio alcalde el 19 de abril de 1776 fueron los siguientes:

Las cofradías en la cabecera parroquial.

La de la Santísima Trinidad, que en sus orígenes había sido la más acaudalada, en la visita anterior reportó 878 reses de fierro y 206 bestias caballares y mulares, pero el día de la visita solo contaba con 544 reses y 68 caballares y mulares.

La del Santísimo Sacramento, fue la segunda en importancia. De sus actividades religiosas sabemos que la función que se le hacía a San Luís el primero de agosto en la tarde. El ganado de esta cofradía había sido en la visita anterior de 741 reses de fierro arriba y 281 bestias caballares y mulares. El día de la última visita contaba con 320 vacas y toros de cinco a siete años, 16 bueyes y 121 caballares y mulares, un descenso notable sin aparente justificación.

La de la Purísima Concepción, era la cofradía del barrio de Tlaxcala. En la visita anterior reportó 127 reses de fierro arriba, 71 bestias caballares y mulares y 41 cabezas de ganado menor. Al día de la última visita tenía 74 reses de fierro arriba, 16 bueyes y dos yeguas rejegas.

La de Nuestra Señora de los Dolores, fue la única compuesta por españoles y criollos, administraba dinero en efectivo y funcionó como banco de crédito para los agricultores de origen hispano que comenzaron la explotación de las ricas tierras de labranza y horticultura en la zona de Tlaltenango y en las fecundas labores de las huertas, vergeles que surtirían de frutas y legumbres la zona durante muchos años.

El capital inicial de esta cofradía era de 2,759.50 pesos. Desde su fundación sus gastos habían sido mínimos, consumiendo solo 174.75 pesos, sin embargo, al día de la última visita la existencia en caja era de apenas 250.75 pesos, el saldo de 2,584. 25 se encontraba prestado a las siguientes personas:

Sobre tierras de las huertas a Francisco y Benito de León, doscientos pesos cada uno; Gregorio Ortega, Rita de León y Antonio Gutiérrez 100 pesos cada uno.

Pedro Espinosa 80.

Bernardo Antonio Meléndez 75.

Manuel Enríquez 70.

Bartolomé y José Ignacio de León, Eligio Vela y Domingo Espinoza 50 c/u.

Martín Villareal 30.

Vicente Mijares, Pedro José de León, María Trinidad Madera 25 c/u.

Anselmo de Ortega y Hermenegildo de Nava. 20 c/u.

Don Miguel del Real en los ranchos de las Tapias y de la Torre tenía prestados 825 y 414 respectivamente.

Antonio Rojas en el ojo de agua debía 300 pesos.

En el puesto del Sauz, Luis Márquez debía 200 pesos.

En San José, diego Flores 200.

Gregorio Saldaña en el Carrizal 100 y Gregorio Córdoba 20.

En las tierras de Villalobos en la feligresía de Tlaltenango, Patricio López 300 pesos. 

Sumaba el total de los principales 3,604 pesos de aquella época.

Dentro de los gastos realizados por estas cofradías se señalan el aceite, cera y ornamentos de la parroquia, se agregó un registro detallado de las personas que reconocen el adeudo a la cofradía por 3,604 pesos, antes mencionados, acompañado de vales depositados en la administración. 

Las Cofradías eran el sostén de las parroquias y capillas, así como de obras caritativas hasta 1865, en las parroquias de la diócesis habría a partir de entonces nada más sus tesorerías internas.

Fuente: Periódico Mi Pueblo.

lunes, 19 de diciembre de 2022

Libros antiguos de Colotlán digitalizados


Por: José Alonso Serrano Campos

Colotlán, Jal. Los libros que durante años registraron los hechos trascendentes de la vida de los colotlenses están siendo nuevamente evocados para su buena conservación, esto a razón del mantenimiento que se le hace a la actual Notaría Parroquial

Con el uso de las nuevas tecnologías se puedan digitalizar para su consulta, algunos ya están consumados, tanto el ámbito de la iglesia como del registro civil, otros tantos a penas se pretende digitalizar pero la ciudadanía no lo sabe aún.

