domingo, 12 de julio de 2026

Centenario de la cristiada

Viva cristo rey, sangre y corazón de un pueblo

En el marco del centenario que estamos celebrando a partir de junio, sobre el inicio del acontecimiento “la cristiada”, vale la pena hacer algunas puntualizaciones, recordando que sucedió en el gobierno de Calles y se prolongó hasta 1929. Tratando de enmarcar diferentes perspectivas para el análisis: como conflicto armado, como guerra entre gobierno revolucionario e iglesia católica y finalmente, cómo persecución religiosa que generó el martirio de varios sacerdotes y laicos. No se trata de hacer una simple narrativa de este hecho, sino más bien de hacer una interpretación y asimilarlo con sentido crítico.

Antecedentes:

La Constitución de 1917 en la que varios artículos manifiestan una legislación restrictiva sobre todo en 5 artículos:

Artículo 3, que establece la educación laica.

Artículo 5, que prohíbe el establecimiento de órdenes Monacales.

Artículo 24, restringe los templos a domicilio privado.

Artículo 27, los bienes inmuebles de la Iglesia pasan a ser propiedad de la nación.

Artículo 120, Otorga a los poderes federales la facultad de reglamentar en materia de culto religioso y elimina la personalidad jurídica de las organizaciones confesionales. 

Además, por si fuera poco, se decreta la creación de la Iglesia católica Apostólica mexicana, nombrando un Papa mexicano queriendo propiciar un cisma. La promulgación de la ley calles, que marca también la prohibición a sacerdotes extranjeros para que oficien ceremonias coma la prohibición de culto en los exteriores, la prohibición de escuelas católicas y el impedimento para que los ministros religiosos participen y opinen sobre la política nacional.

Al mismo tiempo sucede el atentado de la antigua Basílica de Guadalupe en el que se intentó destruir la imagen de la Virgen de Guadalupe en 1921. Por lo tanto, la Constitución de 1917, la ley Calles y el atentado de la Basílica, hicieron estallar y orillar a la Iglesia a defenderse, ya que todos estos hechos se vieron como un atropello a la libertad religiosa.

La actitud de la Iglesia.

Para protestar, lo primero que se hizo, fue suspender todas las actividades religiosas, pidiendo que los artículos antirreligiosos de la Constitución fueran reformados.

Se organiza la Liga Nacional de Defensa religiosa para mantener presente en toda la República una lucha, pronunciándose contra algunos artículos de la Constitución, pidiendo la revocación de dichos artículos, pues amenazan la libertad de creencia. Además, se propuso paralizar la economía, para obligar al Estado a atender sus demandas, también se reunieron 2 millones de firmas, para proponer una reforma constitucional.

Sacrificio

El pueblo se sintió agraviado en su fe y por lo tanto, desafía a un gobierno de hierro y a un ejército que lo aventaja en todos los terrenos menos en uno, el de sacrificio, pues estaba dispuesta a luchar hasta las últimas consecuencias.

La Iglesia perseguida, violentada, trató de defenderse armadamente, pues se habían agotado todos los recursos legales y pacíficos, no quedando de otra más que luchar de forma armada; Esto se realizó en varios de los Estados de Jalisco, Querétaro, Nayarit, Colima, Michoacán, San Luis Potosí, Zacatecas, Ciudad de México y Yucatán. Esta lucha especialmente la impulsaron los campesinos que se fueron uniendo y proclamando ¡Viva Cristo Rey y Viva Santa María de Guadalupe! A estos campesinos se les empezó a denominar cristeros y su lucha se le denominó la cristiada, la lucha de campesinos humildes apoyada por algunas mujeres entusiastas y valientes que se unieron por la defensa de la fe.

La cristiana dejó una huella profunda en la vida pública mexicana y el testimonio, el martirio de muchos sacerdotes y laicos que fueron sacrificados injustamente. El testimonio de los mártires de la cristiada generó un aumento de vocaciones. Por citar un ejemplo, el martes San Cristóbal Magallanes Jara, ejecutado o martirizado en Colotlán, Jalisco el 25 de mayo de 1927 a los 58 años. De la familia Magallanes Jara surgieron 30 sacerdotes, mataron 1 y salieron 30 pues la sangre de un mártir es fecunda.

En este contexto de la cristiada, debido a la persecución, la formación de los sacerdotes llevada a cabo en los seminarios se vio afectada. Los seminarios tuvieron que vagar de un lugar a otro dificultándose una formación académica, sin embargo, la formación fue más a partir de la vida más experiencial y evangélica. El futuro sacerdote tuvo que formarse en la reciedumbre, en el sacrificio, en la valentía y sobre todo en la capacidad de dar testimonio de ser mártir, es decir, saber dar la vida por Cristo.

Para terminar, vale la pena decir que la cristiada vista desde la perspectiva del martirio de varios sacerdotes y laicos cristianos, es un mensaje de fidelidad a Cristo y a su iglesia. Es un mensaje elocuente y significativo para las generaciones de hoy. Es importante que el sacrificio de estos sacerdotes y laicos sean conocidos para que su ejemplo nos estimule.

Ojalá que hoy sepamos descubrir el valor de este testimonio.

Que el próximo centenario sea la gran oportunidad de entender mejor esta historia de persecución y martirio, reflexionando y renovando nuestro compromiso de dar testimonio y la vida por Cristo. El centenario de la cristiada merece agradecimiento a Dios por el testimonio que dieron nuestros mártires, que también hoy nosotros como ellos sepamos proclamar, gritar: ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!

Colaboración de Pbro. Humberto Jara

Revista Pastores del Seminario de Zacatecas. Edición 148

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