jueves, 2 de abril de 2026

La vida cotidiana de Colotlán en 1790 por Félix María Callejas

José Rojas Galván en su texto "Vivir en la región norte de la Intendencia de Guadalajara a finales del siglo XVIII. Un análisis de la vida cotidiana a través del informe de Félix María Callejas" destaca sobre Colotlán lo siguiente:


Cuando Calleja finalmente arribó al gobierno de las fronteras de Colotlán (a finales del siglo XVIII), creyó necesario informar al virrey de una serie de noticias que seguramente le transmitieron informantes locales o bien, documentos que localizó y revisó en los archivos de Colotlán, y que a su parecer eran importantes ser tomadas en cuenta y así lo manifestó:

de la frontera de Colotlán no hay más noticias en sus archivos que la de estar ya formado el presidio de Colotlán, en el año de mil quinientos noventa y tres, y estableció algunos indios que de Tlaxcala vinieron a poblarla, y servir de barrera a los de nación Chichimeca —estos pobladores, los nuevos conquistadores y cuantos vecinos se han establecido y establecen ella, han gozado, y gozan desde entonces el fuero militar no han pagado tributo—. El gobierno se compone en el día de veinte y seis pueblos, y los habitan once mil cuatrocientas cuarenta y cuatro personas de ambos sexos, y todas edades.

Al llegar a Colotlán, el teniente general de gobernador de las fronteras se puso a las órdenes del capitán Calleja, pues así lo había dispuesto el virrey Revillagigedo. La estancia de Calleja en dicha población fue más prolongada que todas las anteriores, pues al ser cabecera de las fronteras, seguramente tuvo más asuntos que tratar, sobre el poblado de Colotlán, en particular, describió que: 

el lugar tiene una hermosa situación limitada por pequeñas montañas, por el que pasa un rio que viene de Jerez, con bastante cantidad de agua; le habitan mil doscientas cincuenta y cuatro personas comprendidos sus dos barrios Soyatitan y Tochopa, poseen diez y ocho leguas y media cuadra de terreno, diez de panllevar, seis y media de pastos, y las dos restantes de serranía estéril; sin embargo, no tienen plantío de ninguna especie, siembran muy poco, no existe ganado de ninguna especie, buena parte de sus habitantes se emplean en transportar víveres al Real de Bolaños y en trabajar en su minas; el pueblo está Bien ordenado sus calles a cordel, sus casas regularmente trazadas aunque dispersas, y algunas vacías, la parroquia regular y muy bueno su ornamento; cada uno de los dos barrios, tiene su iglesia particular, decente, y en buen estado, hay empezada, y bastante adelantada una muy grande y demasiada costosa iglesia, construcción de piedra que hace cinco años suspendió su obra por falta de dinero, la antigua iglesia podría aprovecharse en hacer de ella granero practico, y escuela de primera letras, pues ni uno, ni otro hay en el pueblo; la casa del gobernador es grande, y de regular fabrica, pero esta próxima en ruinas. El cura habita el que era convento de religiosos Franciscanos, grande y de regular fabrica, pero casi inhabitable por ruinosa33 […] esta despoblación se conoce desde el año de ochenta y seis y a seguido sin intervención la miseria.

Lo manifestado por Calleja deja ver claramente la condición de miseria por la que atravesaba el pueblo de Colotlán, pues a pesar de contar con tierras de buena calidad, los lugareños no los aprovechaban por qué no contaban con suficiente semilla para sembrar, ya que ese año, 1790, consumieron prácticamente todo lo cosechado, como consecuencia de la crisis agrícola de los años anteriores cuando se perdieron las cosechas casi en su totalidad.

La propuesta de Calleja de establecer una alhóndiga en el lugar seguramente tenía como finalidad evitar la escasez de granos para el consumo humano durante las épocas de crisis, pero también destacó la necesidad de establecer una escuela de primeras letras para los niños de Colotlán, quienes no conocían instrucción alguna. No obstante, hasta el momento no existen datos que corroboren si se construyó el almacén de granos en la antigua iglesia, pero podemos inferir que por las propias condiciones del momento fue un asunto que quedó pendiente. En cambio, existe información suficiente para afirmar que no se construyó la escuela, pues posteriormente se informó que no existían fondos suficientes de la comunidad para contratar maestros. Así pues, no es difícil imaginar el estado que presentaba el poblado: casas abandonadas, edificios civiles y religiosos deteriorados, calles en mal estado, puentes caídos, personas enfermas y en la miseria total.

El pueblo de Ostoc perteneciente al mismo gobierno de Colotlán, lo encontró prácticamente en la misma situación de miseria y abandono, pero “lo principal ha sido: el justo temor a los muchos alacranes que allí se crían, la actividad del veneno se ha vigorizado a un punto que se hace incurable su picadura”. En consecuencia, el pueblo de Ostoc debió ser abandonado por los muchos estragos que los alacranes ocasionaron, lo mismo ocurrió en el poblado Camotlán donde sus habitantes huyeron por el mismo temor.

Dicho estado de deterioro lo reportó, también, para otros pueblos de la región, tal fue el caso de Juchipila, Jerez y Fresnillo, donde sus pobladores eran rancheros y tenían graves problemas por “habérseles muerto muchos de sus ganados, y los que les quedan están sumamente deteriorados”.


Reseña de Juan Campos García, de la placa ubicada en Centenario e Independencia

Por: José Alonso Serrano Campos

Juan Francisco Campos García, fue registrado como mestizo en Mezquitic, Jalisco al día siguiente que nació, vino a este mundo el 16 de mayo de 1904, sus padres fueron Juan Francisco Campos y Francisca García, ambos originario y vecinos del mismo Mezquitic, jefatura de Colotlán en ese entonces.

Juan Francisco se casó con Julia Cosío Álvarez en 1927, ella era empleada federal y tuvieron a su único hijo J. Jesús Campos Cosío en 1928.

A las 7 de la tarde del 25 de febrero de 1940 en la calle Independencia, esquina con la calle del Centenario perdió la vida producto de las heridas producidas por arma de fuego, así lo certificó el doctor José León Oropeza, Jefe del Centro de Higiene Rural en Colotlán.

La viuda, Julia Cosío se volvió a casar en Mezquitic en el año 1947 con Francisco Hernández Robles, ambos viudos para ese entonces. Su hijo Jesús Campos se casó también en Mezquitic con Agripina de la Torre Robles.

De ninguno hubo registro que volvieran a Colotlán, sin embargo, quedó para la posteridad la placa que hoy sobrevive en el muro de la finca justo en la esquina de tan importante cruce de las calles Independencia y Centenario.







La vida cotidiana de Colotlán en 1790 por Félix María Callejas

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