La iglesia de Colotlán conserva libros que fueron utilizados desde mediados del siglo XVII aunque los más antiguos digitalizados son del año 1718 y así sucesivamente fueron plasmados en imágenes hasta el libro de 1961, en los que respecta a registros de bautismos de hijos legítimos, confirmaciones, entierros, información matrimonial y propiamente matrimonios.

Del registro civil se tienen digitalizados libros desde sus inicios en 1873 con las defunciones y matrimonios de la época y de nacimientos se han puesto en formato digital desde 1874 hasta la época de los 80 del siglo pasado.

Existen también dos interesantes padrones donde se registraron a la población en 1855 por parte del curato de Colotlán, que incluye a Huejucar, Santa María y todas las comunidades de la región y el censo de población de 1930 por el gobierno federal que también se encuentra en formato digital.

Son microfilmes que fueron tomados en todo México entre la década de los 60 y hasta la década de los 80, propiamente en Colotlán fueron filmados en 1961 y en 2020 esos rollos fueron digitalizados, están conservados en excelente calidad y la resolución de los mismos es óptima para la visualización en pantallas digitales.

Fue un proyecto internacional financiado por la Iglesia de los Santos de los Últimos Días con sede en Salt Lake City, ellos microfilmaron los archivos durante las décadas antes mencionadas, en muchos lugares se conservan copias de los microfilmes, pero ya casi no hay máquinas que los puedan leer, lo cual no hace falta porque hoy en día todo lo microfilmado ya está disponible en la página de su iglesia.

El primer libro digitalizado hace referencia a la Jurisdicción del Pueblo de Colotlán en el año de 1718 y lista las comunidades y su distancia en leguas respecto a la cabecera, 24 comunidades que abarcaban desde Asqueltan, Temastían, Tlalcosahua y distintos pueblos que hoy siguen existiendo.

En su primer registro se lee: En este pueblo de San Luis de Colotlán en cuatro de noviembre de mil setecientos y diez y ocho… luego aparecen muchas abreviaturas de cargos claricales que hacen referencia a los sacerdotes que llegaron, venidos de Durango y Zacatecas, se entiende un vicario y juez del Real Mathías de Liezza de Pinos, firmó el libro el presbítero Miguel Prieto, algunas palabras están en latín.

El primer entierro registrado fue de una mujer llamada Magdalena de la Cruz, india de Tlaxcala, el cinco de diciembre de 1718, en la parroquia de San Luis de Colotlán, mujer viuda, recibió los santos sacramentos a la edad de 50 años. En la misma hoja se comparten los registros de los primeros registrados: mestizos y españoles que murieron en Totatiche y una comunidad vecina llamada la Cementera.

Por parte de los bautizos, el registro comenzó igual que las defunciones, sin embargo el libro dice tomo 2, ojalá exista en físico el tomo 1 pero es de dudar pues en las imágenes comienzan con las fechas a finales de 1718 con el tomo 2 registrando a María de los Santos, India del barrio de Tlaxcala, el día de la fecha es ilegible del mes de noviembre del año mil setecientos y diez y ocho, hija legítima de Joseph Hernandez y de María de los Santos, padrinos: Nicolás García y Antonia García, indios de los del barrio de Tlaxcala, firmó el presbítero Francisco de Robles. En esa primera hoja del libro comparte registro con más indios de Soyatitán y mismo Tlaxcala. 

Uno de los libros más interesantes consta de tres tomos, se hizo en 1855 con el registro de la población de aquella época, dividida en tres cuarteles: Barrio de Sollatitán (así escrito), barrio de Tlascala (como centro de la ciudad) y el barrio de Tochopa.

En ese tiempo constaba Colotlán de 780 familias registradas y 3359 habitantes, también se registró extramuros de la ciudad, pertenecientes a los barrios en que estaba dividida con un total de 893 familias y una población total de 3799 personas.

En ese entonces la comunidad de Santiago tenía 512 personas, María de la Torre 431, San Francisco 32, Refugio 20, solo por mencionar algunos. Dentro del libro se detalla el número de familia, los nombres, el estado civil, la edad, a qué se dedicaban y el número de habitante.

También vienen a detalle los datos de Huejucar, Santa María y sus pequeñas comunidades aledañas.

Registros digitales de los libros del registro civil:
Registros digitales de los libros de la iglesia de Colotlán:


sábado, 26 de noviembre de 2022

INICIO DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA EN ESTA REGIÓN

Por: Profr. Luis Barragán, Cronista del municipio de Monte Escobedo, Zacatecas.


El gobierno del Gral. Porfirio Díaz (Presidente de México), se había prolongado por más de 30 años y ya tenía tiempo de manifestarse en el pueblo de México un intenso malestar.

En este estado de cosas, surge un candidato a la Presidencia de la República: el señor Francisco I. Madero, quien representa al Partido Constitucional Progresista. Al ver el viejo dictador Díaz, que el señor Madero contaba con una gran simpatía del pueblo y estaba emprendiendo una campaña fuerte, lo mando aprehender y es hecho prisionero en la ciudad de San Luis Potosí, de donde con la ayuda de sus partidarios logró huir, (trasladándose a los Estados Unidos) y desde ese país y basándose en un plan que él elaboró (en su estancia en la cárcel potosina), se proclamó en contra de la tiranía porfirista invitando al pueblo de México a levantarse en armas en contra del gobierno. Este levantamiento debería iniciar del 20 al 30 de noviembre de 1910.

El gobierno conociendo este plan trató por todos los medios a su alcance de desprestigiarlo, tratando de desanimar a los mexicanos para que no emprendieran este gran movimiento social, e inició feroz persecución a sus partidarios siendo los hermanos Serdán las primeras víctimas.

En nuestra región se tardó un poco en saberse estas noticias (sobre el movimiento Maderista), pero en la ciudad de Jerez empezaron a notarse los primeros brotes Maderistas, ya que al grito de “Viva Madero” fue asaltada la prisión matando al centinela.

En Monte Escobedo el populacho se empezó a sentir envalentando al saber que por la sierra merodeaba el campesino Isabel Tovar que, aunque originario de la hacienda de Abrego, traía gente de los ranchos del norte del municipio en apoyo al movimiento de Madero. Se le empezó a perder el miedo a la autoridad y es así como el campesino Pedro Sánchez alias “la Loba”, andaba escandalizando, al ser llamado al orden por el presidente municipal Don J. Refugio Rodríguez; en lugar de atender a la autoridad, lo agredió con su cuchillo, por lo que el presidente se vio obligado a dispararle.

El coronel Don Luis Moya encabezando un movimiento de consideración salió de Santa Rosalía el 2 de febrero de 1911 y se internó en la región de Mezquitic, desde Donde al frente de 300 hombres exigió la rendición de la plaza de Monte Escobedo; las autoridades no tenían elementos capaces para hacerle resistencia, y es así como entraron los primeros revolucionarios a este pueblo. El coronel Moya demostró un gran respeto a la ciudadanía no permitiendo a sus hombres cometer desmanes. 

De Monte Escobedo los revolucionarios siguieron para Atolinga. Don Santos Bañuelos (originario del rancho de Pastoría de este municipio), se une al grupo y acompaña a Moya hasta Sombrerete, en donde éste último pierde la vida en un combate. De ahí en compañía de Don Pánfilo Natera se van a Nieves, a seguir impulsando el movimiento maderista que ya a nivel nacional era incontrolable.

Se hicieron elecciones para designar nuevo presidente de la república, resultando electo el Sr. Francisco I. Madero, quien al desempeñar el cargo se tardó en cumplir las promesas de campaña, surgiendo nuevamente las protestas ciudadanas, se rebelaron contra su gobierno los generales Emiliano Zapata (en el sur), Pascual Orozco y Benjamín Argumedo (en el Norte); permanecieron fieles a Madero el General Francisco Villa y con él Don Santos y Don Félix Bañuelos.

En el año de 1913 vino el cuartelazo de la ciudadela que culminó con la muerte de Madero y el vicepresidente Pino Suárez, tan luego se supo esta fatal noticia en Monte Escobedo comenzó otra vez el sobresalto y la inseguridad.

La mañana del día 14 de mayo de 1913, se escuchó un fuerte escándalo acompañado de tiros de fusil, era que en la acera oriente de la plaza, frente a la tienda de Don Fortino González se encontraba Don Cruz Vázquez del Mercado, Don José Ma. Castro, Don Teófilo Díaz, Filomeno del Real y otros (aproximadamente 25), todos bien armados, en buenos caballos gritando a favor de la causa maderista, nombraron presidente municipal a Don Cruz Briones. De aquí se fueron a Camotlán a reunirse con la gente de Don Félix Bañuelos para de ahí dirigirse a Nieves a reunirse con la división del centro que mandaba el general Pánfilo Natera.

En el municipio de Monte Escobedo se organizaron las personas más pudientes económicamente, en defensas sociales, con el propósito de auxiliarse mutuamente en caso de ser atacados por los revolucionarios, pero cuando se presentaron los generales Bañuelos y Ávila, el pueblo los recibió con júbilo y los de las defensas no intentaron impedir nada.

En el mes de abril de 1914, Don Santos, Don Félix, los Ávila y Domínguez atacaron la ciudad de Colotlán, Jalisco; defendido por los generales huertistas Cheché Campos y Benjamín Argumedo, causándoles graves destrozos e incendiando varias casas.

En mayo de 1914, Don Venustiano Carranza (jefe máximo de la Revolución) ordenó a las fuerzas de los hermanos Arrieta de Durango, que junto con Natera, los Bañuelos y Ávila tomaran la cuidad de Zacatecas, que estaba defendida por el General Luis Medina Barrón al mando de 9000 soldados del ejército federal.

Hicieron varios intentos, pero no pudieron apoderarse de la plaza y es entonces cuando Villa, sin órdenes de Carranza, avanzó sobre Zacatecas y todos juntos el día 23 de junio de 1914, tomaron, saquearon y destruyeron la ciudad dando el golpe mortal al ejército de victoriano Huerta.

Después de derrotado Huerta, surgen serias rivalidades entre los dos jefes Carranza y Villa dando como resultado que muchos jefes revolucionarios también se dividieran, tomando unos el bando de Carranza y otros perteneciendo fieles al General Villa.

En Monte Escobedo, 1916, corrió el rumor de que fuerzas villistas se acercaban a la población que estaba defendida por el General Carrancista Francisco G. De Santiago, quien optó por esperarlos atrincherado en la hacienda de Santa Teresa. Después de 4 días de intentos, los villistas tuvieron que retirarse en franca derrota.

En esta región, como en otras tres, hubo una serie de derrotas. Los villistas quedaron dispersos, cometiendo atropellos para su subsistencia y es así como el 12 de agosto de 1917, el jefe de armas de María de la Torre, Don Alejandro Sánchez recibió un recado en el que la defensa de Laguna Grande le pedía auxilio, pues se encontraba amagada. La defensa de María de la Torre compuesta por 10 hombres se fue a prestar dicho auxilio y en el potrero de San Miguel los esperaba una tropa bien armada que se les presentó

como carrancista y después de algunas pláticas y compartir alimentos fueron sorprendidos los integrantes de la defensa y pasados a cuchillo; encerrando los cadáveres en una tapia.

Este acto causó honda consternación en los habitantes de María de la Torre, los cabecillas del grupo villista fueron Tomas Domínguez y Abraham Cano. Estos son parte de los hechos que, como consecuencia de la revolución, acontecieron en nuestro municipio.

Cerillos de la tienda de Pascual Rodríguez

 Por: José Alonso Serrano Campos Pascual Rodríguez Leaños nació el 9 de diciembre de 1875 en el rancho del Carrizal, municipio de Colotlán, ...